LA COSTUMBRE DEL PODER: Que Periscope nos agarre confesados

  • Los miembros de la sociedad son capaces de escarnecer con todo desparpajo a sus gobernantes, por lo que ellos mismos están dispuestos a hacer si tuvieran la menor de las oportunidades
  3 Mar 2016 – 00:14 CET

ladypolancoooLos mexicanos tenemos como deporte nacional ver la paja en el ojo ajeno. Nos quejamos a voz en cuello de que los políticos hagan sus trapacerías en lo oscurito -lo que puede significar que si las practicaran a cielo abierto se las aplaudiríamos-, pero en cuanto nosotros cometemos el menor de los delitos, como estacionarnos en lugar prohibido o dar una mordida, rezamos porque no se haga público, aunque después y entre amigos alardeamos el haber roto los más elementales ordenamientos cívicos.

     En la más íntima de nuestras intimidades, nos decimos: “me la pelaron”.

     Lo que más temen los políticos, esos que cobran de los impuestos que entregamos al fisco, es el ridículo público. Con todo cinismo pueden negar haber cometido un delito administrativo, ser corruptos y corruptores, ser sujetos de alguna acción penal en su contra, pero ser exhibidos los saca de sus casillas, los violenta, sin contenerse, para escarmentar a quienes favorecen o propician que se haga escarnio de su imagen pública.

     Pues lo mismo sucede con los mexicanos en general, tan bien descritos por Abel Quesada, Octavio Paz y Emilio Uranga. Los miembros de la sociedad son capaces de escarnecer con todo desparpajo a sus gobernantes, por lo que ellos mismos están dispuestos a hacer si tuvieran la menor de las oportunidades.

     Me sorprende que Perla Gómez esté en contra de Periscope, porque la suponía una defensora de los derechos humanos sensata, lo que me obliga a preguntarle y a preguntarme: ¿hacer pública a través de las redes sociales una ofensa cívica menor, un delito de tránsito, la falta de respeto a la primera autoridad con la que se tiene contacto, es violar los derechos humanos del ridiculizado, es destruir su intimidad?

     ¿Por qué aceptamos y aplaudimos el que se exhibiera a la hija del ex director de Profeco, pero no toleramos que se “ofenda” la imagen de un personaje de la catadura de Libien?

     Creo, y estoy de acuerdo con Xóchitl Gálvez -a quien no conozco ni necesito conocer-, que la única manera de que los habitantes de la Ciudad de México aprendamos a respetar los espacios sociales, a comportarnos con civilidad y civismo, es exhibiendo a esos “mirreyes” de cualquier edad, que en cuanto no pueden hacer su santa voluntad se transforman en energúmenos y peor, en “lady basura” o “lordmelapelas”; además, deben respetarse esos mismos derechos que los exhibicionistas pisotean sin recato, porque hacen alarde de la manera en que pueden comportarse, por encima de la ley.

www.almomento.mx

AMN.MX/gom/ymg

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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