LA COSTUMBRE DEL PODER: Del PRI, Diego y Xóchitl

  • En 85 años de priismo no se suman los miles de muertos y desaparecidos que debemos agradecer a los gobiernos de la alternancia, y no hablemos de corrupción; el compromiso fue la presidencia de Vicente Fox, nunca la de Marta Sahagún. Por eso se pudrió la transición
  13 Abr 2016 – 00:14 CET

diego-carlosUna fotografía y el periscope de Xóchitl Gálvez durante la fiesta de cumpleaños del jefe Diego, resumen el cómo y el porqué del cambio, y a cuenta de quién ha de establecerse el saldo negativo de la manera que permanece irresuelta la decadencia del modelo político mexicano, inapropiado para la globalización e integración a América del Norte.

     Al menos así lo entiendo de los comentarios de dos apacibles y profundos observadores del poder y sus efectos en las personas.

     La fotografía está en el espléndido libro de Martha Anaya, 1988, el año que calló el sistema; en ella se ve a Carlos Salinas de Gortari presidiendo -recién tomó posesión- la negociación de su legitimidad y permanencia en el poder. A su izquierda, Fernando Gutiérrez Barrios, a su derecha Luis H. Álvarez, Abel Vicencio Tovar, Carlos Castillo Peraza y Diego Fernández de Cevallos.

     A mi juicio la imagen explica dos hechos: la ulterior “renuncia” de Gutiérrez Barrios al despacho de Gobernación, y el principio del fin del modelo de la Revolución, cuando el presidente de la República remueve a Patrocinio González Blanco Garrido con una explicación de su propio fracaso: “lo que no funcionó”. Después, los crímenes políticos de su candidato Colosio y de su ex cuñado Ruiz Massieu: metáfora de la disolvencia, casi cinematográfica, de la familia revolucionaria.

     El verdadero, auténtico saldo de esa reunión presidida por el entonces presidente Salinas, sólo lo conocemos 27 años después, cuando Diego “instruye” a Xóchitl para el ventaneo (la delegada en Miguel Hidalgo no es una recién llegada a la política, e hizo lo que le solicitaron) con un propósito único: mostrar el corrimiento de los factores de poder y exhibir el peso real del jefe Diego en los trasiegos políticos y en las decisiones de carácter económico, para cumplir con los compromisos adquiridos durante las negociaciones poselectorales de 1988.

     En resumen, me dice el más audaz de mis interlocutores: si hacemos un balance real de los resultados de esa negociación, puede o debe deducirse que al PRI se debe todo lo mejor que ha ocurrido en México e, innegablemente, algo de lo malo, pero lo peor corresponde al hecho de haber impuesto una alternancia sin asegurar la transición: en 85 años de priismo no se suman los miles de muertos y desaparecidos que debemos agradecer a los gobiernos del PAN, y ya no hablemos de corrupción; además, el compromiso fue la presidencia de Vicente Fox, de ninguna manera la de Marta Sahagún. Por eso se pudrió la transición, puntualizó.

     Recién salía del 87° aniversario de la fundación del PRI, y se tomó la libertad de referirme una reflexión de Beltrones: “… propició el progreso con reivindicaciones sociales del siglo XX e hizo de la política el instrumento fundamental del cambio con orden y estabilidad, hoy nos llama a transformar la realidad en un marco democrático para enfrentar los retos de este siglo con base en la ley y en las nuevas instituciones”.

     Pero el periscope de Xóchitl Gálvez nos muestra el poder del jefe Diego y sus adláteres, entre ellos conspicuos priistas.

www.almomento.mx

AMN.MX/gom/ymg

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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