LA COSTUMBRE DEL PODER: México se transformó

 Gregorio Ortega Molina 14 de diciembre de 2017 – 00:12 CE


*Así como se esfuerzan en consolidar el salto cualitativo en materia económica, este país necesita la reforma del Estado, en la manera de gobernarnos, para, de una vez por todas, construir el andamiaje constitucional y legal que evite estos lastres que se han convertido en fueros y privilegios para unos cuantos

En la vida, pero especialmente cuando en la actividad política se toman decisiones y se pretende promover a un personaje destinado al poder, toda precipitación conduce a error.

     En esta ocasión correspondió a Luis Videgaray Caso, cuando el diplodestape durante el que decidió equiparar a José Antonio Meade con Plutarco Elías Calles, que si bien fue constructor de instituciones, también diseñó y administró con mano férrea el maximato. Una síntesis de lo mejor y peor de México, pero hoy nos pesa, a todos los mexicanos, el modelo de gobierno diseñado por el Jefe Máximo y perfeccionado por Lázaro Cárdenas del Río, al sumar las atribuciones metaconstitucionales al presidente de México en funciones.

     Actualmente ese poder diseñado y construido para servir al Estado es casi inoperante, pues los mismos presidentes de la República se encargaron de disminuirlo, al desprenderse de la fuerza que la dieron los activos económicos, y al transformar al modelo de desarrollo de la Revolución en uno de libre mercado y globalidad, cuya principal exigencia fue desaparecer los pilares o correas de transmisión que dieron sustento al poder priista, pues los sectores obrero, popular y campesino son fantasmas que recibieron a José Antonio Meade, pero no pudieron hacer ninguna demostración de fuerza ni unidad.

La reforma al artículo 27 constitucional convierte en un sinsentido a los hombres del campo, en los términos que fueron fuente de votos, presencia y poder político; al haber transformado el artículo 123 en outsourcing y al minimizar al movimiento obrero, dejaron vacío al Congreso del Trabajo, y al darse el corrimiento en los factores de poder, cuando la familia revolucionaria y los empresarios nacionalistas ceden su lugar a los poderes fácticos, las organizaciones populares adquieren la dimensión de una entelequia.

     Si el modelo de desarrollo al que se aspira es moderno, actual y globalizador, la ausencia de transición, el temor a la reforma del Estado y a sustituir el sistema de gobierno que precisamente perfeccionó Plutarco Elías Calles, propicia corrupción, inercias en la inseguridad jurídica y violencia, lo que puede poner en riesgo la consolidación de las reformas estructurales, y favorecer así el ensanchamiento de a brecha entre ricos y pobres.

  

¿Con qué México va a gobernar el próximo presidente constitucional? ¿Privilegiará el poder económico sobre las necesidades de transformación política y alivio social? ¿Irá a la confrontación, amparado en la ley de seguridad interior? ¿Convocará a la transición?

     Así como se esfuerzan en consolidar el salto cualitativo en materia económica, este país necesita la reforma del Estado, en la manera de gobernarnos, para, de una vez por todas, construir el andamiaje constitucional y legal que evite estos lastres que se han convertido en fueros y privilegios para unos cuantos.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Lenguaje y política en Meade

 Gregorio Ortega Molina 13 de diciembre de 2017 – 00:12 CE


*Intuye o sabe el precandidato priista que hay una enorme brecha entre el nuevo modelo económico que está en proceso de ensamblaje, y un presidencialismo desarticulado por él mismo, al disminuirse en su actividad económica y en su presencia política al desaparecer los sectores, para cambiarlos por los poderes fácticos

 

¿A qué aspira José Antonio Meade? De dientes para afuera, al poder. ¿Para hacer qué? Aquí está la incógnita, creo que ni Hércules Poirot, ni Édgar El Zurdo Mendieta, ni Charlie Parker juntos podrán indicarnos una pista antes de que el precandidato del PRI tome algunas decisiones estrictamente políticas.

     Lo que muestra hasta hoy es cierto candor político, lo que dice mucho de su verdadera expertise en administración pública, en asuntos financieros y económicos, de su honestidad intelectual y su honradez. Pero del tejemaneje para el control de la voluntad de las mayorías, nada.

     Allí está esa declaración a los priistas que Reforma dio como nota principal el martes 28 de noviembre: “Háganme suyo”. Las redes sociales y los opositores al partido gobernante le perdonaron la vida. ¿En cuántas novelas, películas y obras de teatro no hemos escuchado a una apasionada mujer que dice a su galán: Hazme tuya ya, ahora, tómame?

     La palabra en política -a pesar de la perversión a que la han sometido, tanto en el contexto en que la pronuncian como en el significado que desean imprimirle- debe ser inequívoca; cada uno de los potenciales electores debe percibir, sentir que el mensaje, la idea, está dirigida a él o ella en lo personal. Si el deseo es el triunfo sin “mano negra”, el discurso político debe prescindir de la diatriba, de la adjetivación, para centrarse en la propuesta de lo que es realizable, de lo que anhelan los mexicanos que cambie.

     No pecamos de ingenuidad, Meade es candidato por dos razones: sumar voluntades para derrotar a AMLO, y garantizar con el triunfo la continuidad de la transformación de lo que fue el proyecto económico de la Revolución. Les falta liquidar lo que queda del Estado de bienestar.

     Pero, y aquí está parte de la respuesta que ha de despejar la solución de la incógnita: intuye o sabe José Antonio Meade que hay una enorme brecha entre el nuevo modelo económico que está en proceso de ensamblaje, y un presidencialismo desarticulado por él mismo, al disminuirse en su actividad económica y en su presencia política al desaparecer los sectores, para cambiarlos por los poderes fácticos.

     Así como tuvieron el empuje para proponer un proyecto económico diferente y globalizador, para que éste funcione deben conceptuar e impulsar la reforma del Estado, porque de otra manera los prometidos beneficios que aportarán las reformas estructurales, incluida la transmutación del artículo 123 en outsorcing y el 130 en política de extrema derecha, serán un mito genial para los mexicanos de a pie, pero un venero del diablo para los 300 y algunos más.

     Meade debe evitar que lo acoten, que le impongan técnico de imagen, redactores de discursos, debe preservar su propio lenguaje y aprender a eludir ciertos términos que en política son equívocos, como el háganme suyo.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: AMLO Guadalupano

 Gregorio Ortega Molina 12 de diciembre de 2017 – 00:12 CE


*Debe sustituir la diatriba por las ideas y propuestas concretas. Creo que todos sabemos qué esperan los electores de aquel que llevarán a la Presidencia de la República: castigos ejemplares a la corrupción; iniciar la transición, para que el modelo político sea tan moderno como las aspiraciones económicas, y no se adueñen unos cuantos de los frutos de las reformas estructurales, si los hay

 

En unas horas se registra AMLO como candidato de MORENA a la presidencia de México. Bien por el simbolismo del día, mal por la impresión que dejan sus declaraciones una vez conocido el nombre del abanderado priista, así como la acerva respuesta a la amnistía. Todo indica que va a una contienda de diatribas y descalificaciones en lugar de subirse al espacio de las ideas y el sincretismo entre política y religión, porque servir al Estado es oficiar un culto.

     ¿Qué ganamos los electores con la adjetivación que hace de José Antonio Meade por su clase social? ¿Señoritingo? ¿Legalizar una amnistía que existe en los hechos? ¿Dónde está la propuesta del cambio?

     Los espacios en los que se contiende por el poder son otros, lo mismo que los medios para conseguirlo. Sólo uno de los instrumentos permanece inalterable: la palabra adecuada que conduce a la idea, favorece la simpatía y conquista voto por voto.

     La globalización total implica la concepción de una campaña política total. Hace mucho que el método difundido por Joe McGinniss en Cómo se vende un presidente dejó de ser usado, o siquiera consultado, por los creadores de imagen. La escuela modelada por Fausto Zapata Loredo, Otto Granados y José Carreño es obsoleta. El modelo con el que regresó EPN al PRI a Los Pinos mostró su inoperancia en los niveles de aceptación que hoy tiene el presidente de México.

     ¿De qué manera puede AMLO hacer que los electores se atrevan a dar la vuelta a la tortilla?

     Por lo pronto debe desprenderse de las reservas que le impone su cristianismo, buscar la manera de sincretizarlo con el culto que debe al Estado, si desea servirlo como presidente de México. Fuera temores.

     Por ejemplo, hoy después de registrarse debiera acudir a la Villa de Guadalupe. ¿Por qué? Por el sincretismo. Aquí son guadalupanos en su profesión de fe, más allá de todo cristianismo.

     Obvio que no puede llegar al extremo de intentar mimetizarse con Miguel Hidalgo, favorecería la sorna, los memes; tampoco puede servirse de la imagen de Guadalupe para fundirla con el escudo de MORENA, pero nada le impide colocarse bajo su advocación y amparo, y en cada etapa de la gira acudir a los templos guadalupanos del lugar de la pernocta. Pero no lo hará.

     También debe sustituir la diatriba por las ideas y propuestas concretas. Creo que todos sabemos qué esperan los electores de aquel que llevarán a la Presidencia de la República: 1.- Castigos ejemplares a la corrupción; 2.- Iniciar la transición, para que el modelo político sea tan moderno como las aspiraciones económicas, y no se adueñen unos cuantos de los frutos de las reformas estructurales, si los hay; 3.- Gobernar con los mejores, no con los cómplices ni con los compromisos políticos; 4.- Fortalecer el Estado de bienestar y, 5.- oficializar las exequias del presidencialismo.

     Más pronto que tarde el discurso nos permitirá ver que traen adentro los candidatos, y hacia dónde pretenden conducir al país.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Meade por dentro

 Gregorio Ortega Molina 11 de diciembre de 2017 – 00:12 CE


*¿Podrá tomar decisiones políticas que pongan en riesgo su integridad moral en relación a la fe de su práctica religiosa? ¿Las consultará con su director espiritual o su gabinete? La conciencia debe ser flexible si el conocimiento del Estado y lo que se requiere en lo interno para servirlo, puede convencerlo de que desempeña su papel de presidente constitucional, con mandato y todo

 

Los políticos dejaron atrás, hace muchos años, esa idea romántica de que en los ojos anida el espejo del alma. Son actores consumados, estudiosos de la oratoria, de la manera de agradar y los modos para transformar la sorpresa o el enojo en agradable sonrisa. Son maestros de la simulación. Se mimetizan con aquellos a los que han de servir para merecer su ascenso.

     Toda la tinta impresa, todos los minutos de tiempo aire en tv y radio, el mar de mensajes cibernéticos cruzados en las redes, las opiniones vertidas por los expertos que lo favorecen o los que quieren y necesitan verlo perder, nada nos dicen de lo que José Antonio Meade trae en el corazón y en la voluntad, en la razón y en las debilidades que a cualquier ser humano caracterizan.

     Tarde constataremos si resolvió el conflicto interno que afecta a todo hombre de fe que intenta servir al Estado, porque deidad e instituciones son santos patronos celosos que no gustan de compartir a sus fieles.

     La semana anterior, después de años de estudio, compartí con ustedes, lectores, la respuesta a la pregunta que todos nos hicimos sobre la necedad de declarar al narco una guerra justa innecesaria. Privó en el aspirante a hombre de Estado la exigencia de dar, antes que a nada y a nadie, su lugar a la fe. Hoy todavía lo veo asistir al rito de la misa, sin nada que lo perturbe. ¡Vaya misterio!

     José Antonio Meade recibirá -si triunfa electoralmente-, posiblemente, las riendas de un gobierno con una nueva ley de seguridad interior, para santificar el papel de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la delincuencia organizada, con todo lo que conlleva vivir en Estado de excepción y primar los derechos humanos de las víctimas por sobre los derechos constitucionales de los delincuentes. Al menos a eso aspiran públicamente.

     ¿Podrá tomar decisiones políticas que pongan en riesgo su integridad moral en relación a la fe de su práctica religiosa? ¿Las consultará con su director espiritual o su gabinete? La conciencia debe ser flexible si el conocimiento del Estado y lo que se requiere en lo interno para servirlo, puede convencerlo de que desempeña su papel de presidente constitucional, con mandato y todo.

     Michel de Montaigne, que no era un lego en estos temas de conocer a los humanos, en Apología de Raimundo Sabunde dejó constancia de que hay señales “evidentes de que no aceptamos la religión más que a nuestro modo y manipulándola, e igual que se aceptan las otras religiones. Hemos nacido en el país en el que se practica; o tenemos en cuenta su antigüedad o la autoridad de los hombres que la han mantenido; o tememos las amenazas que esgrime contra los incrédulos; o perseguimos sus promesas. Estas consideraciones han de emplearse en favor de nuestras creencias, mas subsidiariamente: son lazos humanos. Otras religiones, otros testigos, otras promesas y amenazas semejantes podrían imprimir en nosotros, por el mismo camino, unas creencias contrarias”.

     Lo mismo puede decirse del servicio al Estado, lo que me trae a la memoria la respuesta que Odiseo (Kirk Douglas) da a Polifemo cuando pregunta quién lo dejó ciego:

-Mi nombre es nadie.

     Lo mismo ha de asumir el precandidato Meade. En esta ocasión, por más dinero que le inviertan a las papeletas electorales que necesitan para ganar, nadie lo hizo candidato, y sólo el elector puede convertirlo en presidente, porque de otra manera el país se le convertirá en ingobernable.

     Pero en el trayecto puede dejarse engañar, y así lo alejarán de su relación con la realidad. Quizá si escucha a sus hijos, pero…

     Con lo primero que debe lidear es de su resorte como especialista financiero. Resulta que, según informe de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, el conjunto de bancos que opera en México obtuvo entre enero y octubre pasados ganancias por 110 mil 433 millones de pesos, cantidad que superó en 22.3 por ciento a las generadas en el mismo periodo de 2016.

     “La tasa de avance de las utilidades de la banca prácticamente multiplicó por 10 la del crecimiento de la economía en los tres primeros trimestres del año, que fue de 2.2 por ciento, en comparación con el mismo lapso del año anterior.

     “Tres cuartas partes de las ganancias fueron obtenidas por cinco instituciones, mientras las otras 43 que operan en el país se repartieron el resto”.

     Ahora podemos intuir por qué crece la pobreza en México.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Frente Ciudadano, ¿opción real?

 Gregorio Ortega Molina  8 de diciembre de 2017 – 00:12 CE


*Los neoliberales que se adueñaron del PRI lo deformaron y envilecieron, desarrollaron un proyecto económico necesario y ambicioso, pero que tropieza con un obstáculo insalvable, la ausencia de la reforma del Estado. El quehacer político, su norma y la manera de ejercer el oficio del poder, nada tiene que ver con los requerimientos sociales y de construcción de consensos que se necesitan para consolidar las reformas estructurales

 

Al anunciarse el alumbramiento “prematuro” del Frente Ciudadano pensé, como muchos, que era un mazacote. Pero hete aquí que el sietemesino adquiere peso y una aparente desarrollada inteligencia.

     Considero que hacen bien -los responsables de una amalgama que todavía parece imposible- en avanzar por los pasos contados y empezar por el principio: diseñar y dar forma a una propuesta política que recupere, para los mexicanos todos, el proyecto de nación. Reminiscencias de Jesús Reyes Heroles: primero el plan y luego el hombre: coincido, la candidata o candidato debe reunir las condiciones intelectuales, la experiencia y el carisma, para no dejar la transición a medias.

     Interlocutores y lectores me dicen, con razón, que México ha cambiado, que es otro, que evoluciona, pero me pregunto: ¿hacia dónde? Partamos de un hecho incontrovertible: hoy hay menos libertades, porque la primera y más grande manifestación de esa libertad con mayúscula, radica en la capacidad de “elección” al momento de decidir nuestro modo de vida, como personas y como comunidad. Capacidad absolutamente restringida en idéntica medida a la reducción del poder de compra de bienes y servicios de los mexicanos.

     Hace muchos años dejaron de aspirar a lo que quieren, para conformarse con lo que pueden… elegir.

     Obviamente es imposible que todos los mexicanos adquieran un Ferrari similar al de Raúl Cervantes, o compren, para presumirlos, relojes idénticos a los de César Camacho, Víctor Flores y Carlos Romero Deschamps, pero todos, sí todos, deben tener la capacidad de elegir un medio de transporte seguro y la manera de consultar la hora, con el gasto que convenga a sus bolsillos.

     Los neoliberales que se adueñaron del PRI lo deformaron y envilecieron, desarrollaron un proyecto económico necesario y ambicioso, pero que tropieza con un obstáculo insalvable, la ausencia de la reforma del Estado. El quehacer político, su norma y la manera de ejercer el oficio del poder, nada tiene que ver con los requerimientos sociales y de construcción de consensos que se necesitan para consolidar las reformas estructurales. ¿Alguien recuerda cuánto tardó meter reversa a la estatización bancaria y lo que todavía pagamos por ese error?

     Claro que encontrar a la mujer o al hombre que reúna las condiciones de un Adolfo Suárez no será sencillo, pero tampoco es imposible. Veremos pronto qué tan capaces son de ceder a las ambiciones personales y entregarse a la construcción de los acuerdos urgentes, necesarios, de muerte súbita, que se requieren para tener futuro todos, no nada más unos cuantos.

     ¿Quién se beneficia con el rompimiento del Frente Ciudadano? Creo que en el gobierno federal y el PRI, que ponen veladoras por el fracaso de los “frentistas”, hacen mal los cálculos, porque ese intento por reorganizarse electoralmente de manera distinta a como se ha hecho hasta ahora, es sólo por descontento, y los que están hasta el gorro suman con MORENA, no con el partido que es gobierno.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Malos gobernantes

 Gregorio Ortega Molina  7 de diciembre de 2017 – 00:12 CE

*Los mexicanos han producido una gran riqueza que queda en pocas manos, porque los últimos seis presidentes de la República se han mostrado incapaces de administrar equitativamente la abundancia.

Los mexicanos debemos sentirnos orgullosos de nuestros gobernantes, sobre todo de los que han tomado las decisiones cruciales durante los últimos seis lustros.

     Los sicofantes del anti presidencialismo, del antipriismo, deben ocultarse, porque a pesar de todo el éxito está asegurado, como en esa escena de El padrino en la que Francis Ford Coppola debió divertirse al dirigir a Al Pacino en la encarnación de Michael Corleone, cuando argumenta que siempre que desea salirse de la mafia, lo regresan a su condición real, la de delincuente.

     Así sucede con México, el país permanece en el umbral del Primer Mundo, como si esperase que los socios ricos lo inviten a dar el paso que, como ensalmo, haga de esta nación otro Canaán.

     Y sin embargo…, Alicia Bárcena decide desengañarnos. En su calidad de secretaria ejecutiva de la Cepal, concedió a El País una entrevista antes de la quinta ronda de negociaciones del TLC, en la que hace énfasis en el daño que el Tratado ha infringido al campo mexicano,  y pone el acento en la necesidad de fortalecer el mercado interno en México por la vía del aumento salarial.

     Es decir, coincide con lo que vino a decir a México Justin Trudeau, con lo que sostienen los líderes sindicales estadounidenses y los negociadores de Canadá y Estados Unidos, pero que aquí se niegan a reconocer -salvo algunos empresarios conscientes del daño hecho-, o de plano se asume la actitud del secretario del Trabajo, Navarrete Prida.

     Alicia Bárcena aseguró en esa entrevista que, en caso de terminarse el TLC, México tendrá un momento difícil de adaptación. “Nuestros cálculos apuntan a que el primer año el impacto sobre el PIB mexicano sería de entre un 0,9% y un 1%, frente al 0,1% de EE UU y al 0,5% de Canadá. Para México es un cambio de paradigma, porque le ha apostado todo a Norteamérica desde hace 23 años”.

     A pregunta de El País: ¿Qué hace falta, entonces, para que el campo recupere su peso?

     La señora Bárcena responde: “Sobre todo una política de apoyo y financiamiento que ha sido el gran sacrificado en el TLC. Hubo un gran desmantelamiento de la banca que lo apoyaba, y eso ha provocado una gran migración hacia las ciudades y hacia EE UU. Los trabajadores más productivos del sector agropecuario estadounidenses son mexicanos. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo acá? Fallan las políticas y el valor agregado. México, por ejemplo, fue una gran potencia pesquera, con productos muy requeridos en Asia. Y puede volver a serlo si va de la mano con sus socios de la Alianza del Pacífico”.

     No le demos vueltas. México ha recibido muchos beneficios del TLC, pero no todos llegan a sus destinatarios; el país también ha cedido en áreas importantes, y poco o casi nada se hace para reactivar el mercado interno a través de la dignificación salarial del empleo.

     Los gobernantes y empresarios farolean. Los mexicanos han producido una gran riqueza que queda en pocas manos, porque los últimos seis presidentes de la República se han mostrado incapaces de administrar equitativamente la abundancia.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Elecciones catalanas

 Gregorio Ortega Molina  6 de diciembre de 2017 – 00:12 CE


*La ley, el mandato constitucional compromete a gobernantes y gobernados, y eso es lo que da una dimensión política a las autonomías, al soberanismo catalán, expresado por pocos o por muchos, no importa, lo que se requiere es regresar a las palabras el sentido original, para evitar la catástrofe

Mal asunto que deba aclarar las palabras propias, las ideas expresadas después de rigurosa reflexión y un supuesto acertado análisis de lo que sucede en Cataluña, y en Europa.

     Lo más seguro es que diste mucho de ser tan certero en mis juicios, como lo creo y el número de lectores me hace creer.

     He decidido hacer el papel de Rubén Aguilar, con el propósito de eludir el síndrome de Vicente Fox.

     La ley es una normativa de convivencia, de armonía entre diferentes. La igualdad continúa como utopía. En asuntos políticos la ley es un mandato, sobre todo si está plasmada en una constitución.

 

Me pregunto si la convivencia de soberanías, autonomías o idiosincrasias divergentes es un asunto político o legal.

     Si es un tema del poder, el lenguaje y las formas a usarse para mantener la unidad nacional es político y unívoco, no puede prestarse a confusiones ni engaños; por el contrario, si la norma constitucional se inscribe más allá de la razón exigida por la armonía entre divergencias, imponer el respeto exigido a los compromisos adquiridos para constituirse en una nación, pudiera hacer que la democracia cediera su lugar al autoritarismo, y éste, a su vez, a la dictadura.

     No es una disquisición propia, está en la historia, en los libros. Es experiencia vivida. Retomo unas ideas pergeñadas por Rob Riemen en Para combatir esta era: “La verdad puede conocerse sólo por el significado de las palabras… Cuando el lenguaje pierde el significado, no puede existir ninguna forma de verdad y la mentira se convierte en norma”.

     El discurso de Mariano Rajoy y de Felipe, monarca de oficio, son ejemplo de una tergiversación política del lenguaje. Almudena Grandes habla con claridad del tema en su texto de El País del último 20 de noviembre. ¿Buscan otro terrorismo como el de ETA?

En Babelia del miércoles 22 de noviembre el jurista, novelista e historiador   Philippe Sands afirma a su entrevistador: “El motivo por el que volvemos a leerlos es que sentimos que algo está pasando en Europa de nuevo, ya sea el Brexit, lo que ocurre en Hungría, el nacionalismo en Cataluña. Europa está viviendo una fractura y la última vez que algo así ocurrió fue en los años treinta. Y los autores que nos inspiraron durante esa ruptura fueron Zweig o Roth o el más desconocido Józef Wittlin.

     “Lo que planea sobre todo es la historia de Europa en los años treinta, los asesinatos masivos de judíos, y polacos, que al final desencadenaron una revolución: antes de ese momento, el Estado era soberano. Si el rey o el gobernante quería matar a la mitad de su población, nadie se lo iba a impedir, la ley internacional no existía”.

     Sí, la ley, el mandato constitucional compromete a gobernantes y gobernados, eso es lo que da una dimensión política a las autonomías, al soberanismo catalán, expresado por pocos o por muchos, no importa, lo que se requiere es regresar a las palabras el sentido original, para evitar la catástrofe.

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