LA COSTUMBRE DEL PODER: Silencio… a güevo

 

Gregorio Ortega Molina/

gom200215Orondo se mueve, Javier Duarte de Ochoa, a lo largo y ancho de Veracruz, entidad que gobierna con mano férrea, sin miramientos ni tolerancia a la crítica, porque quien argumente en contra de los resultados de sus políticas públicas merece, para él y sus esbirros, desaparecer o, al menos, guardar silencio, a güevo.

¿Cómo explicará, el gobernador, que el Hay festival busque otro territorio para efectuarse? ¿No seguirá el mismo ejemplo Miguel Alemán Velasco, y pospondrá la Cumbre Tajín hasta que Duarte de Ochoa deje de usar el silencio como instrumento de gobierno, o deje de ser el mangoneador número uno de Veracruz?

El problema es que el mal ejemplo cunde, y allá en Matamoros, Tamaulipas, los delincuentes decidieron imponer la receta Duarte de Ochoa y secuestraron y torturaron a Enrique Juárez Torres, director de El Mañana, de esa ciudad. Tal fue el pavor causado que, de inmediato, él y su familia buscaron asilo en Estados Unidos, y también algunos de sus colaboradores.

La dificultad, ahora, será discernir si son algunos políticos que actúan como delincuentes, o son los sicarios y los barones de la droga los que copian la actitud de los políticos para arreglar sus problemas con la molesta prensa, cuyos integrantes pueden llegar a decidir, por ellos mismos, guardar silencio, a güevo.

¡Claro que hay vocaciones que no se apagan! Lydia Cacho, víctima de Mario Marín y de la complicidad establecida entre Manuel Bartlett y Mariano Azuela Güitrón, es ejemplo de la manera en que la administración de justicia puede plegarse a intereses políticos, no necesariamente de orden nacional o de servicio al Estado, sino porque en determinado momento coinciden los recuerdos de viejos amarres políticos.

También es cierto que la prensa nacional no es homogénea ni comparte intereses generales en beneficio de la sociedad a la cual debe servir; así como en el pasado buena parte de sus integrantes comprendió que una manera “inteligente” de ejercer la profesión era el silencio, hoy entiende que ese silencio, en determinado momento, es un ejercicio responsable de la profesión, porque de otra manera puede ocurrirle lo que a los fallecidos en Veracruz, o lo que a Enrique Juárez Torres.

Y no se anden con remilgos y baños de pureza. Todos sabemos que hay silencios responsables y profesionalmente ajustados el ejercicio de la profesión, incluido el de Julio Scherer, con quien, en su momento, compartí algunos.

www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/gom/pp

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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