LA COSTUMBRE DEL PODER: Volpi-Calderón-García Luna I/V

 Gregorio Ortega Molina 21 de mayo de 2018 – 00:12


*El encubrimiento y la venganza conforman un binomio perverso en la procuración de justicia. El asunto se complica cuando a esa perversidad se añade la debilidad del que tiene la responsabilidad de gobernar, alimentada por su disminuida estatura y su falta de inteligencia, su carencia de imaginación para superar sus deficiencias y aprender a mandar como la Constitución lo señala

Reducir la corrupción a su aspecto monetario es un insulto a la inteligencia, un agravio a la procuración y administración de justicia, porque lesiona el oficio del poder y destruye -sin posibilidad de reconstrucción- la credibilidad en el Estado y sus instituciones.

El encubrimiento y la venganza conforman un binomio perverso en la procuración de justicia. El asunto se complica cuando a esa perversidad se añade la debilidad del que tiene la responsabilidad de gobernar, alimentada por su disminuida estatura y su falta de inteligencia, su carencia de imaginación para superar sus deficiencias y aprender a mandar como la Constitución lo señala; en el caso de Felipe Calderón y Genaro García Luna, como Dios manda.

Allí están las fotografías en las que el presidente constitucional de los mexicanos decide portar una gorra con cinco estrellas y casaca militar que lo hacen ver pequeño porque le quedan grandes. Lo remedió llevándonos a una guerra que para el próximo 1° de diciembre sobrepasará el cuarto de millón de muertes violentas, sin contar desaparecidos y secuestrados, víctimas de trata y de pobreza extrema y pobreza alimentaria.

El recuento que antecede es para dar contexto a mi reflexión sobre la lectura de Una novela criminal, enorme reportaje periodístico de Jorge Volpi, inscrito en la tradición de Edmundo Valadés y Vicente Leñero, con La muerte tiene permiso y Asesinato: el doble crimen de los Flores Muñoz. El mérito de Volpi es motivar inquietudes, suscitar preguntas y encontrar algunas respuestas que los responsables de lo ocurrido a Florence Cassez e Israel Vallarta se mostrarán incapaces de refutar.

     Al llegar al índice onomástico de Una novela criminal lo primero que me pregunto es si Felipe Calderón Hinojosa permitirá que sus hijos la lean y después discutir su contenido con ellos; no puedo dejar de cuestionarme hasta qué punto estuvo enterada Margarita Zavala y si don Diego Zavala se interiorizó del caso y prefirió guardar silencio.

Me muestro incapaz de eludir mi deseo de saber qué determinó exactamente a Genaro García Luna para proceder a la impostura de recrear lo que antes no sucedió en el caso de la detención de Israel y Florence, y cómo llegó a decidirse que fuesen ellos los protagonistas de un montaje cuya propuesta o idea inicial era dar la imagen de que en México se respetan los derechos humanos, se procura y administra justicia conforme a la Constitución.

¿Atendió el AFI mayor una instrucción de su presidente, y la combinó con su “relación profesional” con Eduardo Margolis, para satisfacer dos exigencias de un solo golpe? ¿Cuál fue el verdadero papel de Luis Cárdenas Palomino? ¿El de la debida obediencia?

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Todo seguirá igual el 2 de julio

 Gregorio Ortega Molina 18 de mayo de 2018 – 00:12


*Quienes hoy gobiernan y también los que se aprestan a formar gobierno, se niegan a ver lo que sucede en su entorno, están asustados y en periodo de negación, porque olfatean los síntomas de decadencia, acelerada por la corrupción, pero insisten en mantener el temple y en autoafirmarse haciendo que el pasado se convierta en presente sin solución

Escribió Octavio Paz sobre los fenómenos históricos, contribuyó a su comprensión con su hipótesis de la cuenta larga y la cuenta corta, porque los sucesos que transforman a un país o modifican una civilización, establecen sus propios tiempos, un ritmo determinado por su cultura y su economía.

En cuanto a la decadencia de esos estados civilizatorios, ocurrió y sucede lo mismo que con la que afecta a las personas: se pasa por un periodo de negación, y sólo se acepta cuando los síntomas dejaron atrás el tiempo del anuncio para manifestarse en malestar. Se trasciende la no credibilidad de lo que ocurre, cuando el desenlace es inevitable, por más que pospongan la impartición de los santos óleos.

Edward Gibbon y Arnold J. Toynbee narran con detalle los procesos de pudrición de culturas y civilizaciones. Lo que ocurrió en lo que ellos investigaron era ajeno a la concepción que hoy tenemos del tiempo real, a la profusión informativa que modifica el desarrollo y fin de los acontecimientos políticos y sociales, y establece un ritmo constante, incontenible e innegable a los cambios ideológicos, culturales e informativos de lo que nos atañe. Todavía hace unas décadas el presente podía posponerse hasta la hora de la edición vespertina, hasta el noticiero nocturno. Hoy está en las redes, es “wasapeado” y se refleja en “Instagram” aunque no queramos verlo.

     Quienes hoy gobiernan y también los que se aprestan a formar gobierno, se niegan a ver lo que sucede en su entorno, están asustados y en periodo de negación, porque olfatean los síntomas de decadencia, acelerada por la corrupción, pero insisten en mantener el temple y en autoafirmarse haciendo que el pasado se convierta en presente sin solución, y éste no devenga futuro sino hasta que ellos lo determinen, de acuerdo a unas reglas del juego totalmente ajenas a lo que es el tiempo real.

Debido a los efectos de la revolución cibernética, a la desaparición casi total de la intimidad, a la presencia real del Gran Hermano, los que hoy vivimos en una sociedad comunicada en exceso, aceptamos que la velocidad con la cual se podían implementar reformas y transformaciones, se acelerara sin gobernanza, pues si bien desde los controles cibernéticos puede prevenirse un 1929, no pueden contener el hambre, la violencia, el desempleo, la ineficacia en las instituciones de procuración y administración de justicia. En términos médicos, puede prevenirse y contenerse el infarto, pero es imposible detener la decadencia y la muerte.

Dar a los mexicanos otra oportunidad de contar con un proyecto de nación, con la idea de patria y la noción de identidad, requiere que quienes gobiernan se decidan a oficiar las exequias de lo que no funciona por decadente, y alumbrar la posibilidad de crear un nuevo mundo, que de todas maneras no llegará el primero de julio.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: ¿Ganar a como dé lugar?

 Gregorio Ortega Molina 17 de mayo de 2018 – 00:12


*Ninguna de las opciones en la boleta electoral tiene la dimensión, la estatura para regresar a lo básico: el orden constitucional que da aliento a la idea de nación, al Estado de derecho, a la dignidad de vivir

¿Puede ganarse la elección presidencial como obtuvieron el triunfo en los estados de México y Coahuila? ¿Podrá perdonarse el rompimiento de la equidad, la tergiversación de la ley, para preservar un modelo político que no da para más? ¿Requieren los compromisos internacionales de México, incluidos el TLC y la globalización, de un triunfo amañado para garantizar el desmantelamiento de la riqueza de México?

Habrá que buscar una respuesta adicional, con el propósito de que los electores comprendamos dónde estamos parados, y los aspirantes al mangoneo sexenal estén conscientes del riesgo en el que colocan al país: ¿olvidaron los valores éticos y civiles cultivados desde el movimiento de Independencia, y junto con ellos la noción de patria, identidad nacional y dignidad para convivir?

El hecho de que don EPN decidiera cambiar de caballo a mitad del río y subir a la presidencia interina del CEN del PRI a René Juárez Cisneros nos indica que el titular del Ejecutivo reconoció su error inicial de apreciación, y percibió que el AMLO promotor de Delfina Gómez es diferente al candidato presidencial que lo quiere todo, que no anda tras el puesto de Presidente de la República, sino que busca con denuedo la confirmación de su <<liderazgo de un movimiento social>> cuya tarea indeclinable es transformar México.

     El deterioro nos agobia, porque es general, amplio, conocido y tolerado o incluso cultivado. Puede comprenderse la dimensión de mi aserto tras la lectura de Una novela criminal, donde Jorge Volpi narra con detalle el entramado de complicidades -Poderes Ejecutivo y Judicial, procuración y administración de justicia, prensa y apatía de la sociedad- que evitan sanción y facilitan reconocimiento y creación ilícita de fortunas sin recato alguno: Genaro García Luna, que no procedió solo a decidir la <<recreación>> infame del caso Vallarta-Cassez (fue una impostura porque quisieron vendernos como presente un pasado que nunca existió), y los conductores de los noticieros que, conscientes, contribuyeron al engaño.

¿Cuál es el saldo del gobierno de René Juárez Cisneros en Guerrero? ¿Es lo que espera José Antonio Meade de hacerse con el poder presidencial? Parecen, todos los candidatos, ajenos al verdadero drama que alimenta la vida cotidiana de los mexicanos, que favorece la decadencia y el entramado de muerte, desapariciones, trata, corrupción e impunidad.

El dilema para los electores es grave. Observo fotografías, y he visto en su comportamiento sin saberse observados, a los candidatos con sus familias, y me pregunto su están conscientes de lo que hacen a sus propios hijos y, además, si así proceden porque están seguros que podrán irse del país para que el endurecimiento de la dictadura perfecta no los alcance.

Grave, repito, porque ninguna de las opciones en la boleta electoral tiene la dimensión, la estatura para regresar a lo básico: el orden constitucional que da aliento a la idea de nación, al Estado de derecho, a la dignidad de vivir.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Saqueos, ¿por política o hambre?

 Gregorio Ortega Molina 16 de mayo de 2018 – 00:12


*Hace ya tiempo que los saqueos en este país son recurrentes: el metódico y amparado en la impunidad que se practica contra el erario público, bajo la absurda idea de que si el que tiene oportunidad de llevarse lo que no es suyo otro lo hará y, además, lo calificarán de “pendejo”

Lector, ¿se animaría a sumarse a un saqueo? ¿Qué debe ocurrir en su vida, para que esté dispuesto a rifársela y poner en riesgo su libertad? ¿Respondería a un llamado político para acudir a saquear? ¿Lo haría porque está cabreado con el mundo? ¿Por hambre? ¿Por rencor social? ¿Por la adrenalina?

Hace ya tiempo que los saqueos en este país son recurrentes: el metódico y amparado en la impunidad que se practica contra el erario público, bajo la absurda idea de que si el que tiene oportunidad de llevarse lo que no es suyo otro lo hará y, además, lo calificarán de “pendejo”.

Están los otros, los que destrozan y lesionan la propiedad privada, se llevan los alimentos, los aparatos domésticos y electrónicos, la ropa; los que no se llevan nada pero todo lo rompen en una actitud vandálica, como dispuestos a retar a la autoridad, a desafiar el orden establecido. Es el inicio elemental del delincuente: primero destroza, después mata.

     Lo anterior viene a cuento porque ocurre más de lo que creemos. Indica la información proporcionada por el Grupo de Coordinación Guerrero a medios impresos y cibernéticos, que un grupo de 800 personas, integrado lo mismo por adultos que por niños, participó en los saqueos a dos tiendas departamentales en el Municipio de Arcelia. Lo sustraído, roto o tirado causó pérdidas por 35 millones de pesos. La autoridad condenó los actos vandálicos incitados por un grupo delictivo y cuestionó la actuación de la autoridad local.

¿Pueden unos pelafustanes mover a 800 personas para que acudan a delinquir? ¿Está comprobado que fue un saqueo motivado por una guerra comercial, por consideraciones políticas, o por hambre?

La información escueta indica: El Grupo de Coordinación Guerrero (GCG) lamenta y condena el saqueo a dos tiendas de conveniencia en el municipio de Arcelia por un grupo de personas azuzadas por un grupo delictivo”, informó en un comunicado publicado en su cuenta de Facebook por el vocero de seguridad, Roberto Álvarez Heredia.

     La autoridad local fue totalmente negligente ya que nunca actuó ni siquiera para reportar los hechos que estaban en curso.

     Las Policías estatal y Federal acudieron al sitio luego de un aviso reportado al número de emergencias 911 y verificaron los actos de rapiña.

     La Fiscalía General del Estado de Guerrero abrió una carpeta de investigación por el delito de robo por hechos vandálicos.

¿Van a encerrar a las 800 personas? ¿También a los niños? ¿Así va a dejar el país Enrique Peña Nieto? Hay desorden.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Mentiras y perversidad en 2018

 Gregorio Ortega Molina 15 de mayo de 2018 – 00:12


*¿A quién sirve el crecimiento de la economía? Viven con intensidad la presencia de un malestar porque saben que unos viven bien y ellos ahí la llevan: su ropa no está limpia, quizá no pueden bañarse cotidianamente, los zapatos les duran muy poco

Para muchos la mendacidad es autodefensa, manera de ser, debilidad; otros la llevan como la piel de la cebolla: capas y capas de mentiras, de cuentos, de tergiversaciones para justificar su proceder, la decisión que tomaron y terminó por afectar a millones.

Durante esta época electoral, ¿a quién creerle? Se ha demostrado hasta la saciedad que las estadísticas parecen sacadas del caletre de Humpty Dumpty, porque significan lo que sus difusores quieren que signifiquen, y distan mucho de ser fiel espejo de la realidad.

     Ahora resulta que de acuerdo a los datos proporcionados por el Inegi, la economía creció 2.4% durante el primer trimestre de 2018, en comparación con el mismo periodo del año pasado, impulsada principalmente por actividades primarias; en comparación con el último trimestre del 2017, nuestro PIB creció 1.1% de enero a marzo de este año.

Por otro lado el Coneval indica que cinco de cada 10 niños en México son pobres, lo que significa que viven de milagro, pero más pronto que tarde se convertirán en víctimas, por necesidad, por ganas de comer o por deseo de vengarse; avisa también que si son indígenas su situación es peor, ya que ocho de cada decena viven muertos de hambre.

     Esta situación exige que nos preguntemos: ¿a quién sirve el crecimiento de la economía?

Para profundizar nuestro desconcierto, el Coneval indica que los datos más recientes de la medición de este fenómeno (2016), dan cuenta de que 52.3 por ciento de los menores de 11 años vivían en carencia económica, 9.7 por ciento de ellos estaba en pobreza extrema y 42.6 en pobreza moderada; pero si tenían entre 12 y 17 años, 41.1 por ciento estaba en pobreza y 7.8 en pobreza extrema. Esto significa que hay 20.7 millones de niños y adolescentes que viven en hogares que experimentan algún tipo de precariedad. Mucho les falta.

¿Cómo reaccionan los niños y adolescentes que intuyen, primero, saben después, que algo les hace falta, porque mantienen ese vacío estomacal que muestra algo más que el hambre siempre insatisfecha? Es la presencia de un malestar porque saben que unos viven bien y ellos ahí la llevan: su ropa no está tan limpia, quizá no pueden bañarse cotidianamente, los zapatos les duran muy poco, y los tenis, bueno, no pueden sus papás darles esos con los que ellos sueñan, a menos de que sean piratas y adquiridos en los tianguis, o robados.

Claro, me dirán que es cierto que todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros. Sería estúpido que todos pudiesen vivir como Carlos Slim, porque el asunto es bíblico, aunque la disparidad no puede ser tanta.

En san Pablo a los corintios (12,3-7 en adelante) dice: “Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios que hace todo en todos, es el mismo. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”.

Y esto es precisamente lo que olvidaron: EL BIEN COMÚN.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Morir joven en 2018

 Gregorio Ortega Molina 14 de mayo de 2018 – 00:12


*No es fortuito, no es el azar, es una elección; señala que se modifican usos y costumbres, que los jóvenes así fallecidos perdieron la vida en la búsqueda de otras oportunidades, en el afán de encontrar otra manera de vivirla, lejos de la humillación que les impone el modelo de desarrollo

 

La idea, la percepción de la muerte camina por muchos derroteros. Puede convertirse en una elección, la más de las veces llega de sopetón, porque no se quieren reconocer los avisos, por miedo, temor a que de verdad exista la vida después de la vida; otras, luego de eterna enfermedad, se camina sobre ella montado en la duda: ¿qué llegará primero: el milagro o la negación?

La muerte como piel de la civilización, como espíritu y hueso y músculo de la cultura. Vivir requiere haber aprendido a ver la muerte de frente, sin rodeos, con temor, sí, pero también como algo inevitable que es necesario cruzar, lo que puede convertirla en una bendición para alguien derrotado, aunque el Libro de Job difiere del aserto, porque vivir es, para los cristianos, para los católicos, una consigna que sólo concluye con la voluntad de Dios.

El terrorismo islámico impone otras consideraciones culturales y religiosas a la idea de la muerte: morir matando, atado a una bomba, es el ascenso espiritual, pero también la entelequia, porque es una deformación del verdadero mensaje del Profeta. La fe de Mahoma no demanda, no requiere matar para vivir.

Lo que hoy sucede con los jóvenes mexicanos, su proximidad con esa idea de la muerte como liberación, la explica con todo detalle Roberto Saviano, primero en Gomorra, y con más precisión en La banda de los niños. Lo que él narra, describe como incontrovertible, es la muestra de modificaciones profundas en la cultura y la civilización. Es la inseguridad, la violencia, el hambre, la que determina modos y momentos para decidirse a mirar a la muerte con los ojos vivos y el espíritu inerte.

     Lo anterior viene a cuento por las alentadoras cifras proporcionadas por el Inegi: el número de jóvenes asesinados de entre 15 y 24 años aumentó 193.5% en 2016, en comparación con el registrado 10 años antes, en 2007.

Las estadísticas que se desprenden de los registros de los Ministerios Públicos de los 32 estados, indica que -además de los fallecidos de los que no se tiene conocimiento, por estar desaparecidos o haber terminado en una fosa clandestina- mientras en 2007 murieron mil 785, durante 2016 fueron cinco mil 240.

Las cifras del horror nos indican que entre 2007 y 2016, 46 mil 754 jóvenes fueron asesinados, principalmente con armas punzocortantes o de fuego, por golpes, ahogados o quemados. De ese total, 41 mil 296 eran hombres, cinco mil 445 mujeres y en 13 casos se desconoce el sexo. ¿Qué opinan los candidatos?

“Los cinco años en los que hubo más homicidios contra este sector de la población fueron 2011 con seis mil 345; 2012 con seis mil 283; 2010, seis mil 46; 2016, cinco mil 242 y 2013 con cinco mil 105”.

No es fortuito, no es el azar, es una elección; señala que se modifican usos y costumbres, que los jóvenes así fallecidos perdieron la vida en la búsqueda de otras oportunidades, en el afán de encontrar otra manera de vivirla, lejos de la humillación que les impone el modelo de desarrollo, que no se modificará con el cambio.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: TLC ¿detuvo crecimiento de México?

 Gregorio Ortega Molina 11 de mayo de 2018 – 00:12


* Uno de los grandes mitos es que, si uno tiene libre comercio, democracia y Estado de derecho solito se va al crecimiento. La historia nos ha demostrado que no

He vivido en la imaginaria al menos durante los últimos dos lustros. Persistí en la equivocada idea de que si bien el proyecto de la Revolución quedó cancelado, los gobernantes que lo mandaron al cuarto de los trebejos no supieron cómo o con qué sustituirlo.

Creí, en mi ingenuidad, que los humanistas y políticos que conceptuaron e impusieron una idea de patria y el Estado de bienestar serían sustituidos por seres humanos con formación similar, pero no, son los “fenicios” los que se hicieron con el poder, y esta certeza me hace más fácil la comprensión del proyecto de país que ahora edifican en el lago de Texcoco.

La diferencia entre uno y otro es notoria. Transitamos del mundo de las ideas al de las mercancías. El mercado carece de ideología, como la globalización. Lo que importa es la libre circulación de productos y seres humanos (aunque ésta esté restringida porque todos se niegan a ver a los migrantes a los ojos, sean o no posibles islamistas capaces de morir matando, para lograr su acto de terrorismo), pero el de las ideas se restringe, en la medida en que se hace de las redes sociales el supletorio del diálogo, del contacto humano, de la posibilidad de tocar con las manos y la mirada al interlocutor.

     Sin embargo, todavía hay quienes insisten en pensar, analizar, proponer para construir. En entrevista concedida a El País, José Antonio Romero Tellaeche, director, hasta hace dos meses, del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México, ofrece otra mirada sobre el mayor acuerdo comercial del planeta, defiende el modelo del Estado desarrollador y descalifica las doctrinas económicas establecidas:

Pregunta. ¿Por qué México crece por debajo de su potencial?

RespuestaPorque optó por una estrategia fallida. Hubo dos errores: considerar que el libre comercio iba a generar de por sí el crecimiento y [pensar] que, a través de la inversión extranjera se iba a transferir tecnología a México y eso iba a hacer más productivos a los mexicanos, cosa que no sucedió. La crisis de la deuda [de los años 80] supuso un cataclismo en un momento en el que el mundo entraba en la etapa del neoliberalismo, y México fue uno de los primeros países que se sometió al tratamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI). Al mismo tiempo, en EE UU [el presidente Ronald] Reagan, en algo parecido a lo que sucede hoy con [Donald] Trump, veía un déficit estructural con México y pidió que se desmantelaran todos los programas industriales mexicanos. Ese fue el principio de la apertura comercial. Uno de los grandes mitos es que, si uno tiene libre comercio, democracia y Estado de derecho solito se va al crecimiento. La historia nos ha demostrado que no.
P. Pero las exportaciones de México no han dejado de crecer desde aquella apertura al libre comercio y la posterior firma del TLC.
R. Sí, exporta mucho. Pero no son empresas mexicanas: son empresas estadounidenses. El TLC fue precisamente para atraer esas inversiones permitiendo [a las compañías] traer todos los insumos de EE UU que quisieran y ensamblar en México. China y Corea, en cambio, no basaron su crecimiento en la inversión extranjera, sino en la nacional.

Las empresas exportadoras no son mexicanas y no se identifican con México. Si cae el tratado, lo que harán será cruzar la frontera. Hay que recordar, además, que la diáspora mexicana a EE UU coincide con el TLC: las proporciones fueron bíblicas. Se fue prácticamente el 1% de la población cada año, cinco millones en un periodo de tiempo muy corto.¿No hay forma de renegociar el TLC en positivo para México?
No. EE UU tendría que aceptar restricciones a la inversión extranjera directa en México, tanto la suya como la europea o japonesa. Que para poder entrar a México tengan que comprometerse a enseñar a los mexicanos. Que haya transferencia tecnológica. No sabemos hacer nada: somos, supuestamente, una potencia y no sabemos ni fabricar los vagones del metro. Eso refleja que no hay ninguna transferencia de tecnología. 
PNo teme la ruptura, entonces.
R.Estamos en un momento de quiebre: este modelo está en sus últimos estertores, no solo en México, sino también en EE UU y en Europa. Cuando son ganadores, todos los países defienden el libre comercio: sucedió en Inglaterra en su momento y en EE UU después. Pero ahora se ven acorralados por China y empiezan a replegarse con proteccionismo selectivo, reindustrialización, etc. En eso debería pensar también México.
P.Va a contracorriente, también, con esta defensa cerrada del modelo de Estado desarrollador.
R.Es la mejor estrategia para alcanzar a los líderes en poco tiempo. Son muchos casos: Corea, Alemania, Japón, China…
P.Pero lo hicieron en otra época, en un mundo mucho menos globalizado. Hoy la competencia entre empresas y entre países es feroz.La crítica habitual es que eso se pudo hacer antes, pero ya no. No es cierto: está el caso de Vietnam, un país de 100 millones de habitantes, más atrasado que México y que está siguiendo esa estrategia. Más de lo mismo ya no da: en 1950, México ocupaba el puesto 37 [mundial] en ingreso per cápita; en 1982, a pesar de lo que crecimos, ya estábamos en el lugar 41 porque otros países crecieron más rápido; en 2015 ya estábamos en el 78. El verdadero desarrollo llegó hasta 1970, luego vinieron [los presidentes Luis] Echeverría y [José] López Portillo y aunque la economía siguió creciendo, ya fue artificialmente. Después, el liberalismo no funcionó. El panorama para toda América Latina es muy desolador si seguimos con el mismo patrón.

Ahora podemos intuir lo que nos costará la renegociación del TLC si insisten en concluirlas como parte del bono electoral de José Antonio Meade y si además se apartan de las consideraciones expuestas por José Antonio Romero Tellaeche. Así, las oportunidades de México permanecerán canceladas; también podemos suponer por qué les urge firmarlo, por la posibilidad de que AMLO se haga con el poder.

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