Calderón y su genocidio, último

LA COSTUMBRE DEL PODER
Gregorio Ortega Molina el 27 noviembre, 2013.12:01 am

Mentira que el narcotráfico sea un asunto de salud. Es tema político y económico, pero más lo segundo que lo primero. También es instrumento para la ingeniería social. De otra manera no se entiende el uso recreativo de drogas suaves, su legalización, y el hecho de que en ciudades donde permanece proscrito ese consumo, se venda a ojos vistas los viernes en la tarde y los sábados, durante el día.

La política de precios del mercado de estupefacientes de Estados Unidos, es establecida por las corredurías bursátiles y el Pentágono, pero para que pueda fijarse, el control del flujo de la mercancía ha de hacerse en México, con los daños colaterales que conlleva. Felipe Calderón siempre estuvo enterado.

De allí que no resulte sorpresivo que en los cables clasificados y enviados desde su embajada en México al Departamento de Estado, se asiente que algunas autoridades intentaron eludir su responsabilidad en la persecución de los crímenes cometidos por los traficantes. El gobierno (de Tamaulipas) promete que va a colaborar con el Ejército, pero enseguida puntualiza que ‘‘los cárteles son un problema del gobierno federal, que no tiene recursos para detenerlos’’. No puntualizan nombres, cargos, dependencias, entidades federativas, conscientes de que el problema no es de México, sino de las políticas públicas estadounidenses de control social.

Lo recreativo del asunto lo disfrutan los ciudadanos estadounidenses, gracias a que nuestros gobiernos les hacen el trabajo sucio y, además, todavía los satanizan, como consta en esos cables desclasificados, donde se lee que los narcotraficantes operan con total libertad en Durango, Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León. Obstruyen los caminos, toman el control de pueblos y acorralan a los soldados y fuerzas federales que están en sus territorios. Un ejemplo de su actuación es el asesinato de 10 jóvenes, siete de ellos menores, que regresaban a su pueblo, Los Naranjos, Durango, después de recoger ayuda gubernamental para educación. Un hombre vestido de soldado los obligó a parar y después un comando los ejecutó.

El consulado de Estados Unidos en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, advierte en marzo de 2010 sobre la expansión del conflicto entre Los Zetas y el grupo rival del cártel del Golfo por el control de las rutas de la droga, mientras la embajada estadunidense afirma que el gobierno mexicano falló y no estuvo preparado para enfrentar la violencia.

La culpa, entonces, es de México, ellos consumen porque los narcos mexicanos los obligan. ¡Vaya cinismo!

http://www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/gom

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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