LA COSTUMBRE DEL PODER: Narco guerra exige solución política

 Gregorio Ortega Molina 16 de febrero de 2018 – 00:12 CE


*El problema sustancial a resolver es la corrupción, que todo lo permea y todo pudre en México. El nuevo proyecto económico trajo de la mano la globalización del narcotráfico y todo lo modificó, empezando por el tejido social casi imposible de zurcir

 

Al plantear la aniquilación total de los barones de la droga y sus ejércitos de sicarios, perfectamente armados, lo hice con el presupuesto del rechazo a una muerte sin fin, que para finales de 2024, es decir después de 18 años, rondaría las 600 mil muertes, y todo lo que social, política, económica y psicológicamente implica vivir una guerra interna, librada en territorio nacional, con ciudades a donde el presidente constitucional de México está imposibilitado de visitar por su seguridad personal.

En este asunto lo que no puede resolverse de manera cruenta involucra la toma de decisiones políticas, conceptuadas en obedecimiento al mandato constitucional de preservar la vida de los gobernados y garantizarles seguridad -lo que hoy no puede hacerse en parte de la república-, reconstruir el tejido social, darle sentido al futuro y certeza a los proyectos de vida individuales.

     ¿Qué se requiere? Voluntad política y deseo de servir. ¿Para qué?

  1. Terminar con las dos vertientes de la corrupción producida por el narcotráfico: la de los ávidos de dinero fácil, la de las víctimas del miedo, aquellos a quienes les advierten que ni siquiera piensen en renunciar, porque ponen en juego la vida de sus familias;
  2. Terminar con el lavado de dinero en bancos perfectamente identificados por las autoridades. Los banqueros no tienen dólar negro aborrecido, hacen enormes cantidades de dinero con el riesgo de una multa. ¿Alguien conoce a uno sentenciado por lavar dinero?;
  3. Determinar métodos de amnistía para aquellos campesinos que por hambre y abandono gubernamental, se convierten en víctimas complacientes de los barones de la droga, al rentarles sus tierras, al cultivarlas y/o al servirles de halcones;
  4. Privilegiar la justicia por sobre la ley, porque ciertos crímenes y muchos criminales están más allá de la redención, del perdón legal, del respeto a los derechos humanos, y
  5. Restablecer la pena de muerte por sobre la extradición, aunque los políticamente correctos enarquen las cejas. A crímenes como los cometidos en el fragor de esta guerra, corresponde sancionar con la pérdida de la vida.

     Roberto Saviano, periodista y escritor que se ha especializado en temas de delincuencia organizada y las consecuencias de los estragos que causan, en CeroCeroCero dejó anotado lo siguiente: “Una transformación social y económica lenta y costosísima se revela de inmediato una utopía. Falta dinero, confianza, consenso. Falta tiempo. Es necesario poder mostrar resultados pronto…”.

¿Y cómo lograr esos resultados? El problema sustancial a resolver es la corrupción, que todo lo permea y todo pudre en México. El nuevo proyecto económico trajo de la mano la globalización del narcotráfico y todo lo modificó, empezando por el tejido social casi imposible de zurcir.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: En Hacienda el señor del gran poder

 Gregorio Ortega Molina 15 de febrero de 2018 – 00:12 CE

*Lo que hoy adquieren comprando elecciones, durante muchos años lo hicieron con negociación y presión política. Buena cuenta de ello pueden dar Porfirio Muñoz Ledo, quien sentó en Tepic a Rogelio Flores Curiel, o Manuel Bartlett Díaz, con el macro robo electoral en Chihuahua

 

Hace años, al menos diez, he dado cuenta del corrimiento de los factores de poder, iniciado con la venta de garaje de los activos del Estado que dieron sustento al presidencialismo emanado del proyecto de la Revolución. La fuerza política se transformó en una de expresión económica despiadada, salvaje, más cruenta aún que la imposición de unas etéreas razones de Estado.

     Priismo y presidencialismo se auto desmantelaron. Los sectores del partido hoy son inexistentes, la esencia de la autoridad presidencial perdió aura al carecer de esa munificencia que lo caracterizó. Dejó de tener qué repartir, por ello debió compartir la toma de decisiones con los poderes fácticos -sustitutos de las correas de transmisión que fue el corporativismo- y con la Casa Blanca, todavía fiel de la balanza en nuestros asuntos comerciales y en la creación de empleos, debido al TLC.

Como los interlocutores del Presidente de la República son otros, también se reorganizó la administración interna del Poder Ejecutivo. Los nuevos actores que establecen reglas del juego e imagen del diálogo entre gobierno y sociedad,  no están interesadas en la seguridad interior, en la gobernabilidad, en la violencia, sólo en los ingresos y en los egresos, y ese rubro corresponde al secretario de la Hacienda y el Crédito Público.

Correspondió a Padre Aspe Armella iniciar el traslado de la sede del poder real, el verdadero, el que no negocia, impone como la hace a través de las participaciones federales de acuerdo a criterios establecidos por la agenda presidencial, y conforme a las exigencias electorales.

     El culmen de ese poder en SHCP correspondió a Luis Videgaray Caso y lo dilapidó, al dejarse vencer por la tentación de la banda presidencial. El usufructuario final de lo que construyeron entre 1988 y 2018 fue José Antonio Meade, y es muy posible que también se convierta en su agente de honras fúnebres, porque no quieren, se niegan a comprender que al cambiar el proyecto económico de la Revolución, debe reformarse, para administrarlo, el presidencialismo, cuya única correa de transmisión hacia los gobernados y con el exterior, es el encargado del despacho de Hacienda.

Lo que hoy adquieren comprando elecciones, durante muchos años lo hicieron con negociación y presión política. Buena cuenta de ello pueden dar Porfirio Muñoz Ledo, quien sentó en Tepic a Rogelio Flores Curiel, y Manuel Bartlett Díaz, con el macro robo electoral en Chihuahua.

El México de hoy no puede ser administrado políticamente como lo hicieron hasta 1997. Por empeñarse en conservar la imagen de un poder vacío, es que desde el Salón Oval -lo ocupe quien lo ocupe- tienen agarrados a los figurones mexicanos de aquellito.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Todos pierden

 Gregorio Ortega Molina 14 de febrero de 2018 – 00:12 CE

*Ninguno como precandidato tocó a fondo el problema fundamental de la ingobernabilidad; en corrupción quieren borrón y cuenta nueva con modificaciones legales, y se refugian en su especialidad: la manipulación política

 

Andar a la caza del poder no es un día de campo. Si salen a matar elefantes, un guía especializado se requiere, y diferente si la presa son los leones, pero los más sagaces han de ser los que guían al cazador tras las hienas, porque el premio mayor está custodiado por ellas, más feroces que el can Cerbero.

Cazadores y guías que desean asentarse en el poder son maliciosos, y en esa actitud aprenden que por ningún concepto deben dejar que los otros competidores conozcan de sus intenciones, porque pueden resultar más hábiles y adelantarse para hacerse con la banda presidencial.

Por eso me llamó la atención que Aurelio Nuño, maestro en los artificios de la imagen pública y la creación de propaganda política, anunciara con bombo y platillo que su candidato, José Antonio Meade, modificaba su estrategia para pasar de la agresión verbal y el escarnio de sus opositores, al mensaje conciliador, claro y directo como una invitación a que México camine a la unidad, como el país de un solo hombre.

     ¿Fue necesario publicitarlo? No hubiese sido mucho más efectivo sólo modificar la actitud, y para establecer como eje de su precampaña, primero, de su campaña después, el tema de la reconciliación nacional, que podría allegarle votos, porque ese cuento de que México será, pronto, una gran potencia, verde, energética, económica, y lo mismo en materia de honradez y contra la impunidad, no lo creen ni los mismos que conciben el mensaje.

Sin embargo, la efectividad de la oferta duró la víspera, pues pronto pasaron a los PRIetos que ya no aprietan, al denuesto y la confrontación. Carecen de ideas.

Denunciar la corrupción y proponer una ley que endurezca las sanciones contra los funcionarios públicos corruptos, y guardar silencio sobre los abusos perpetrados y cometidos en el pasado inmediato, equivale a dar aval al borrón y cuenta nueva, cuando el nivel de agravio padecido por la población en ese rubro, convoca a tomar decisiones que incluyan cárcel, expropiación de lo robado y escarnio social.

En cuanto a los beneficios de las reformas estructurales, concretamente de la energética, tan anunciados y tan esperados, el silencio de los precandidatos grita como sepulcro blanqueado, porque todo el futuro inmediato se concibió bajo esa premisa.

¿Y cómo convocar a la reconciliación entre organizaciones políticas y cazadores del poder, cuando el número de muertos nos supera, lo cruento y salvaje en el modito de las ejecuciones, y la imposición de una Ley de Seguridad Interior que únicamente alentará la formación de grupos armados y el rechazo al gobierno? ¿Basta con recordar en qué se convirtieron las FARC y los sandinistas, o hacer memoria del mapeo de los lugares donde se mueven <<guerrilleros>> en México, no necesariamente oriundos de esta tierra?

     Hay tiempo, se dicen entre ellos dentro de los grupos políticos en contienda, pero olvidan que las horas y los días jamás regresan.

Está la otra vertiente, la que refiere Bernard Minier en No apagues la luz, cuando se sirve, para reflexión de su personaje, de Los manipuladores entre nosotros.

El inspector Martin Servaz reflexiona que de la lectura de esa obra se aprende que ciertas personas pueden transformar nuestra vida en un sentido positivo y otras pueden conducirnos hacia el abismo y representar incluso un peligro mortal. Que en el seno de la sociedad existían individuos perversos y manipuladores que todos los días atrapaban en sus redes a personas débiles y vulnerables… A Servaz le acudió a la memoria una frase de Orwell en 1984: <<El poder radica en la facultad de destrozar el espíritu humano>>.

De ese tamaño es el desafío del elector. No debe importarle el resultado de las encuestas, tiene la obligación de estar atento al discurso, a la propuesta que haga viable la transformación de su vida en sociedad. ¿La hay?

Ya veremos a partir de marzo 29.

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La Costumbre del Poder: Norma laboral en TLC

 Gregorio Ortega Molina 13 de febrero de 2018 – 00:12 CE

 *¿Son incapaces de comprender que esa pobreza económica, anímica y de formación para la vida, es la que enriquece las filas de sicarios, las aspiraciones a convertirse en narcotraficante, o convocar a la formación de grupos armados?

Negar los beneficios que el TLC ha dejado a México como país sería tonto, como también resulta estúpido ocultar que sólo una minoría de mexicanos ha hecho crecer sus fortunas debido al libre comercio con EEUU y otras naciones.

Los asalariados, los burócratas de medio pelo, los informales de todo tipo, las que se ganan el estipendio como amas de casa, las empleadas domésticas, los obreros y campesinos, profesionistas, pequeños comerciantes y emprendedores, e incluso esa delincuencia organizada a la que tanto persiguen, nada han mejorado en bienestar, servicios y prestaciones gracias a ese acuerdo comercial ahora en renegociación.

En lugar de cerrarse las asimetrías económicas, sociales y políticas entre los tres países cuyo destino lógico sería conformar el bloque de América del Norte, por consideraciones geoestratégicas que Donald Trump prefirió olvidar, las diferencias son mayores. No puede haber ninguna equivalencia entre los obreros de la Ford México y los de Estados Unidos, como tampoco pueden establecerse entre los médicos del Obamacare con los del ISSSTE, IMSS y Seguro Popular, por mencionar ejemplos.

¿Por qué a los negociadores mexicanos se les hace cuesta arriba poner sobre el tapete del nuevo TLC los salarios? ¿Debe castigarse o, al menos, posponerse sine die la posibilidad de un mejoramiento en el bienestar de los que dicen gobernar y de los cuales esperan el voto? ¿Son incapaces de comprender que esa pobreza económica, anímica y de formación para la vida, es la que enriquece las filas de sicarios, las aspiraciones a convertirse en narcotraficante, o convocar a la formación de grupos armados?

¿Por qué los ingresos adicionales debidos al TLC, no sirvieron para construir refinerías, mejorar la calidad educativa, apoyar la calidad en los servicios de salud, crear programas anticorrupción eficientes, disminuir la impunidad, fortalecer la democracia?

El TLC tiene vida desde hace 23 años: ¿cuántos millones de mexicanos vieron modificada su vida, transformada sus aspiraciones y enriquecido su futuro gracias a ese instrumento comercial?

¡Vamos! No cerremos los ojos a la realidad. Sí, el TLC ha sido útil, benéfico, desafortunadamente no para todos, sino para una minoría, y ni así quieren comprometerse a revisar los salarios, que equivale a abrir las puertas de la dignificación del trabajo.

El TLC de América del Norte también es un instrumento de seguridad regional, diseñado para una geopolítica del futuro, porque China puede darse el lujo de desequilibrar la economía mundial en cualquier momento, mientras Rusia apuesta al juego de espejos de la injerencia electoral, el espionaje y el terrorismo bajo su control.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Muñoz Ledo ingrato

 Gregorio Ortega Molina 12 de febrero de 2018 – 00:12 CE


*Contribuyó a transformar el quehacer político de esta nación, creó instituciones, como palanca de Arquímedes modificó la relación entre los poderes Legislativo y Ejecutivo, pero continuó fiel a él mismo: es el centro, debe serlo, y manifiesta gratitud a su conveniencia

 

Procede mal Porfirio Muñoz Ledo al ser selectivo con su memoria, porque se daña a él mismo al intentar una tergiversación de su historia personal, y porque muestra una faceta característica de los políticos preteridos empeñados en hacerse un rinconcito de historia: la ingratitud

Contribuyó a transformar el quehacer político de esta nación, creó instituciones, como palanca de Arquímedes modificó la relación entre los poderes Legislativo y Ejecutivo, pero continuó fiel a él mismo: es el centro, debe serlo, y manifiesta gratitud a su conveniencia, no fuera a lastimarse su imagen al descubrirse que fue colaborador de Revista de América, publicación en la que abordó el tema del 68 mexicano.

Historia oral adquiere la dimensión de una mistificación de él mismo, al esforzarse en olvidar su cercana relación con Emilio Uranga, Oswaldo Díaz Ruanova y Gregorio Ortega Hernández. Puesto que para él dejaron de existir, le resulta fácil modificar la oralidad de su quehacer en la vida, que es fundamentalmente un quehacer político en su expresión clásica: servir al Estado. Ello implica someterse al poder, y así lo hizo mientras hubo de obedecer, hasta que decidió interpelar a Miguel de la Madrid Hurtado, que es la puerta que se abre al cambio logrado en la elección intermedia de 1997. El Congreso dejó de ser el juguete del presidente de México.

Pero en el aspecto esencial de la historia personal de un político, Muñoz Ledo se miente a él mismo, al deshacerse de la figura, del agradecimiento debido, a la persona que le abrió la puerta de los pasillos del poder, por el cual transitó a partir de la campaña de Luis Echeverría Álvarez. No fue Ignacio Morones Prieto, entonces director del IMSS, quien lo llevó de la mano con el candidato del PRI, y él lo sabe bien, pero parece que decidió olvidarlo.

     Por comportarse como un ingrato, han sido ingratos con él, y quitaron de entre los retratos de los presidentes del CEN del PRI el suyo, como también lo hicieron con los retratos de los secretarios de Educación Pública, y con su imagen enterraron el mejor programa educativo que se haya propuesto después de lo hecho por José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet. Le tuvieron miedo a la esencia del cambio en México, que es la educación, y por eso lo echaron a la basura.

     Como él echó a la basura de su memoria la negociación en que debió adentrarse para convertir en gobernador de Nayarit a Rogelio Flores Curiel, a pesar de haberla perdido en las urnas. ¿Por qué no la incluyó en su historia oral? La olvidó.

Porfirio Muñoz Ledo sabe que el Estado es una deidad civil exigente y celosa, y en esas condiciones lo sirvió. Retractarse de parte de lo que fue no lo hace más digno de nuestra memoria. Lástima. Por eso  no llegó a presidente, porque nunca dio el peso.
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LA COSTUMBRE DEL PODER: Linchamientos, ¿y la justicia?

 Gregorio Ortega Molina 09 de febrero de 2018 – 00:12 CE


*¿A dónde nos conduce el vacío de poder en materia de procuración y administración de justicia? ¿A dónde la corrupción y la impunidad a las que, por lo pronto, la sociedad rechaza con el linchamiento en las redes sociales y en el escarnio verbal en fiestas y tertulias, pero todavía sin consecuencias?

 

El número de linchamientos crece geométricamente en territorio nacional. Sucede en las ciudades y poblaciones que parecían ajenas al virus de la violencia; resulta que fueron dejadas de la mano de Dios… y de las autoridades de procuración de justicia.

En esta actitud de la sociedad hay matices. Linchar no siempre lleva a la muerte del sujeto castigado por enardecida muchedumbre, como todavía ocurre con las víctimas de las cabezadas rapadas y los rescoldos del KKK.

Aquí se les hace escarnio, se les exhibe en cueros, se les muestra crucificados, se les golpea con saña y… sí, en no pocas ocasiones los matan. ¿Por qué? ¿Es sólo vacío de poder?

    Lo cierto es que quienes acuden a esas horribles fiestas del desahogo, no nada más se dedican a escarmentar a quienes delinquen porque los pescan en flagrancia, tal como lo exige la nueva ley, también se solazan en el escarnio del linchado, pero sobre todo en la manera en que se exhibe la ausencia de gobierno que los preserve de los abusos de los delincuentes.

Aquí y ahora el linchamiento no es sólo para “avisar” a los permanentes y futuros delincuentes. Va más allá, adquiere otra dimensión cuando se hace justicia por propia mano, y cuando las detenciones pueden realizarse gracias a los videos de las cámaras de seguridad, porque entre los vecinos que se unen para castigar públicamente a quienes lesionan su seguridad, está viva la consigna de Fuente Ovejuna. Nadie delata, y los psiquiatras y sociólogos pueden muy bien explicarnos esa actitud y la manera en que perjudica la relación  gobierno-pueblo.

¿Qué piensan de su gobierno quienes participan en un linchamiento? ¿Muestran empatía con la autoridad, o con los que se asocian, con los que se hacen cómplices, para dar satisfacción a un mandato constitucional que las autoridades de todos los niveles se muestran incapaces de cumplir?

     ¿Puede transitarse del linchamiento a la organización vecinal para, de manera distinta a la electoral, sancionar al gobierno y/o sustituirlo? ¿Contribuye a crear las condiciones que facilitan el estado de ánimo para la asonada, la rebelión, la formación de grupos armados?

¿A dónde nos conduce el vacío de poder en materia de procuración y administración de justicia? ¿A dónde la corrupción y la impunidad a las que, por lo pronto, la sociedad rechaza con el linchamiento en las redes sociales y en el escarnio verbal en fiestas y tertulias, pero todavía sin consecuencias?

Los tres niveles de gobierno juegan con fuego, y parece no importarles quemarse las manos. La consecuencia puede ser el incendio social, y un linchamiento general llamado rebelión. Por favor, modifiquen su actitud, porque el rencor es mayor de lo que creen.
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LA COSTUMBRE DEL PODER: ¿Precandidatos sirven?

 Gregorio Ortega Molina 08 de febrero de 2018 – 00:12 CE

*Es momento de que nos preguntemos si, como electores, seremos capaces de perdonarnos a nosotros mismos, en caso de no saber elegir al idóneo para que sea el líder de la reforma del Estado, o si carecemos de la fuerza moral suficiente para rechazarlos, si ninguno reúne la capacidad profesional y los requerimientos morales e intelectuales para hacerla

 

Los electores debemos preguntarnos, ya, si los precandidatos a la vista, más los independientes que sin travesuras reúnan las firmas requeridas, son los adecuados para encabezar un gobierno de reconciliación nacional y de reforma del Estado, o nos enfrentamos al páramo en autoridad ética, moral y cívica y a la desazón con referencia al futuro inmediato.

Quien se cruce la banda presidencial al pecho el próximo 1° de diciembre, debe estar consciente del enorme cambio que debe operarse en México. Si los políticos que están en la contienda no entienden ni aceptan que el proyecto de la Revolución fue uno e integral, en el que los modelos político de gobierno y de desarrollo económico estuvieron concebidos para un país que, al momento de plasmar su idealizado futuro, tenía una población inferior a los 20 millones de habitantes, que pronto, muy pronto, debía estar alfabetizada con la cruzada de las misiones culturales de José Vasconcelos.

Insisto, si no entienden que así como al cambio proyecto económico debe corresponder la transformación del Estado, tanto para concretar el primero, como para resolver los rezagos sociales y de participación política, traicionados y preteridos en cuanto la Revolución se transformó en poder, podremos afirmar que no tenemos futuro.

     La reflexión que antecede, fue suscitada por la lectura de México, ¿contra toda esperanza?, texto de Luis Prados publicado en El País del último 22 de enero. Se pregunta, y nos pregunta:¿Será alguno de los tres candidatos a la presidencia capaz de sacar a México del círculo vicioso de las esperanzas fallidas?

Para centrar a sus lectores en esa realidad permanente, terca, siempre presente porque los humanos nos negamos a verla, Luis Prados se sirve de referencias directas al libro de memorias de Nadiezhda Mandelstam, viuda del poeta Ósip Mandelstam, muerto en el gulag en 1938, titulado precisamente Contra toda esperanza. Transcribo, para desesperación de Carlos Ferreyra Carrasco:

“Nada liga tanto a la gente como el crimen compartido. Cuanto mayor sea el número de personas comprometidas, manchadas, implicadas, cuantos más chivatos, traidores y delatores, tantos más habrá partidarios de que el régimen dure milenios.

“Un buen día tuvimos miedo del caos y todos anhelamos de pronto un poder fuerte, una mano poderosa que encauzara los revueltos torrentes humanos. Tal vez ese temor sea el más estable de nuestros sentimientos: no lo hemos superado todavía y se transmite por herencia.

“Y así vivíamos, así cultivábamos nuestra inferioridad hasta que nos convencimos en nuestra propia piel de lo frágil que era el bienestar (…) Éramos, en efecto, seres inferiores y no se nos pueden exigir responsabilidades. Y sólo nos salvan los milagros.

“La memoria humana está organizada de tal modo que conserva de los hechos una vaga reminiscencia y su leyenda, pero no el acontecimiento propiamente dicho. Para extraer los hechos, es preciso destruir con mano dura la leyenda y para ello debe precisarse ante todo en qué círculos nació.

“Mi hermano decía que no fue el miedo ni el soborno -aunque hubo bastante tanto de lo uno como de lo otro- lo que jugó un papel decisivo en la domesticación de la intelectualidad, sino la palabra revolución, a la que nadie quería renunciar.

“No se puede vivir sin esperanzas, pero pasábamos de una esperanza fallida a otra.

“En aquel entonces ya sabíamos perfectamente el valor que tenía en nuestro país la palabra -la más terrible de todas las ficciones-, pero procurábamos no pensar en ello para conservar la bendita ilusión.

“Una sola vez en la vida quisimos hacer feliz al pueblo y jamás nos lo perdonaremos.

“Pero no, no era miedo. Era un sentimiento totalmente distinto, algo que encadenaba las fuerzas y la voluntad, la conciencia de la propia impotencia que dominaba a todos sin excepción, no solo a los que mataban sino a los propios asesinos. Aplastados por un sistema, en cuya edificación habíamos participado, en una medida u otra, todos, éramos incapaces de oponer ni siquiera una resistencia pasiva. Nuestra docilidad contribuía al desenfreno de los celosos servidores del régimen y el resultado era un círculo vicioso. ¿Cómo podríamos salir de él?”.

Es momento de que nos preguntemos si, como electores, seremos capaces de perdonarnos a nosotros mismos, en caso de no saber elegir al idóneo para que sea el líder de la reforma del Estado, o si carecemos de la fuerza moral suficiente para rechazarlos, si ninguno reúne la capacidad profesional y los requerimientos morales e intelectuales para hacerla.

No encuentro proyecto, programa, líder que nos diga: aquí estoy, y lo sigamos con la certeza de que transformaremos nuestro futuro.

www.facebook.com/ortegamolina.gregorio y www.gregorioortega.blog

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