LA COSTUMBRE DEL PODER: Narrativa y corrupción

  • Lo que se oculta detrás de una equivocada o sesgada o excluyente narrativa política sexenal, que explique y dé sensación de continuidad al proyecto de nación, es la corrupción, y ésta se protege con la impunidad, y ésta se garantiza si no hay rastro, y éste se diluye en la inexistencia de todo testimonio fiable del quehacer político
  6 May 2016 – 00:14 CET

venistiannnypenEl problema fundamental de la narrativa de la historia política de México radica en que los actores se niegan a asumir los errores de sus decisiones, por lo regular manifestados en una realidad atroz, que sobrepasa el entendimiento humano. El ejercicio del poder exige y cobra su cuota de sangre, sin necesidad de jalar el gatillo.

     De Tlaxcalantongo a Cocula -incluidas las imágenes de Elvira Santibáñez y la corrupción disfrazada o escudada en un debido proceso inexistente- nadie asumió, en el momento histórico y político inmediato, la responsabilidad que transformaría al modelo político, de presidencialismo absolutista en democracia.

     ¿Por qué? Lo que se oculta detrás de una equivocada o sesgada o excluyente narrativa política sexenal, que explique y dé sensación de continuidad al proyecto de nación, es la corrupción, y ésta se protege con la impunidad, y ésta se garantiza si no hay rastro, y éste se diluye en la inexistencia de todo testimonio fiable del quehacer político.

     Un gobierno cruento no necesariamente deja detrás de él un reguero de sangre: políticas públicas que crean pobreza, devaluaciones, programas sociales incompletos, debilitados y comprometidos, por ejemplo, son muestra de que se puede condenar a muerte mientras se posa para la foto con una sonrisa en la boca; la convierten en la imagen que pretende ser constancia narrativa de una historia ficticia.

     Concedemos el beneficio de la duda, porque estamos seguros de que no se trata de mentir como principio -aunque las respuestas a los temas cruciales del peñato dicen lo contrario-, al menos no construyen la narrativa política del sexenio con ese propósito, pero sí existe la intención política y humana de omitir, de las verdades a medias, de mostrar exclusivamente lo que no compromete, incluso si salir del paso exige que los mandamases ofrezcan disculpas a los manda menos.

     ¿Quién filtró el video de la tortura? Sin denuncia no hay sanción; sin renuncia tampoco hay redención. Es un secreto a voces que servicios de inteligencia de EEUU dan cursos a los policías y militares mexicanos; surge una pregunta de la que no espero respuesta: ¿incluyen esas enseñanzas metódicas y definitivas los métodos de tortura? Sólo el instructor pudo haber filmado y filtrado.

     De allí que siempre me haya interesado esa parte del periodismo que se construye con los silencios, que se resguarda en la ignorancia, porque no saber equivale a un seguro de vida.

     Hoy todavía pagamos las consecuencias de la traición que culminó en la ejecución de Tlaxcalantongo. Desconozco el tamaño y trascendencia de las consecuencias de las políticas públicas de este sexenio, pero sí estoy seguro de que enmendar la percepción, la imagen, empieza con la construcción de una narrativa que abreve del pasado, para aspirar, legítimamente, a dejar un legado que trascienda la fotografía de un instante.

www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/go/ymg

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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