Sedena y los decomisos

La Costumbre del Poder Gregorio Ortega Molina I 23/01/2013 ,12:00 am

Las Fuerzas Armadas mexicanas tuvieron un desarrollo especial en cuanto concluyó la era de los caudillos: su poder político se redujo a lo mínimo, les restringieron totalmente el poder económico. Hoy, dejó de ser así, a partir de 1968, pero sobre todo cuando se decidió sustituir a la policía con los soldados, y las comandancias con los cuarteles.
De la lectura de su página de Internet, se desprende que la Secretaría de la Defensa Nacional decomisó, entre diciembre de 2006 y noviembre de 2012, 133 mil 783 armas de todo tipo en acciones contra el crimen organizado y narcotráfico; equivale a 60 armas cada 24 horas, de acuerdo con un documento sobre los logros del Ejército en el gobierno de Felipe Calderón.
En su página de Internet también destaca el decomiso de 12 millones 751 mil 283 cartuchos, el aseguramiento de 538 aeronaves utilizadas para transportar armas y droga, así como la destrucción de tres mil 867 pistas clandestinas de aterrizaje.
El balance indica que -por los decomisos de narcóticos y la erradicación de cultivos- se impidió la producción de más de 64 mil 831 millones de dosis de droga; el dinero decomisado a los cárteles fue de 15 mil 953 millones de pesos.
Allí están los datos para quien desee consultarlos. Lo que no se encuentra, con claridad, es el destino de los decomisos. En cuanto a las toneladas de estupefacientes incautadas, se procede a la ceremonia de rigor y con testigos de calidad: su incineración, pero ¿qué hacen con lo demás?
Sé que hay un procedimiento legal para los decomisos de dinero, tal como ocurrió con lo encontrado en casa del chino-mexicano, Zhenli Ye Gon, que se distribuyó entre el sector salud, la procuración de justicia y el Poder Judicial de la Federación, y en un futuro próximo podría destinarse al resarcimiento de las víctimas, según la novísima ley.
¿Podría conocerse cómo se documentó el destino del dinero incautado por las secretarías de la Defensa Nacional, y de Marina? Desconozco si esa sea una información accesible y susceptible de transparentarse, pero lo que sí puede argumentarse, es que el dinero es fuente de poder.
¿Y las armas? ¿Y los cartuchos? Claro que muchas de esas armas incautadas son basura; otras, fueron destinadas al museo por su calibre y su valor, pero las que son útiles, como las ingresadas al país gracias al operativo Rápido y Furioso, ¿cuál fue su destino? ¿Se trituraron? ¿Están almacenadas? ¿O de plano, alguien o algunos pasados de listos las reciclaron? Son sólo preguntas que debieran encontrar respuesta.
El asunto de los cartuchos es distinto, pues muchos pueden usarse para las armas que poseen las Fuerzas Armadas, pero otros, ¿cuál es su paradero?
Los sexenios del PAN fueron los de la transparencia, ¿dónde está el producto de esos decomisos?

Carlos Slim: Telmex no es la empresa de excelencia como lo proclama la publicidad, tampoco el servicio de Internet infinitum. Periódicamente suspenden mi conexión, y dicha suspensión coincide con el regreso a clases de la escuela secundaria número 68, Gabino E. Palma, porque reactivan su conexión a Internet. Nunca pueden darme una explicación clara, y nunca pueden especificar el tiempo que me dejarán sin servicio. En esta ocasión el reporte es =10166364= y fue recibido por Iván Romero Flores.

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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