Ríos Montt: desprecio y burla

La Costumbre del Poder Gregorio Ortega Molina I 23/05/2013 ,12:00 am

Ni el perdón de la Corte Suprema de Guatemala es peor que el desprecio del ex presidente, Efraín Ríos Montt, a sus gobernados o, al menos, a esa fracción de la sociedad que debió defender como obligación constitucional.
Se le sentó en el banquillo de los acusados por genocidio. Rigoberta Menchú se cansó de denunciarlo y exhibirlo; los asesinados durante sus escasos dos años de gobierno suman miles, porque los kaibiles trabajaron con la consigna de limpiar étnicamente las poblaciones, abrevar la tierra con la sangre de los indígenas guatemaltecos, para que la cosecha fuera mejor.
El Ministerio Público de Guatemala solicitó a la justicia nacional una condena de 80 años al ex dictador José Efraín Ríos Montt (1982-1983) y a su antiguo jefe de Inteligencia, José Rodríguez, por los delitos de genocidio y crímenes de guerra contra mil 771 indígenas ixiles, durante los años que estuvieron en el poder. La obtuvo, pero la conmutaron y se burlaron.
Ese matarife que es Ríos Montt abrevó su perversidad en lo peor del racismo. Además de declararse inocente y asegurar que jamás fue informado de esos crímenes de los cuales es ajeno, sostuvo -con absoluto desparpajo- que él se ocupaba sólo de las cosas importantes; es decir, la muerte de sus gobernados le traía sin cuidado, al fin y al cabo eran una sub etnia maya, eran ixiles que nadie echaría de menos.
Mi Demonio de Sócrates me filtra la interpretación que Jean Baudrillard da al comportamiento de Ríos Montt: “Otra versión del exterminio: los indios deben ser exterminados no porque no sean cristianos sino porque son más cristianos que los cristianos. Si su crueldad y sus sacrificios humanos son insoportables, no es con respecto a la piedad y a la moral, sino porque esta crueldad demuestra la exigencia de sus dioses y la fuerza de su creencia. Esta fuerza avergüenza a los españoles por su escasa religión, ridiculiza la cultura occidental, que sólo conoce la religión del oro y el comercio, amparada en la hipocresía de la fe. Los indios, en su religiosidad implacable, avergüenzan a la razón occidental con la profanación de sus propios valores. Su fanatismo resulta insoportable como condena y desmitificación de una cultura ante sus propios ojos (lo mismo se produce actualmente con el Islam). Un crimen semejante es inexpiable y justifica por sí solo el exterminio”.
Los padres fundadores de Estados Unidos decidieron resolverlo en cuanto se constituyeron en nación, porque estaban seguros que en un par de siglos, o posiblemente antes, se convertirían en el Imperio. Para ello concibieron las “reservaciones” y allí confinaron a los habitantes originales que sobrevivieron al genocidio que les permitió adueñarse de sus tierras, sus animales, sus medios de producción agrícola.
Algunos países de América Latina decidieron hacerlo un par de siglos después. Son conocidas las anécdotas que refieren a Galo Plaza que salía de cacería de “indios” en las tierras de Ecuador, donde fue amo y señor. El comercio de seres humanos en Perú, el genocidio en Chile y Argentina, más lo que cada sexenio intentan hacer en México, pero no han podido.
La muerte de Videla fue un espejismo de lo que esperaba en la cárcel al carnicero de Guatemala, pero sus cómplices lo liberaron.

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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