Silencio

 

La Costumbre del Poder

Gregorio Ortega Molina I 31/07/2013 ,12:00 am
 
Desconcierta la actitud del general Tomás Ángeles cuando tuvo sus 15 minutos de fama, al ser convocado para recibir un corcholata, en lugar de denunciar a QRR por la afrenta que el Ejército y el pueblo recibieron, a través de su persona, eligió irse por peteneras para justificar su silencio, que sólo favorece la politización de la procuración y administración de justicia.

Al recibir el reconocimiento de los abogados, el general Ángeles advirtió que México vive bajo la amenaza del caos, momentos de incertidumbre y violencia, negativos para la sociedad y las instituciones.

En su discurso, el ex subsecretario de la Defensa Nacional defendió su actuación como funcionario, aseguró haber realizado sus funciones como lo ordena el Reglamento General de Deberes Militares, poniendo todo su esfuerzo, voluntad e inteligencia al servicio del país.

¿Qué es servir al país para el general Tomás Ángeles? ¿Será guardar silencio, dar la espalda a la sociedad que juró defender, a la Constitución de la cual recibe un mandato?

 Él lo adapta a su manera de ser y comportarse, a lo que le permite moverse. Por ello, al contar con la asistencia del dirigente nacional del PRI, César Camacho Quiroz, el general Ángeles consideró oportuno advertir que “la informalidad, un conocido lastre de la economía nacional por décadas, se ha generalizado, se percibe en la desacreditación de la actividad política, en la suplantación de actividades exclusivas de los organismos de gobierno, de seguridad, de justicia, al margen del pacto social establecido por el Constituyente de 1917. Hoy son moneda de curso corriente la simulación, el engaño y la mentira que siembran desunión y ruptura”.

Está informado Tomás Ángeles, porque también dijo que el pasado 24 de junio, en Oaxaca, se dio a conocer el grupo Frente Único de Lucha Social, “que va a convertirse en un embrión de insurrección generalizada en todo el territorio mexicano para derribar al actual sistema político”.

Pero no se detiene a pensar que esa fuente de insurrección se alimenta del agravio idéntico al que a él infligieron, con la politizada procuración y administración de justicia, y que la mejor manera de conjurarlo no es con las armas, sino con la denuncia, para exhibirlos, al menos.

Aseveró: “Es un hecho, México vive bajo la amenaza del caos, momentos de incertidumbre y violencia negativos para la sociedad y las instituciones. Pero también es un hecho que (…) los mexicanos han sabido tomar las mejores decisiones. Hoy es indispensable hacer conciencia que la mezquindad es improductiva; que el antagonismo a ultranza es paralizante y que la ignominia es destructiva”.

 Pienso en lo escrito en El último encuentro, donde Sándor Márai pone un boca de uno de sus personajes: “Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. Cuando eso sucede, se produce una de las maravillas más raras de la vida… Quiero decir que la gente acaba aprendiendo la verdad, adquiere experiencias, pero todo ello no sirve de nada, puesto que nadie puede cambiar de carácter. Quizás no se pueda hacer nada más que esto en la vida: adaptar a la realidad, con inteligencia y con atención, esa otra realidad irrevocable: el carácter personal”.

En eso trabaja el general Tomás Ángeles. Le deseamos que pueda hacerlo, y olvidar el pasado reciente, como él ya olvidó su compromiso con el pueblo.

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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