Narcofosas, levantones, desaparecidos

October 19, 2011

— 12:00 am

El horror y la iniquidad padecidos por los mexicanos carece de antecedentes, supera toda proporción, no importa que se esfuercen por establecer analogías con la violencia con la cual se muere en Brasil, Colombia, Perú, Centro América o en algunos barrios estadounidenses, pues en ninguno de los lugares mencionados se dieron a la tarea de enterrar un autobús de pasajeros con todos adentro, como sí ocurrió en San Fernando, Tamaulipas.

No es una volada, ni deseo expreso de endilgarle al panismo más culpas o responsabilidades de las que puede administrar sin padecer en la consciencia. El hecho está documentado por José Reveles, reportero fiable que en su larga carrera sólo ha padecido un pronto de Gustavo Díaz Ordaz, pues nadie nunca ha podido desmentirlo, aunque inquietos e indignados se encuentren quienes son “encuerados” por su trabajo de investigación.

¿Qué se necesita para enterrar un autobús con todos sus pasajeros a bordo? Trascabo, palas mecánicas y complicidades, muchas complicidades, pues de qué otra manera puede trasladarse esa maquinaria sin que se note, cuánta tierra puede removerse sin que los lugareños se den cuenta, con cuánto silencio hay que trabajar para matar con tamaña saña a tanta gente.

El más reciente trabajo de Reveles, Levantones, narcofosas y falsos positivos, prologado por Edgardo Buscaglia, es muestrario de lo padecido por los mexicanos que habitan en las entidades del norte del país, en esa tierra de nadie donde desaparecer sin dolor es el menor de los problemas, pues también está documentado que los propietarios de los despojos encontrados en las fosas clandestinas de Tamaulipas y Durango fueron ejecutados con saña inaudita, ninguno murió a balazos, sino lentamente, a golpes, por asfixia, pero todos con un denominador común: no supieron por qué, como tampoco lo saben las autoridades cuya tarea era protegerlos, quizá únicamente estén enterados de las razones quienes determinaron cómo y cuándo debieron morir.

Sólo una discrepancia con Reveles. Él usa el término narcofosas. Creo que éstas no existen, son fosas clandestinas, los allí enterrados no son víctimas de los conflictos entre cárteles o entre sicarios de diversas organizaciones criminales. Me inclino más a la posibilidad de que dichas muertes obedezcan a la imperiosa necesidad estadounidense de inhibir la migración, legal e ilegal, a su territorio, y qué mejor argumento que la posibilidad, la casi certeza de que se puede morir en el intento, pero no de cualquier manera, sino ejecutado.

Antes, el año pasado, Reveles publicó Las historias más negras de narco, impunidad y corrupción en México, que recupera desde El Mocha orejas hasta La banda de La Flor. No hay cuento de terror, guión cinematográfico que se parezca a la terrible realidad por él descrita.

gregorioortega.wordpress.com

@OrtegaGregorio

2 Comentarios »

  1. Ante la evidencia de datos duros como los que aporta José Reveles y muchos otros escritores, analistas, columnistas, como tú, etc. lo que más indigna es la persistencia, la necedad del enfoque que el gobierno de Calderón tiene al respecto: su entreguismo a los EEUU y su capacidad para estar mintiendo a diario a los mexicanos para sostenerse no sólo en sus dichos sino en como presidente…así, con minúsculas, como él mismo….sin embargo, también indigna la pasividad de todos los mexicanos….pareciera que hay una correlacion: a más ineficiencia,ineficacia, cinismo, corrupción de las autoridades gubernamentales en todos los niveles y de los 3 Poderes, más pasividad, más apatia, más indiferencia por parte de la sociedad civil….francamente, somos deplorables!!!!

    Saludos GOM!!!!

    RP

    Comment by RP — October 19, 2011 @ 8:26 am

  2. Muy bien, Don Gregorio, por traer a colación a Reveles y su relato sobre las fosas clandestinas; forma horrible de morir y sin que los que ahí perecieron sepan la razón de su deceso. Y como lo he reiterado hasta el cansancio: es lo único realmente “existoso” en la guerra del guía de turistas, bajar los flujos de migrantes a Estados Unidos, no sólo mexicanos sino centro y sudamericanos. Con todo ello, de seguir al pie de la letra la Iniciativa Mérida, le tienen poco respeto al chaparrín: él mismo confesó a NYT que se enteró del Rápido y furioso por la prensa –es claro que si hubiera dicho que fue informado por Obama o alguien de su staff, les hubiera mandado una bronca marca diablo y eso nunca va a hacer Calderón-, lo que lo deja, al menos aquí en el país como un político ninguneado; en el caso que ayer comenté, sobre los explosivos de la colonia Roma, la Marina negó que el documento sea de ella, pero Joaquín López Dóriga afirmó que es una filtración del gobierno de EU, lo que significa que, uno, los gringos quieren protegerse por cualquier acusación de un eventual ataque a Irán, arguyendo que ya hay terrorista islámicos en México y que querían atentar contra su embajada, y, dos, que le importa poco a Obama falsificar documentos –en caso de que sea cierto lo que dice la Marina- pues aquí el fin justifica los medios y al igual que el caso de iraní detenido, México fue informado hasta que las cosas ya estaban caminando, y el mismo NYT que ridiculizó a Calderón al publicar en su página la versión estenográfica de la polémica entrevista y lo hizo en español –cosa que ese diario pocas veces hace-.
    Finalmente, tiene mucha razón RP somos francamente pusilánimes, pues somos buenos para criticar pero no vamos de las palabras a los hechos. Conste me incluyo.

    Comment by chester — October 19, 2011 @ 9:01 am

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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