LA COSTUMBRE DEL PODER: El Estado torturará aún

  • Que no ofrezcan disculpas, que no se burlen de la sociedad y acaben con esa tortura que es idéntica a lo que decía el maestro Jesús Reyes Heroles de la Secretaría de Gobernación: no se ve, pero se siente
  25 Abr 2016 – 00:14 CET

siblosyagresiónEl provincialismo característico de los mexicanos durante los primeros 60 años del siglo XX afloró de nuevo. El aparente estupor por el video viralizado de militares y policías torturando a una mujer deja perplejo a cualquiera; sucede lo mismo con las desordenadas manifestaciones de contrición desde el poder, falsas como billetes de un millón de pesos.

     La tortura física es dolorosa, causa estragos, oscurece la imagen de los gobiernos y envilece a quienes la practican, pero es útil para acallar la otra vertiente de la tortura que se opera y ejerce desde el Estado, administrada por los gobiernos y las instituciones todas, porque es causa de mayores estragos entre la sociedad, porque nadie parece verla, aunque sí es cierto que nadie o casi nadie la denuncia.

     ¡Vamos!, no le demos el esquinazo a la verdad. Allí está la tortura cotidiana, y a la vista de todos, del desempleo, del sufrimiento de los padres de familia víctimas de la explotación salarial, despojados de toda dignidad en cuanto son capaces de percibir que no pueden satisfacer las necesidades elementales de los hijos, o los padres jubilados con pensiones ínfimas.

     La tortura del hambre padecida por esos millones de mexicanos que fueron colocados, por su ignorancia y como consecuencia de las políticas públicas, en condiciones de pobreza extrema, de pobreza alimentaria, de indigencia, de miseria, con el agravante de que se desperdician miles de millones de pesos de presupuestos de diversas instituciones gubernamentales y privadas, para enriquecer a unos y no solucionar nada.

     ¿Qué duele más, que traten de asfixiarte, te don toques en los genitales o simulen una ejecución, o que uno de tus seres queridos fallezca de hambre en tus brazos, de enfermedades curables, o debido a un error médico que nadie sanciona, o a un juicio perjuro que lleva a un inocente a la cárcel, donde lo convierten en un pedazo de carne del cual todos abusan si no tiene dinero para comprar esa paz relativa que se obtiene, pagada, en los reclusorios?

     O la angustiosa tortura de recibir la receta médica del facultativo de cualquiera de los centros de Salud del Estado, para después morir de desesperación porque el empleado de la farmacia indica que no han surtido medicamentos.

     O la tortura de ser como el tonto en la colina, pagar impuestos, cumplir con lo señalado en las leyes y la Constitución, para recibir como respuesta la befa de las condonaciones fiscales, los créditos, porque a pesar de lo que se diga, sí resulta ser cierto que hay unos más iguales que otros.

     Que no ofrezcan disculpas, que no se burlen de la sociedad y acaben con esa tortura que es idéntica a lo que decía el maestro Reyes Heroles de la Secretaría de Gobernación: no se ve, pero se siente.

www.almomento.mx

AMN.MX/gom/ymg

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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