La Costumbre del Poder: De Excélsior a Nexos, los mismos modos

Gregorio Ortega Molina 18 de septiembre de 2018 – 00:12 CE

*En cuanto a su conducta y sus lealtades que lo juzguen los limpios de corazón. Él y otros abandonaron a Manuel Becerra Acosta, y el agarrón con Carlos Payán debió ser de antología. Sus razones tendrían


Vetan a revista Nexos – Soy Mujer y …

De la Apertura democrática a la 4T los moditos de mandar no varían y el objetivo es el mismo, silenciar la crítica, aplastar los criterios independientes, unificar la opinión para imponer la voluntad del Tata Mandón.

     Retomo la nota de Rosa Elvira Vargas de La Jornada, del 30 de junio de 2007: “Conocido en la historia del periodismo nacional como el golpe a Excélsior, el capítulo que concluyó el 8 de julio de 1976 con la salida de Julio Scherer y un numeroso grupo de reporteros, escritores y articulistas tuvo como antecedente el boicot publicitario que, auspiciado por el gobierno de Luis Echeverría Alvarez, impusieron a esa casa editorial los principales empresarios del país.

     “Miles de páginas se han escrito en torno al que se considera uno de los ejercicios más ignominiosos del poder público en México contra un medio de comunicación.

     “Pero en esa efeméride del oprobio pocos recuerdan que fue desde agosto de 1972 -esto es, cuatro años antes de la maniobra que expulsó a Scherer García de la dirección del matutino- cuando los grupos empresariales, auspiciados por el entonces presidente Luis Echeverría Alvarez, suspendieron la compra de espacios para anunciarse en las páginas del que fuera considerado en su momento uno de los cinco mejores periódicos del mundo”.

     Si la relación entre AMLO y los empresarios fuese similar a la del gobierno de entonces, a través de la Comisión Nacional Tripartita, el actual presidente de México no hubiese necesitado de Irma Eréndira Sandoval para desahogar su berrinche.

     Posiblemente Julio Scherer Ibarra susurró al oído de su patrón el modo y el momento de hacerlo, lo que no era necesario salvo la necesidad de mostrar músculo. Lo ha repetido desde que inició: no es florero.

     Muchas son las anécdotas sobre la manera en que el Excélsior sobrevivió económicamente y no faltó el salario a los miembros de la cooperativa y los colaboradores. Quizá el propio Echeverría tuvo algún reconcomio, porque instruyó a Guillermo Martínez Domínguez, entonces director de Nacional Financiera, para que abasteciera de numerario a esa casa editorial, obviamente con la indicación de que el mismísimo Scherer supiera a quién le debía el favor.

     Naturalmente Nexos no consume los mismos recursos económicos y, en apariencia, no tiene los mismos alcances ni penetración, pero la era digital que vivimos modifica esa percepción, así como el manejo de estudios y estadísticas que hacen quienes colaboran con Héctor Aguilar Camín.

     Desde hace días y ahora abundan las acusaciones contra el señor Aguilar Camín, y lo menos que le dicen es intelectual orgánico enriquecido a la sombra de Salinas de Gortari. Puede afirmarse que aprovechó su oportunidad, como muchos otros intelectuales lo hicieron. Unos a la sombra del poder político, otros desde el cobijo de Televisa. En ese ámbito nadie se salva, al menos en esta época iniciada durante el gobierno de Miguel Alemán.

     Los pecados de Aguilar Camín son otros, como su conflicto de entendederas con Emilio Uranga. Es mejor historiador y ensayista que novelista, y como articulista logra niveles de excelencia.

     En cuanto a su conducta y sus lealtades que lo juzguen los limpios de corazón. Él y otros abandonaron a Manuel Becerra Acosta, y el agarrón con Carlos Payán debió ser de antología. Sus razones tendrían.

     En una mesa del Sanborn’s de los Azulejos me lo presentó Salvador Reyes Nevares, ahí y en esa misma reunión conocí a Carlos Monsiváis. Héctor era modesto de solemnidad, un pobretón digno. Hoy no lo merecemos. Este capítulo debe regresarlo a su cordura original y a la inteligencia que lo caracteriza. Aunque puede que no.
 
AMLO nos quiere ver la cara

El presidente de México se quiere pasar de listo. Queda claro que las firmas para enjuiciar a los expresidentes no fueron suficientes. De ahí que decidiera impulsar ese juicio mediático, con su muy personal estilo, a través del Senado de la República. A west point quiere que haya circo, porque legal y jurisdiccional el asunto sólo requiere de dar un paso: convertir en indiciados a sus némesis y ser específico en la denuncia sobre cuáles son los delitos que les imputaría.

     La pregunta que propone es una tontería. Demasiado abierta, porque lo mismo pueden ser acusados y enjuiciados por no pagar sus impuestos, que por una infracción de tránsito o por acoso sexual, o simplemente por robo durante su administración. ¿Pero, dónde están las pruebas?

     Lesiona a las instituciones y a la SCJN. Opinen si no, lectores: “¿Está de acuerdo o no conque autoridades competentes, con apego a las leyes y procedimientos aplicables, investiguen y en su caso sancionen la presunta comisión de delitos de los expresidentes, Salina, Zedillo, Fox, Calderón y Peña antes, durante y después de sus respectivas gestiones?”

     ¡Vaya cachaza! Seguro cree que todos los mexicanos somos sus pendejos. Y todavía se atreve a coaccionar emotiva y socialmente a Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze.


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La Costumbre del Poder: 4T “chatarra”

Gregorio Ortega Molina 17 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*Pero demos gracias a AMLO porque estamos en el umbral de la 4T. Un empujoncito más y la caída en el precipicio nos hará olvidar toda indignidad, porque estaremos muertos


Pin de Ferlún Sarrosé en Mexican Curious! | Recetas de comida mexicana,  Gastronomia, Recetas de comida

Recuerdo con desazón ciertas percepciones que la clase gobernante tuvo de la sociedad bajo su resguardo. Ayer, como hoy, ni idea tienen de lo que realmente necesita y/o desea ese pueblo bueno y sabio que los sostiene en el poder con su hambre, sus muertos, sus desgracias y desaparecidos y víctimas de las políticas públicas.

     Ya en pleno funcionamiento el Fondo Nacional para Actividades Sociales (FONAPAS), su presidenta, Carmen Romano de López Portillo, solicitó, obtuvo y difundió su idea de dieta para fortalecer la salud de mexicanos. Entre las propuestas recuerdo el desatino del salmón, como si a los de a pie les alcanzara para comprar algo más que sierra o pulpo o piel y cabeza para sopa de pescado.

     Lo de la señora Romano de López Portillo puede tildarse de mezcla de ingenuidad y cinismo. Lo de hoy rebasa toda adjetivación. Pensé en el término demagogia, pero es insuficiente. Quizá resulta una mezcla de perversidad y cinismo y concupiscencia por el poder sin límites, debido a un rencor que jamás quedará satisfecho.

     Suponer que los ingenuos mexicanos creemos que con prohibir la venta de comida chatarra a niñas, niños y adolescentes soluciona los problemas de alimentación, obesidad, hipertensión y diabetes, equivale a considerarnos menores de edad, o como nos calificara el gran tlatoani, que nos ve como si fuésemos sus mascotas.

     En lo personal eludo las frituras, porque mi educación alimenticia fue orientada a la salud. Tampoco bebo refrescos y nunca me detengo a comer en un puesto ambulante, ni los exquisitos tacos de canasta. Los busco en comercios establecidos.

     Si piensan que nos van a dar salud por ley y nosotros les compramos el cuento, es que nos consideran muy, pero muy “pendejos”, porque para alimentarse para la salud se requiere educación y un mínimo bienestar económico, pues de otra manera se andará a la caza de las “guajolotas”, las tortas de chilaquiles, las gorditas de chicharrón y otras “frituras” más dañinas que las que se comercian en las misceláneas, los tianguis y los súper.

     Seamos valientes para reconocer que los problemas derivados de la obesidad, la hipertensión y la diabetes, en una nación como la mexicana derivan de la deficiente educación y de la pobreza alimentaria y la miseria. A los que les aprieta el hambre, terminan por meterse a la boca lo que encuentran.

     Queda cerca de casa uno de los contenedores de basura de la zona, lo que me permite ser testigo del crecimiento y desarrollo de la pepena, pues los menos jodidos físicamente se apiñan para llevarse lo que pueden vender: latas, envases; los que la traen atrasada van comiendo en la medida que sacan lo que no les causa tanto asco, tanta náusea.

     Pero demos gracias a AMLO, estamos en el umbral de la 4T. Un empujoncito más y la caída en el precipicio nos hará olvidar toda indignidad, porque estaremos muertos.


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La Costumbre del Poder: AMLO no es demócrata

Gregorio Ortega Molina 16 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*Si lo fuera no se serviría del poder de la institución presidencial para dividir al país, escarnecer y exhibir a sus enemigos, facilitar la tranza de las adjudicaciones directas, violentar la independencia y autonomía de los poderes Legislativo y Judicial; tampoco violentaría el debido proceso, ni la secrecía de las carpetas judiciales que están en curso de investigación

 
Así respondió AMLO a Lorenzo Córdova por citatorio que le hizo el INE  Córdoba al día

Es de Enrique Krause la propuesta y el ensayo Por una democracia sin adjetivos. En el título aportó lo que por definición de la palabra es. Este ejercicio de participación ciudadana en política no puede ni debe adjetivarse, como tampoco puede establecerse una cantidad. Se es o no demócrata. No hay más ni menos democracia. Es el respeto y la práctica de un derecho que los gobernantes deben garantizar.

     El último 25 de agosto José Woldenberg y José Ramón Cossío publicaron, en El Universal, textos de ineludible lectura sobre el riesgo que corre el ejercicio de nuestros derechos fundamentales, notoriamente los que amenazan la libre elección de nuestros gobernantes, sobre la que se ejerce una enorme presión para enajenar la libertad del voto secreto. El arma principal son los plásticos de los programas sociales que, supuestamente, tienen la función de promover el consumo. Olvidan, los promotores de ese dispendio, que se fondean con recursos fiscales, y ante la recesión pronto empezarán a escasear.

     Además, el efecto de esa peregrina idea de reactivar la economía por el consumo, y no gracias a la creación de empleos e impulso a la producción, tendrá efectos negativos en la relación sociedad-gobierno, porque habrá hambre, lo que propiciará mayor violencia e inseguridad y linchamientos, por la ausencia de Estado allí donde los malandros y los hambrientos creen que podrán imponer su voluntad.

     Lo primero que tenemos que reconocer es que la democracia en México no existe, pues en la mayoría de los ámbitos de la actividad y la vida continúa aplicándose la ley del más fuerte, la tranza política y la línea para garantizar esa impunidad que tanto daña.

     En los hogares no hay democracia -de ahí tanto feminicidio-, como tampoco en los sindicatos, en las oficinas (donde el acoso sexual hace de las suyas), en las instituciones de educación superior, en la administración pública… José López Portillo definió bien el comportamiento de los mexicanos, donde sólo sus chicharrones truenan.

     ¿Es AMLO un demócrata? Si lo fuera no se serviría del poder de la institución presidencial para dividir al país, escarnecer y exhibir a sus enemigos, facilitar la tranza de las adjudicaciones directas, violentar la independencia y autonomía de los poderes Legislativo y Judicial; tampoco violentaría el debido proceso, ni la secrecía de las carpetas judiciales que están en curso de investigación. Mucho menos violaría la Constitución como lo hace, aunque es preciso señalar que en este país y desde hace mucho, los presidentes de la República incumplen, por norma, el mandato constitucional.

     Que no nos vengan con el cuento de que la democracia está en riesgo. Es urgente que reconozcamos que la tal democracia en México es un esbozo, un apunte, un inicio de vida en sociedad, y también es muy importante aceptar que los culpables de que así suceda no son nada más los gobernantes. Somos, los mexicanos todos, corresponsables de que así suceda, porque estamos dispuestos a creernos nuestro cuento y nos da güeva asumir la responsabilidad de defender nuestros derechos. Al menos a la mayoría.


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La Costumbre del Poder: ¡Mátenlo!

Gregorio Ortega Molina 15 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*Sacar a las Fuerzas Armadas a las calles a desempeñar funciones policiacas tiene ya un costo humano, social y político. No se trata de tolerar crímenes como el de Georges Floyd, pero tampoco es menester que los jefes de los soldados fallecidos informen a los deudos que sus familiares murieron. Evitar bajas puede requerir ocasionar muertes a los enemigos

El Universal' revela video de militares disparando contra criminales; uno  de ellos queda vivo. «Mátalo, mátalo, a la ver…» - Libertad Bajo Palabra

Las diferencias entre el orden civil y militar son muchas, algunas sutiles y otras absolutamente claras. La misma palabra adquiere un concepto distinto para cada uno de esos ámbitos. A veces hasta contradictorio.

     Pacificar, limpiar las calles, poner orden, purificar a México, no indican lo mismo para los milites que para los licenciados (sean abogados, economistas o pseudo profesionales de la política). La divergencia entre la manera de entender la misma voz de orden, muestra el modito de ser del mexicano, nacido de un mundo violento, cruento, traicionero. La fiesta de las balas de Martín Luis Guzmán, o Pedro Páramo de Juan Rulfo… también La muerte tiene permiso de Edmundo Valadés, son notorias narraciones de la literatura mexicana en las que se muestran rasgos del carácter que distingue a esta raza de bronce. Los muertos nos hablan y la calavera nos pela los dientes, como dijera Pepe El Toro, esencia del cine mexicano en Nosotros los pobres.

     Muchos integrantes de las corporaciones policíacas mexicanas decidieron abandonarlas cuando “sintieron” que, por cumplir con su deber, se les enjuiciaría y sancionaría por violar los derechos humanos. Al menos dejaron de cumplimentar órdenes de aprehensión. “Salen a jugársela y los matan”, me argumentaron algunos amigos y conocidos que llegaron a ser capitanes, comandantes e incluso directores en alguna de las constitucionales e inconstitucionales policías del país.

     Con los militares es diferente. Los subordinados tienen muy claras sus funciones y lo que indican las instrucciones de los superiores. Poner orden dista mucho de dejar aseado y limpio el catre y lustradas las botas; limpiar las calles obviamente no significa barrerlas; pacificar requiere vencer al enemigo, de ninguna manera abrazarlo.

     Si entre los civiles prefieren “adjudicar los fracasos y las derrotas a mínimos caprichos del azar, como si eso disculpara las distracciones o sus equivocaciones”, no ocurre lo mismo en el mundo castrense, sea en la Marina o en la Defensa Nacional. Los errores se sancionan, muchas veces con severidad, y allí las órdenes se cumplen porque se cumplen.

     Antes de poner el grito en el cielo al escuchar la orden ¡mátenlo!, debemos investigar las causas y establecer si se cometió un desatino porque el ejecutado fue, en apariencia, víctima de secuestro; una reacción equivocada, o sólo correspondió al tamaño de la ofensa que recibieron los soldados por actuar como punta de lanza contra el narcotráfico. En ese campo de batalla, los sicarios no abrazan, perdonan ni justifican.

     Cuando “por accidente” matan civiles en Monterrey, en Tamaulipas, en las inmediaciones de “La Boquilla”, debemos preguntarnos de dónde provino la orden, porque sería más grave descubrir que los soldados y marinos mexicanos son de gatillo fácil y bragueta abierta, dispuestos a cualquier violación, aunque sean mujeres muy mayores.

     Sacar a las Fuerzas Armadas a las calles a desempeñar funciones policiacas tiene ya un costo humano, social y político. No se trata de tolerar crímenes como el de Georges Floyd, pero tampoco es menester que los jefes de los soldados fallecidos informen a los deudos que sus familiares murieron. Evitar bajas puede requerir ocasionar muertes a los enemigos.

     Creo que estamos ante la necesidad de acostumbrarnos a vivir en un país de ejecuciones sumarias, desde uno y otro lado de la lucha contra el narcotráfico. Pero que esa idea se haga chicharrón.

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La Costumbre del Poder: ¡Quemarlo todo!

Gregorio Ortega Molina 14 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*La 4T está dispuesta a quemarlo todo en esa confrontación cotidiana entre mexicanos alentada por el tlatoani. Si así continúan, la noche de los cristales rotos palidecerá, porque los agravios, figurados o reales, son muchos, y porque el escarnio matutino hace su trabajo todos los días


Grupos feministas, durante la manifestación frente a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

La piromanía y el poder han caminado de la mano. La necesidad del fuego, la exigencia de quemarlo todo se muestra de diferente manera, no necesariamente se expresa en llamas y cenizas, sobre todo cuando el ansia, el anhelo, el sueño desorbitado es purificar al país.

     Nerón, Adolfo Hitler y Harry S. Truman necesitaron consumir su mundo en el fuego. Roma debía arder… el Reichstag convertirse en cenizas para hacerse con el poder, e Hiroshima y Nagasaki fueron necesarias para que la humanidad jamás olvidara los crímenes de la Segunda Guerra Mundial.

     Pero hay otras maneras de quemarlo todo… grotescas y perversas y peores, porque conducen a los humanos a aceptar su propia humillación como una merced que les permite sobrevivir, y así agradar al tata mandón. Fueron millones los arrasados por el hambre con la que José Stalin sacrificó a buena parte de su pueblo, para construir su utopía cimentada en el terror. El Gulag y los campos de concentración nazis son la otra vertiente de ese fuego interior que domina a los desorbitados por el poder.

     Acá, en tierra de indios, criollos y mestizos, herederos del fuego dejado por la Conquista y la Independencia, fueron incapaces de consumir los rescoldos de los pueblos originarios; tampoco sirvieron para arrasarlos los rencores de caciques y gobernantes que, por razones ignotas, fueron incapaces de despojar de todo a los gobernados que, pacientes y ladinamente agazapados, esperan la oportunidad de pasar la factura… porque siempre es el pueblo el que paga las derrotas: lo mismo la de la mutilación del territorio nacional que la de la traición al proyecto de la Revolución, que el truene de Pemex.

     El escenario de lo que hoy vivimos y padecemos los mexicanos, está puntualmente descrito por Eduardo Sacheri en su novela La noche de la usina. La cita es extensa, pero reveladora del comportamiento de estas personitas que dicen gobernar:

“Uno tiene su vida. Buena, mala, la que tiene. La viene usando desde que nació. La cuida. Se preocupa por conservarla, por ir poniéndole cosas. Todo lo que a uno le pasa, todo lo que aprende lo introduce en esa vidita que tiene. Uno no piensa en lo frágil que es. O sí, pero a veces. Tampoco uno se puede pasar la vida pensando en lo frágil que es la vida, porque la angustia sería perpetua, insoportable”.

     La vida de la Independencia fue quebrada por la invasión, la ocupación y la incapacidad de los caudillos. La retórica era de dignidad; la praxis, de claudicación y fracaso.

     La Revolución quiso abarcarlo todo y sólo logró consolidar una parte antes de la traición a su proyecto de nación. Los políticos y gobernantes fueron los artífices de su hundimiento, pero -en buena medida- el silencio de los gobernados, su vidita, contribuyó a la quema de lo que debió ser y no fue.

     Nos desentendimos ayer, como hoy. Ahí anda AMLO en pos de la restauración de una presidencia imperial que resulta inoperante, por más que acumule poder legal… cuando la autoridad real e incuestionable está en esos espacios de la república en los que la autoridad del Estado no existe.

     La 4T está dispuesta a quemarlo -lo mismo en “La Boquilla” que en las oficinas de la CNDH o que en Notimex- todo en esa confrontación cotidiana entre mexicanos y alentada por el tlatoani.

     AMLO que presume saber de historia, la olvida. El tema del agua no es nuevo. Emilio Portes Gil, en su informe de 1929, puntualizó: “Se ha realizado en esta capital un periodo de sesiones de la Comisión Internacional de Aguas entre México y los Estados Unidos de América. Los fines del trabajo de esta Comisión son los de estudiar, desde puntos de vista exclusivamente técnicos, la distribución y aprovechamiento de las aguas de los ríos fronterizos Bravo del Norte, Colorado y Tijuana, y discutir los detalles correlativos de un proyecto de tratado especial entre ambos países, el cual proyecto deberá ser después discutido y perfeccionado por los dos Gobiernos, hasta llegar a un acuerdo mutuamente aceptable”.

     Obviamente las usuras propias de la naturaleza han propiciado una revisión periódica de ese Acuerdo. Se hicieron correcciones importantes, como la devolución de El Chamizal, por las desviaciones del cauce del río. Y más que continúan en proceso. Me resulta incomprensible la prisa de AMLO por quedar bien con el gobierno de Estados Unidos y atender las sugerencias de los capitostes de Black Rock. Me recuerda esa actitud del general Álvaro Obregón en su urgencia por ser reconocido… lo convirtió en el primer traidor de la Revolución, al intentar reimplantar la reelección.

     Si así continúan, la noche de los cristales rotos palidecerá, porque los agravios, figurados o reales, son muchos, y porque el escarnio matutino hace su trabajo todos los días. Una confrontación social y armada entre 120 millones de mexicanos no es administrable, pero no lo entienden. Están poniéndole cosas a su vidita.

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La Costumbre del Poder: El mal, poder y política V/V

Gregorio Ortega Molina 11 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*La impostura de la 4T convierte a la sociedad entera en palo de gallinero, sólo los integrantes del gobierno son gallinas

Libro La Gravedad Y La Gracia, Simone Weil, ISBN 42813477. Comprar en  Buscalibre

Ser malo equivale a acostarse con el enemigo, sobre todo en asuntos de poder y de relaciones humanas. La alteridad se pervierte cuando se gobierna con dobles y hasta triples intenciones; se trastoca cuando el engaño lo pagan, siempre, los que menos tienen. El mal, en política, es un asunto de pantalones largos y mirada torva. Allí están las imágenes.

     Que la sociedad pueda siquiera concebir la duda acerca del mal en la cúspide del poder está difícil, porque “una vez hecho, al mal ya no se le conoce, porque el mal rehúye la luz”, dejó anotado Simone Weil en La gravedad y la gracia. Y va más allá.

     “¿Existe el mal, tal como se le concibe, cuando no se hace? ¿No resulta el mal que se hace algo sencillo, algo natural que se impone? ¿No es semejante a la ilusión el mal? Cuando se es víctima de una ilusión, uno no la siente como tal, sino como una realidad. De igual forma puede ser el mal. Cuando se está en el ámbito del mal, uno no lo siente como mal, sino como necesidado aun como deber.

     “Una vez hecho, el mal se presenta como una especie de deberLa mayoría de los hombres (sobre todo los concupiscentes del poder) poseen el sentimiento del deber para ciertas cosas malas y otras buenas. Un mismo hombre siente como un deber el vender tan caro como pueda y el no robar, (combatir la corrupción y tolerarla o consentirla), etc. En sus casos, el bien se halla a la altura del mal, y es un bien carente de luz.

     “El acto malvado supone un traspaso al prójimo de la degradación que uno lleva en sí mismo. Por eso se inclina uno por él como si lo hiciera por su liberación”.

     Es en este contexto que adquiere su importancia política y ética el eslogan de primero los pobres… es el mantra que resuelve, en el interior de quien lo hizo su bandera, la alteridad que nunca encontró, y supuestamente conjura su sensación de rechazo. Es el resentimiento absoluto como motivación del poder, como lo muestra la prohibición de tener cualquier contacto comercial con el grupo Nexos. Equivale al “ya perdoné a Calderón por robarme la elección” o a la afirmación de que los que nada tienen que ocultar, nada deben, tampoco tienen por qué preocuparse de las acusaciones de Emilio Lozoya, mientras la fama pública se degrada y el escarnio destruye familias enteras y es espoleta para una guerra civil larga y cruenta.

     Demos contexto y fin al tema, con un párrafo de El problema de ser eterno, artículo de Juan Arnau Navarro en torno al dolor de la eternidad en la obra de Soren Kierkegaard, publicado en El País el último tres de septiembre: “La desesperación es una pasión impotente, pues no es capaz de realizar su propia extinción (esa es la ilusión del suicida). El desesperado cabal desespera por no poder destruirse. Y es lógico, pues la desesperación prende fuego a algo ignífugo: el espíritu. La vida es desesperada si falta la posibilidad, pero tan desesperado es quien carece de posibilidades como quien no tiene ninguna necesidad. Hasta cierta edad se vive de esperanzas y posibilidades, y éstas van menguando hasta que todo es necesidad. El que se hace ilusiones no es menos desesperado que el que no se las hace. El fatalista también es un desesperado. Ignora que la personalidad es síntesis de necesidad y posibilidad. La posibilidad es como la respiración: un continuo flujo de aspiraciones y el yo fatalista no respira, la pura necesidad lo asfixia. Sólo el que comprende que todo es posible entra en contacto con lo divino. Tan desesperado es el soñador como el burgués banal y sin imaginación que vive a impulsos de lo agradable y lo desagradable y carece del coraje de ser un espíritu. Frente a esas evasivas, Kierkegaard propone vivir y profundizar en la paradoja absoluta del espíritu. Quien evita la paradoja es como el amante que teme la pasión. No sabe que la aspiración última de la pasión es su propia desaparición, y eso es imposible”.

     La impostura de la 4T convierte a la sociedad entera en palo de gallinero, en un país donde sólo los integrantes del gobierno son gallinas.

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La Costumbre del Poder: El mal, poder y política IV/V

Gregorio Ortega Molina 10 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*Es cierto, la procuración y administración de justicia están pervertidas, pero hoy y debido al mal, las pervierten más para garantizar la impunidad de los que gobiernan y jalarle, sin temor, los bigotes al tigre

Los testamentos (Narrativa): Amazon.es: Atwood, Margaret: Libros


La narrativa del mal no es única ni universal. Está determinada por la fe religiosa y la confianza en la humanidad; también por las disputas para imponer culturas y hábitos civilizatorios, o simplemente para hacerse con ese poder que a muchos embelesa.

     Tampoco anida exclusivamente en las palabras. Basta con observar atentamente la mirada del presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, al tiempo que escucha al gobernador de Querétaro descalificar los dichos de Emilio Lozoya Austin. El mal es una actitud en la alteridad.

     La descripción de Margaret Atwood en Los testamentos es magistral. “En la jerarquía del poder, a los únicos a los que se les permite bromear es a los de arriba, y cuentan sus chistes en privado”. La intolerancia y la mala leche de quien manda se muestra en la descalificación a la torpe e ineficaz crítica a su familia. Olvida que, al hacerse con el poder, sus seres queridos adquieren el estatus de personas de interés público. Lo hagan bien o mal serán criticados.

    La maldad es escarnio, intolerancia, descalificación, elegir a unos por encima de otros. Recurramos a Atwood de nueva cuenta: “¿Coinciden conmigo en que los seres humanos son desgraciados cuando se encuentran sumidos en el caos? ¿En que las reglas y los límites promueven la estabilidad y, por consiguiente, la felicidad? ¿Me siguen, por ahora?”

     El mal en política cabe en las descripciones que Simone Weil hace de esa actitud de los malosos: “El mal es ilimitado, pero no infinito. Sólo lo infinito limita lo ilimitado”.

     “Monotonía del mal: nada nuevo, todo en él es equivalente. Nada real, todo en él es imaginario”.

     “Merced a esa monotonía, la cantidad desempeña un gran papel… El mal es la licencia y por eso es monótono: todo hay que sacarlo de uno mismo. Mas no le es dado al hombre crear. Trátase de un intento fallido de imitar a Dios”.

     Si abrimos los oídos y las entendederas al discurso matutino y a las confrontaciones que inicia y/o atiza todas las mañanas, podremos establecer equivalencias y analogías para saber que más que el huevo de la serpiente, lo que se incuba desde el poder es la imitación de una deidad olímpica, pero monótona en sus acusaciones y en la ausencia de soluciones reales, verdaderas y a largo plazo.

     Ese mal sienta sus reales en los símbolos, que nada más alientan un imaginario colectivo a pesar de ser ajenos a esa realidad que es necesario conocer y aceptar para, al menos, modificarla un poco, un poquito, porque los cambios radicales no existen. Destruir un modelo de desarrollo, una formación cultural, exigen muchos años de tesón y trabajo unido entre sociedad y gobierno, lo que hoy no es el caso.

     Es cierto, la procuración y administración de justicia están pervertidas, pero hoy y debido al mal, las pervierten más para garantizar la impunidad de quienes gobiernan y jalar, sin temor, los bigotes al tigre.


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La Costumbre del Poder: El mal, poder y política III/V


  Gregorio Ortega Molina 9 de septiembre de 2020 – 00:12 CE


 *El mensaje del engaño no es selectivo, es general y perverso. Lo adquiere quien necesita, con urgencia de vida, asirse a un rayito de esperanza, por falso o ilusorio que resulte. Este mal es sutil y más dañino que la cámara de gas


Libro Juegos Funerarios, Mary Renault, ISBN 42851562. Comprar en Buscalibre

El mal en política sí existe. Es el cimiento de los crímenes violentos y sociales diseñados y ejecutados desde el poder; también de la impunidad, de los juicios sin debido proceso, de las ambiciones personales embozadas en el “amor” a los pobres, en la distorsión de la realidad para servir a intereses personales, y en la cooptación de la inteligencia que hubiera sido luz, como ocurre con el autor de Los corruptores.

     Dejemos a la pluma de Albert Camus expresar su opinión sobre el tema: “La política y la suerte de los hombres están hechas por hombres sin ideal y sin grandeza. Los que tienen alguna grandeza dentro no hacen política”. Así lo asentó en sus Cuadernos I, en diciembre de 1937. Debimos haber aprendido algo desde entonces.

     Los nombres que engalanan el catálogo de las dictaduras iniciadas en el período de entre guerras y posteriores, pueden dar fe de la presencia y el poder del mal, que ahora se ha sofisticado, porque además de oficializarse en la legalidad incuestionable de las urnas, se establece con complicidades amarradas con la delincuencia organizada, notoriamente el narcotráfico. Nos venden el cuento de la lucha contra la corrupción y el rescate de la dignidad de los pobres, para continuar hozando en las mismas tumbas clandestinas y en los fajos de dólares con aroma de muerte.

     Medito en las dos frases rescatadas para la novela histórica por Mary Renault en Fuego en el Paraíso. Son emblemáticas para el tema y para conducir la reflexión.

     “Uno debe comprender bien el carácter de los hombres con quienes tiene que luchar”.

     “… los servicios del transgresor siempre deben compararse con sus delitos, y sólo si éstos son mayores que los primeros debe castigársele”.

     En ese contexto, cuántos ídolos políticos podemos rescatar para la dignificación de la historia de las civilizaciones. ¿Robespierre, Marat, Danton frente a Napoleón y su Código? ¿Los césares ante Hitler, Stalin, Trotsky? ¿Truman, ante Churchill, De Gaulle? ¿Los héroes de las independencias latinoamericanas frente a los milicos del cono sur, los sandinistas y los guerrilleros centroamericanos? Para muchos colombianos Pablo Escobar Gaviria fue un benefactor.

     Le guillotina, el gulag, los campos de concentración, el terror atómico, el terrorismo religioso e ideológico ¿tienen mayor identidad con el mal que esa narrativa política que engaña y deforma y confiere más poder a quien la administra desde la autoridad constitucional, con la ayuda de los medios de comunicación, las redes sociales y la credibilidad de los ingenuos y/o muertos de hambre?

     El mensaje del engaño no es selectivo, es general y perverso. Lo adquiere quien necesita, con urgencia de vida, asirse a un rayito de esperanza, por falso o ilusorio que resulte. Este mal es sutil y más dañino que la cámara de gas.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: El mal, poder y política II/V

Gregorio Ortega Molina 8 de septiembre de 2020– 00:12 CE

*Las deformidades congénitas o accidentales no necesariamente son motivo para ser malo, perverso, cruel y, de una u otra manera, satisfacer las pequeñas o grandes venganzas, los rencores nacidos con los fracasos o el origen social, o quizá también debidos a esa falta de reconocimiento que se anhela, pero no se es capaz de obtener

Ediciones Colihue | Sobre héroes y tumbas | Ernesto Sabato | 980-276-380-2

Las dificultades para distinguir los efectos del mal en la sociedad, o encontrar su hilo negro en las políticas públicas de bienestar y seguridad son crecientes, debido a la demagogia, la credulidad y la diversidad de máscaras con las que quienes ejercen el poder se cubren el rostro.

     Imposible compararlas con las de la tragedia griega, las usadas en los rituales de antiguas tribus que todavía cuentan con algunos sobrevivientes. Mejor poner atención en estos disfraces modernos, con los que los poderosos desean atribuirse dignidad y respeto. Las sotanas y los símbolos civiles de poder, como la banda presidencial y la bandera, la toga de los ministros de la Corte, el mazo del presidente de la Cámara de Diputados, también sirven para ocultar la acción del mal.

     Son idénticos la pederastia cubierta de alzacuellos y hábitos, que los crímenes políticos amparados en el aura de un poder constitucional. Servirse de la ley para torcerla, es como usar de la plegaria religiosa para seducir y violar y matar todo aliento de futuro.

     Pero volvamos al mal y su origen y destino. Las deformidades congénitas o accidentales no necesariamente son motivo para ser malo, perverso, cruel y, de una u otra manera, satisfacer las pequeñas o grandes venganzas, los rencores nacidos con los fracasos o el origen social, o quizá también debidos a esa falta de reconocimiento que se anhela, pero no se es capaz de obtener.

     Sin embargo, me inquieta este asunto de la ceguera, por la asociación que del mal hacemos con la oscuridad, aunque estar imposibilitado de ver puede generar otras aptitudes o dones. Tiresias el ciego vivió en la oscuridad, pero fue bendecido con la capacidad de anticipar lo que estaba próximo o distante a suceder.

     ¿Por qué asociamos lo malo con lo oscuro? Quizá será necesario releer Sobre héroes y tumbas (informe sobre ciegos), para incursionar en las razones que pudieran inducir a los que no ven a coquetear con el mal, a visitarlo o permitir que los visite, y así determinar esos comportamientos que alarman y alertan a las buenas conciencias y a las autoridades.

     Las pupilas sin luz, pero vivas, propician confusión y temor. Los ciegos no pueden vernos con sus ojos, nos sienten y nos palpan con otros sentidos, perciben nuestro comportamiento como los que sí vemos creemos verlo en los ojos del alma. El mal sólo en raras ocasiones está a flor de piel. Hannibal Lecter necesitaba satisfacer su gusto por el canibalismo.

     Escribió Sábato en su novela arriba mencionada: “Hecho curioso: pensé que había llegado hasta mí en virtud de un incomprensible pero tenaz llamamiento de mí mismo. Todavía ahora, con los plenos poderes de mi mente, no sé cómo explicarlo: era verdad que yo era un prisionero de la Secta y que aquella mujer, con la que tendría el más tenebroso de los ayuntamientos, era parte del castigo que la Secta me tenía destinado, pero también el punto final de una persecución…”.

     La pregunta es ineludible: ¿será que los humanos, muchos al menos, andan tras el mal, como otros persiguen el bien? A saber.
 
Muñoz Ledo. Importante para Morena y para México que Porfirio Muñoz Ledo se apunte para contender por la presidencia de ese organismo político, que no acaba de conformarse como partido. Él sí tiene la autoridad moral para convocar a la unidad y dar forma a lo que no la tiene.
 
Austeridad en los partidos políticos. El presidente de la República solicita a los partidos reducir sus dineros, para dedicarlo a la pandemia. Me pregunto, ¿por qué la oposición institucionalizada sí, y sus proyectos personales no? Es más importante la vida de sus gobernados que la refinería de Dos Bocas, que el tren maya o el transístmico, o que el aeropuerto, o Chapultepec. La justicia económica inicia en casa.


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LA COSTUMBRE DEL PODER: El mal, poder y política I/V

Gregorio Ortega Molina 7 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*Ser invidente no significa estar poseído por el mal. Tampoco la ignorancia implica que tengas maldad en el corazón y la razón. ¿Puede un deficiente mental ser víctima del mal? ¿Hay, en el conocimiento, una puerta de acceso a la maldad? ¿Son simbióticos el mal y la violencia, o con el crimen organizado, especialmente con la trata y el narcotráfico? ¿Son las fosas clandestinas la más acabada expresión del mal? ¿O lo es el engaño político?

Invítame a un libro: ENSAYO SOBRE LA CEGUERA de José Saramago

Durante una conversación después de cenar, el inspector Jules Maigret pregunta a su amigo, el doctor Pardon, si considera que existe el mal porque sí, químicamente puro. La respuesta es imprecisa.

     El mal tiene sus vertientes. Es comportamiento y consecuencia; origen y desenlace; desafío religioso y/o moral y, al mismo tiempo, social y civil; es instrumento de control y poder, ya sea económico, político o sexual y familiar. Es, definitivamente, un modelo de coerción para establecer líneas de mando irrompibles. Ni con la muerte se acaba el contrato, porque no pocas veces son los hijos los que pagan el mal causado por los padres.

     Imposible ser malo a medias, como bueno un poquito. Jesús critica a los tibios de corazón. Como seas y lo que seas, es necesario serlo a fondo, de lo contrario pasas desapercibido para tus allegados, o de plano te conviertes en un cero a la izquierda. Lobos con piel de cordero y los mediocres terminan por enseñar las orejas. La simulación es un arte que desgasta y lesiona, sin importar que se ejerza desde la cúspide del poder, ya sea espiritual o político.

     Pero, ¿tienen características físicas esos malos-malos que permiten identificarlos? ¿Es cierto que las circunstancias modifican el comportamiento, y ante el riesgo de perder la vida de tus seres queridos, eres capaz de actuar con simulación, malicia y maldad y hacer daño? Los fracasos profesionales y sociales ¿te agrían el carácter y siembran rencor que te transforma en ser humano propenso al mal?

     Los códigos de conducta y comportamiento se modifican tanto como cambian los hábitos culturales y religiosos, profesionales y sociales. La codicia puede convertirte en cónyuge modélico mientras esperas el fallecimiento de los padres de tu pareja, que la heredarán con cuantiosa fortuna. El mal se agazapa para echarle la mano a la riqueza, adquirir poder, y así, de manera impune, infligir daños, pequeños y mayores, pero siempre con la intención de demostrar el mando, hacerlo sentir, demostrar que se puede, nada más porque se puede.

     Pero creo que sí es posible que haya características físicas que favorecen el cultivo del mal. Cuando por angas o mangas se ha sido mutilado, o se nació con un defecto congénito, como la ceguera, por ejemplo.

     En Ensayo sobre la ceguera José Saramago nos ofrece un catálogo de ese comportamiento espejo de los que gozan de la vista frente a los que dejaron de recibir la luz. Es como una explicación ampliada y moderna a lo ocurrido a Pablo de Tarso camino de Damasco. Enceguecido por el destello, el rayo inexplicable y el anuncio de un nuevo conocimiento, de la fe y la verdad, permanece a oscuras, ciego -por unos días- hasta estar dispuesto a recibir la verdadera luz. Es hasta entonces que recupera la vista. También es la alegoría de la Caverna. No pocos viven en ella.

     El asunto es más complicado. Ser invidente no significa estar poseído por el mal. Tampoco la ignorancia implica que tengas maldad en el corazón y la razón. ¿Puede un deficiente mental ser víctima del mal? ¿Hay, en el conocimiento, una puerta de acceso a la maldad? ¿Son simbióticos el mal y la violencia, o con el crimen organizado, especialmente con la trata y el narcotráfico? ¿Son las fosas clandestinas la más acabada expresión del mal? ¿O lo es el engaño político?

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