Corrección política

LA COSTUMBRE DEL PODER
Gregorio Ortega Molina el 30 septiembre, 2013.12:01 am

Lo políticamente correcto se perdió en cuanto los compromisos orales fueron sustituidos por los acuerdos escritos. Ingenuamente pensaron que el dinero usado en las pugnas por el poder, podía ser sujeto de control moral, ético y fiscal.
Un diplomático de carrera, conocedor de las debilidades humanas y experto en negociaciones para reconciliar lo aparentemente irreconciliable, me cuenta, sorprendido, lo que un zoque, gobernante en su comunidad, le confiara: “De los que gobiernan con papeles, de los que establecen compromisos por escrito, hay que desconfiar, porque al devaluar la palabra quitan valor al hombre. Estábamos acostumbrados a cumplir nuestros compromisos, por la palabra dada”.
“Pudiera pensarse que es un arcaísmo; que les convenía ese trato porque no sabían leer y escribir”, cuenta el embajador, y añade: “La palabra dada, en la diplomacia, puede ser tanto o más importante para las relaciones bilaterales, que los acuerdos diplomáticos debidamente ajustados al protocolo”.
Cuenta entonces que siendo él un diplomático en sus inicios, destacado como vicecónsul de México en Cuba, con sede en La Habana, acompañó al entonces embajador Fernando Pámanes Escobedo -quien fue invitado por Fidel Castro- a la ceremonia de graduación de la primera generación de Médicos de la Revolución.
Explica que fue él convocado por el embajador, porque la ceremonia se efectuó en el Pico Turquino, situado en el centro de la Sierra Maestra, la mayor cordillera de Cuba. Les hicieron saber que para llegar al lugar de la ceremonia, sería necesario subir y bajar a pie por abruptos parajes; hay dos accesos para escalarlo, uno desde territorio de la provincia de Santiago de Cuba y otro, más suave, desde la provincia de Granma. En 1957 subieron a dicha montaña los integrantes del Ejército Rebelde.
Siendo alpinista, el vicecónsul acompañó a Pámanes Escobedo, lo que le sirvió ser testigo de una conversación discreta y formal, durante la cual no medió protocolo alguno, pero sí se concedió su justo valor a la palabra, pues el comandante Fidel Castro, después de explicar que la revolución internacional se desplegaría por el mundo (era 1965, año en que Ernesto Guevara ya estaba en Angola), Cuba se comprometía a no incordiar a México, mientras este país cumpliera con los compromisos diplomáticos que le evitaban a la isla el aislamiento total de América.
“¿Estamos en lo dicho, señor embajador?”, fue la conclusión y petición del comandante Fidel al general Pámanes Escobedo. Y se cumplió hasta que Luis Echeverría Álvarez, al inicio de su mandato, expulsó de México a funcionarios de la embajada de Cuba en México, como consecuencia del arresto de los guerrilleros del MAR, supuestamente entrenados en Corea.
La anécdota anterior me lleva de la mano a María Zambrano, quien dejó anotado que “la historia no es sino un diálogo, bastante dramático, por cierto, entre el hombre y el universo… No nos engañemos ni por teorías de mimetismo revolucionario, ni por los caracteres de estrépito reformista, y que apenas conseguido su inmediato objetivo, no vuelven a proponerse otro, como si el mundo hubiera llegado a la perfección”.
Lo políticamente correcto habrá de regresar.

http://www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/gom

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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