LA COSTUMBRE DEL PODER: Hipólito y Mireles

 
 
mireles e hipolitoLa sociedad del Estado con grupos armados, se llamen como se llamen, organizados como lo estén, parezcan o no estar destinados a causas sociales y legales relacionadas con la justicia, es equívoca, porque abdica de funciones exclusivas del poder para entregarlas a quienes, en las elecciones, se las negaron, como le dieron la espalda al PAN.
 
De allí que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, aparezca con el rostro desencajado y semblante de enfermo, denota desesperación porque no aciertan a configurarle los delitos a Hipólito Mora, quien hasta el momento parece no haber matado fuera de sus funciones de autodefensa; sus supuestas relaciones con la delincuencia organizada y el narcotráfico, todavía están muy lejos de probarse y comprobarse.
 
En cuanto a la relación de amistad-odio que el Estado sostiene con José Manuel Mireles, dista mucho de estar rota, como tampoco se sabe a ciencia cierta si el nuevo plazo fatal, de mayo diez, Día de las Madres, las autodefensas se desarmarán para quedar a merced de sus enemigos, pues son tan conocidas sus identidades personales en las zonas donde operan, que les resultará imposible pasar a la clandestinidad, y andarán con una diana en la espalda y otra en la frente.
 
Además de Hipólito y Mireles, todos los integrantes de las autodefensas de Michoacán y Guerrero son ya un dolor de cabeza para el gobierno, porque esos grupos armados sustituyen, en parte del territorio nacional, al Estado, y porque han descubierto que el control que se puede tener sobre ellos es mediático, poco operativo y ajeno a la realidad del país.
 
La sociedad que desde la Secretaría de Gobernación decidió establecerse con las autodefensas sólo mostró que el tejido social está más dañado de lo diagnosticado por los especialistas, y quien lo detectó a tiempo fue el procurador Jesús Murillo Karam, quien de inmediato declaró, para el caso de Tamaulipas, que en esa entidad no se requería un procónsul, sino solamente que se restablezca la autoridad del Estado, allá encarnada en su gobernador, por lo que Egidio Torre ha de asumir sus responsabilidades, para las que fue electo, o abdicar de su mandato constitucional, como debiera hacerlo ya Ángel Helado Aguirre Rivero, dos veces gobernador sin ningún beneficio para los guerrerenses.
 
En el tema de seguridad el destino de este gobierno era otro, pero algunos de los colaboradores del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, cometieron la torpeza de desalinearle los planetas al no actuar como lo exigen las circunstancias, la Constitución y la ley, al hacer oídos sordos al clamor lanzado desde el piso de la sociedad.
 
 
AMN,MX/gom

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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