Zedillo, héroe ferrocarrilero

LA COSTUMBRE DEL PODER
Gregorio Ortega Molina el 28 febrero, 2014.12:02 am

La personalidad de Ernesto Zedillo parece clara, se comportó como un ser humano sin dobleces, pero con afán de subordinación. Esta transparencia confundió a sus leales y sus adversarios; ambos empezaron a ver dotes de estadista donde sólo estaba agazapado un yes man.

Durante su estancia en Mexicali concibió y acarició un sueño: vivir y trabajar del otro lado. Desde entonces decidió alcanzarlo, aunque para verlo realizado tomara el camino largo: convertirse en presidente de la República y beneficiar a quienes habrían de contratarlo en el futuro, como lo es la Kansas City Southern, a nombre de la cual se presentó a cabildear, ya no digamos en contra de los intereses de su país, pues eso se convirtió en alegoría cuando entramos en la globalización, pero sí contra la Constitución que juró defender y hacer defender. Se traicionó a él mismo en su calidad de mexicano, pero abrió la puerta a la manifestación de su verdadera razón de existir, como lo mostró a través de su ejercicio público y hoy lo subraya como subordinado.

En este aspecto es contradictorio, porque lo mismo sentó las bases de un impulso económico que permitió a los dos sexenios panistas de disfrutar de cierta tranquilidad, que creó el Fobaproa primero y el Ipab después, con lo cual aherrojó el futuro de millones de mexicanos y convirtió a la nación, con ayuda de Vicente Fox, en exportadora de capitales, como pueden constatarlo las enormes ganancias del HSBC, City Bank, Bancomer y Santander, instituciones bancarias que cobran comisiones de agio y además se enriquecen con los intereses del rescate bancario, el cual hubo menester instrumentar como consecuencia del error de diciembre.

Después de un poder casi omnímodo, Ernesto Zedillo optó por la subordinación, sin comprender que “en la medida en que el destino de un hombre depende de otros, su vida escapa no sólo a sus manos, también a su inteligencia; el juicio y la resolución no tienen ya a qué aplicarse; en lugar de combinar y actuar, hay que rebajarse a suplicar (cabildear) o a amenazar… Esta dependencia envilecedora no es un hecho sólo para los oprimidos; por la misma razón, aunque de diferente manera, lo es tanto para los oprimidos como para los poderosos”.

El hombre del “¡No cash!” eligió abandonar su lugar en la historia, para ocupar uno en los directorios de las grandes empresas. Lo que habría que aclarar es su fecha de ingreso, pues es posible que haya violado el artículo IX de la Ley Federal de Servidores Públicos.

Pero, para eso existe la impunidad.

http://www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/gom

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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