Habrá costo social

LA COSTUMBRE DEL PODER
23 octubre, 2013.12:01 am
Gregorio Ortega Molina

Cuando un gobernante y sus adláteres hablan de pagar el costo político, ¿a qué se refieren? Los administradores públicos de hoy, en cierta medida irresponsables, asumen con desparpajo la más barata de las consecuencias a sus desaciertos o impericia: perder las elecciones.
Asumen, ya, como parte del saldo, que la reseña histórica de su gobierno no resultará como ellos la soñaron. Sin embargo, no se detienen a pensar que en la precipitación por imponer su voluntad política y su imagen del futuro que México merece, pudieran ser exitosos sin menoscabo de su imagen y sin que la sociedad pague los platos rotos, si supieran negociar y procedieran de otra manera, a modo para que la oposición adquiera la certeza de que impuso su criterio, cuando en realidad se lo impusieron, porque supieron venderle el cuento del bienestar y la riqueza.
En su afán por convertirse en mito y transformar al país, olvidan que es necesario modificar la manera de pensar del mexicano, para que éste asuma su responsabilidad en ambos sentidos: tanto si desea permanecer en el pasado, como si decide incursionar en el futuro. Proceden así porque quieren ganar, sin conceder nada a cambio. Se aferran a los resultados de la corrupción y a la consecuencia de la impunidad, al viejo modelo político y a la flacidez del poder económico del gobierno.
Las consecuencias serán graves, pues mientras se les llena la boca al sostener que asumirán el costo político, ni siquiera se detienen a pensar en el ineludible costo social y en quiénes habrán de asumirlo, porque se alienta, otra vez, la confrontación entre iguales, como resultado de no haber podido seducir políticamente a la oposición, de no haber podido convencer a los mexicanos de que los resultados de las políticas públicas beneficiarán su gasto doméstico, su poder adquisitivo, su dignidad al poder llevar alimento a las mesas de sus hogares, gracias al salario remunerador de un trabajo que crea riqueza.
Sí, paladean las palabras y las sueltan como un desafío: asumirán el costo político, pero ¿quién pagará los platos rotos, quien zurcirá el tejido social y logrará la reconciliación nacional, quién reconstruirá al país emocional e ideológicamente, a manera de que los mexicanos sean capaces de conducir su destino y hacer suyas unas reformas estructurales que, en su mayoría, ni entienden ni conocen?
Carecieron de estrategia política y comunicacional, incubaron en ellos mismos la contradicción interna, como se puede apreciar en la reforma administrativa de la educación pública federal, pues deciden concentrar el gasto del sector en la Secretaría de Hacienda, pero políticamente regresan a los gobernadores la responsabilidad de resolver el problema en sus entidades. Dieron de palos al avispero, para dejar las cosas peor, como lo muestra el resentimiento de todos los habitantes del Distrito Federal y de muchos estados, que a la par abominan de la CNTE que de sus autoridades, por blandengues.
¿Quién se acuerda de Elba Esther Gordillo y su defenestrada hija; quién de los fraccionadores de Punta Diamante, de los permisos para construir Dragon Mart; quién de las promesas de paz social, o de que este gobierno sería incluyente?
México está quebrado en su voluntad, este es el costo social dejado por el costo político, pagado gustosamente por los gobernantes.

http://www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/gom

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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