LA COSTUMBRE DEL PODER: Corral tuvo razón

 Gregorio Ortega Molina 05 de febrero de 2018 – 00:12 CE

*No pudo darse el lujo de los oídos sordos al diálogo, escuchó, pero sobre todo mantuvo firme la obligación moral de llegar a la Ciudad de México a la cabeza de la marcha a la que él convocó

 

El gobernador de Chihuahua inició un camino sin regreso. Tuvo un primer tropiezo al acudir a la Ciudad de México para entrevistarse, una primera vez, con Alfonso Navarrete Prida, que carece de los alcances de Patrocinio González Blanco Garrido, pero sobre todo de Fernando Gutiérrez Barrios, porque el poder político real fue transferido a SHCP. Hace mucho la palabra del secretario de Gobernación en funciones dejó de equivaler a un compromiso efectivo de solución de conflictos, el sábado medió la entrega de 900 millones de pesos retenidos para ejercer presión en época de campañas.

   El bloqueo en Gómez Palacio, Durango, fue la más pequeña de las piedras, porque en el gobierno federal temieron, desde el principio, que la Caravana de Javier Corral adquiriera la dimensión moral y cívica de la encabezada por Salvador Nava. Para infortunio de la historia política documentada ya murió Fausto Zapata, quien pagó las consecuencias de la intolerancia gubernamental.

En esencia la postura política, ética y moral asumida por Javier Corral es correcta, aunque en su origen y señalamiento de culpables tuvo un equívoco fundamental, o quizá un espacio ciego a propósito, para abrir las puertas de la negociación, como al fin ocurrió.

A estas alturas de su vida en las grandes ligas de la política, Corral debió saber, con todo detalle, que para el uso de dinero en efectivo durante las campañas políticas, los gobiernos priistas y en ese partido se estatuyeron reglas claras y precisas: el dinero “no contable” al que pueden acceder los candidatos o los delegados del PRI en las entidades federativas, no pasa por el presidente del CEN, sino que desde la SHCP va directamente a manos del secretario de Finanzas del organismo político, en este caso quien administró y tiene conocimiento de origen y destino de esas cantidades, es Luis Vega Aguilar. Alejandro Gutiérrez nada tuvo qué ver en este desvío de recursos fiscales. Pareciera que su detención, y ahora su traslado a un penal federal, tiene otros fines de justicia política.

     Al habérsele concedido la razón el sábado, llegó el momento de que Javier Corral afine la puntería, porque convertirse en émulo de Salvador Nava requiere algo más que valor civil, exige congruencia, autoridad moral y ética, ideología y templanza, pero sobre todo esgrimir la defensa de los valores que quiere preservar, y hacer la denuncia de corrupción, con la verdad y las pruebas correctas, nunca con las sembradas que le irán dejando en el camino.

Aquí la anécdota. Una marcha de campesinos iniciada en San Pedro de las Colonias, Coahuila, fue organizada por hambre y despojo de tierras. Desde la secretaría de Gobernación comisionaron al senador Elíseo Rodríguez Ramírez para que le impidiera llegar al entonces Distrito Federal. La consigna era detenerlos a como dé lugar. Y ya sabemos lo que eso significó durante años.

Javier Corral no pudo darse el lujo de los oídos sordos al diálogo, escuchó, pero sobre todo mantuvo firme la obligación moral de llegar a la Ciudad de México a la cabeza de la marcha a la que él convocó, de lo contrario su memoria histórica hubiese terminado en la basura, y México habría perdido una buena oportunidad de exhibir los mecanismos de la corrupción.

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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