LA COSTUMBRE DEL PODER: Morir en Veracruz

 

Gregorio Ortega Molina/

gom220115El periodismo crítico y de denuncia funciona como lenitivo para muchos políticos y algunos empresarios; si de la Roma imperial habláramos, puede decirse que analistas como Lorenzo Meyer fueron, en algún momento, la “pluma” de vomitar de Carlos Salinas de Gortari.

Ciertos hábitos pretéritos del arte de gobernar regresan. Ante la dificultad de cooptarlos a todos, de adquirir a precio de ganga todas las conciencias críticas, ahora, otra vez, los torturan, desaparecen, matan o desacreditan. En algunas entidades federativas la consigna parece ser: no hay mejor periodista, que el periodista muerto.

Claro que no mueren tantos como el número de los que atemorizan y amedrentan, porque fueron tan tontos, pero tan tontos, que nunca aprendieron a vender su silencio.

También es cierto que la prensa no cuenta totalmente con la empatía de la sociedad, porque, no hace mucho, los arreglos entre el periodismo y el poder formaron parte de la estructura del oficio de gobierno, e incluso hubo partidas presupuestales destinadas al silencio.

Los antecedentes de mi aserto pueden leerse en La otra guerra secreta: los archivos prohibidos de la prensa y el poder y en Las nóminas secretas de Gobernación, ambas de Jacinto Rodríguez Munguía. Así era cómodo y fácil gobernar, porque lo que no podía convertirse en silencio, muy bien podía transformarse en un hermoso catafalco. De allí la importancia de personas como Miguel Ángel Granados Chapa.

Todo lo anterior, sólo para referir que en Veracruz puede perderse el empleo en un medio de difusión e incluso desaparecer y morir, si al gobernador, Javier Duarte, le disgusta lo que se refleja de su obra de gobierno en la prensa. Morir en Veracruz puede convertirse en tema periodístico. Ahí está lo que ocurre con el recuerdo de Moisés Sánchez Cerezo, con el ya casi olvidado deceso de Regina Martínez.

Pero acá no es Francia, ni Xalapa es París, como para que el deceso de periodistas convoque a una protesta masiva e internacional, como para que las agresiones contra la prensa, desde los diversos círculos del poder, sean denunciadas masivamente y se detengan.

Es cierto, en esta aterida patria el camino de libertad todavía estará sembrado de cadáveres, porque nadie se atreve a iniciar la reforma del poder, que lesionaría todos los intereses que permanecen amarrados por la corrupción y la impunidad.

Ciertos hábitos y costumbres en México cambiarán cuando el poder sea otro, distinto, reformado, y no representado o encarnado en un solo hombre.

www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/gom/pp

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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