Teocracia y poder

LA COSTUMBRE DEL PODER
Gregorio Ortega Molina el 24 diciembre, 2013.12:01 am

¿Quién se sirve de la sociedad en la teocracia? ¿Acaso la divinidad, o los poderes terrenales sacan mayor ventaja de las creencias religiosas? Leer la biografía de Constantino facilita la comprensión de las razones por las cuales el cristianismo mutó en catolicismo y, para administrar su riqueza y poder, optó por transformarse en Estado.

Licinio, el augusto de Oriente, medita: “Es cierto, con Constantino establecimos que todo el mundo puede profesar su religión y que el credo de los cristianos es un apoyo para el Estado”.

Así fue, Constantino comprendió que la política, que el poder del Estado además de ser útil para imponer las condiciones y las reglas del juego, sirve también para comprender qué es lo que mueve al mundo y, de esa manera en que dicha comprensión abre los ojos, incorporar esos nuevos elementos al gobierno de los hombres, a la redacción de leyes, a la modificación de las normas de convivencia, para imponer, guste o no, una ingeniería social, a efecto de que las sociedades evolucionen, porque consideran que así conviene, aunque les vaya peor de cómo les fue anunciado, o como en su ingenuidad tenían previsto.

George W Bush no fue el primer hombre de poder que tuvo la oportunidad de dialogar con Dios. Antes, mucho antes, Constantino fue visitado por el Verbo, que le indicó convertir a la cruz en el signo de su poder: In hoc signo vinces; así, un plebeyo y bastardo se convirtió en el augusto máximo y en el emperador que hizo del cristianismo una religión de Estado, sumó a la Trinidad al panteón de las festividades cívicas y civiles sin ningún empacho por arrebatar ese privilegio a la Iglesia, y -como bien lo advirtió Simone Weil- convirtió a la deidad en un doble del emperador. Hizo descender los poderes espirituales, para degradarlos a poderes terrenales.

La lección es enorme y terrible: toda organización, sea religiosa, esotérica, civil, militar, política, no gubernamental, sea cual sea su ideología, utilidad y propósito, termina por sumarse a los sistemas de control y de ingeniería social del Estado, porque únicamente éste puede aglutinar la fuerza y representatividad suficientes para prometer, en esta vida, lo que otros ofrecen para después. Es la antítesis de la piedra angular de la fe, pero funciona y lo hace bien.

Por ello palidecen cuando, con la teología de la liberación, recuperan esa fase social de lo inculcado por Cristo.

http://www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/gom

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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