LA COSTUMBRE DEL PODER: ¿Zona sagrada?

 Gregorio Ortega Molina  16 de agosto de 2017 – 00:12 CET




 
*Es momento de preguntarnos si hacer pública la verdad de lo que ocurre ayuda o no a las autoridades, o si la deformación semántica de los sucesos encubre las actividades de los “narcomenudistas” que se manejan por la libre, al no pertenecer a ningún cártel (¿¿??)
 
A esta ciudad decidieron gobernarla con la lengua desde que Los Arañas Los Ciudadelos irrumpieron en las calles del Primer Cuadro, para iniciar las cuarteaduras de la paz heredada a las autoridades del Distrito Federal por el general Roberto Cruz.
Zarandeada entre la marcha del silencio, la quema de camiones, el boteo y las protestas, ni las autoridades capitalinas ni las federales encontraron la cuadratura del círculo para resolver un problema político, porque terquearon para manejarlo como policiaco. El drama se saldó, momentáneamente, en la Plaza de las Tres Culturas. La historia fue cubierta por medias verdades y mentiras oficializadas.
Durante el combate a la guerrilla urbana y rural los eufemismos sustituyeron a la verdad: se trató del combate a abigeos y delincuentes del orden común. Nadie quiso, ni hoy quiere, reconocer la dimensión social y humana de la tragedia mexicana.
    Ahora, a pesar del despliegue armado de marinos en las calles de Tláhuac, se empeña, Miguel Ángel Mancera, en cerrar los ojos a los hechos y las cifras y las muertes. En la CdMx no hay cárteles. Es momento de preguntarnos qué es el narcomenudeo, sino la primordial actividad comercial de los barones de la droga. Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, no era un pelagatos, pero sí el dueño de vidas y haciendas en una amplia zona de esa Delegación.
La información proporcionada por la Secretaría de Marina es puntual, desmiente la palabrería del gobernador Mancera: “Un despliegue conjunto de fuerzas federales y capitalinas en la colonia La Conchita Zapotitlán, delegación Tláhuac, generó el enfrentamiento con integrantes de una <<organización delictiva extremadamente violenta>>, en el que murieron ocho personas, entre ellas Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, líder de este grupo que operaba en esta demarcación, en Milpa Alta, Xochimilco e Iztapalapa; se trata de integrantes de un grupo que se dedica al narcomenudeo, extorsión y secuestro, además de que se le atribuyen, por lo menos, 32 homicidios en la Ciudad de México. Esa acción fue como consecuencia de los trabajos de inteligencia de campo y gabinete, por lo que se tuvo conocimiento de la ubicación de integrantes de grupos de narcomenudistas”.
     Mil 200 agentes de la policía capitalina realizaron actos de vigilancia. Tras el operativo efectuado por elementos federales en Tláhuac, una fuerza de mil 200 elementos de la policía capitalina se desplegó en varias colonias de esta delegación para evitar que se desbordaran hechos de violencia, como la quema de vehículos o bloqueo de vialidades: narcobloqueos, como en Reynosa.
Es momento de preguntarnos si hacer pública la verdad de lo que ocurre ayuda o no a las autoridades, o si la deformación semántica de los sucesos encubre las actividades de los “narcomenudistas” que se manejan por la libre, al no pertenecer a ningún cártel (¿¿??).
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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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