LA COSTUMBRE DEL PODER: Responsabilidad del voto III/V

 Gregorio Ortega Molina 7 de marzo de 2018 – 00:12 CE


*El sufragio debe exigir al ensanchamiento de la libertad responsable, que aliente e impulse en los gobernantes el deseo de cumplir, por encima de sus ambiciones personales, con el mandato constitucional. Para lograrlo se requiere seguridad pública, sin Estado de excepción, lo que favorecerá el ejercicio de las garantías constitucionales. Este debe ser el objetivo del voto

 

Los aspirantes a tiranos hoy son sofisticados, tienen más y mejores recursos que los que contribuyeron a entronizar a los del siglo pasado (Internet, por ejemplo); además se las ingenian para vendernos como garantes de la libertad, medidas restrictivas y peligrosas.

Timothy Snyder aporta veinte lecciones que aprender del siglo XX en su obra Sobre la tiranía. Nos alerta sobre las inocultables intenciones de Donald Trump y Vladimir Putin. Imposible negarse a establecer absurdas analogías entre el primero con el tío Adolfo, y el segundo con el padrecito Iosef Stalin, aunque la supuesta abundancia de información para establecerlas (desinformación real) facilite <<la propensión en varias esferas de la vida pública a descuidar o a abandonar la responsabilidad intelectual, moral y política>>, escribió Tony Judt.

     ¿Qué es lo que buscaremos a cambio de nuestro voto este 1° de julio? Los pendientes que abren los gobiernos incapaces de cumplir con el mandato constitucional son muchos. Los números y figuras de la baraja crecen y se distorsionan, porque la mayoría de los administradores públicos tuercen la ley más allá de lo que la carencia de recursos los condiciona: complicidades y corrupción determinan en casi todas las áreas el ejercicio del poder. ¿Cómo detener el flagelo que está a punto de destruirnos como nación?

Snyder nos refiere con una gran señal de alarma a la obediencia debida entregada por anticipado, sin cuestionarnos siquiera si las propuestas de campaña que se convertirían en proyectos gubernamentales, reformas legales y  constitucionales, en verdad nos conducen al paraíso o son el mejor camino al infierno en la tierra. Allí están, por ejemplo, aprobando una ley de seguridad interior que abre la posibilidad del Estado de excepción con la aprobación cómplice del Congreso, con el riesgo, siempre, de que lo transitorio se convierta en permanente.

¿Cómo garantizar que eso no suceda? Con el sufragio que apueste al ensanchamiento de la libertad responsable, que aliente e impulse en los gobernantes el deseo de cumplir, por encima de sus ambiciones personales, con el mandato constitucional. Para lograrlo se requiere seguridad pública, sin Estado de excepción, lo que favorecerá supervisar al Ejecutivo y garantizar el ejercicio de las garantías constitucionales. Este debe ser el objetivo del voto, porque el abanico de la libertad se abre.

La libertad no es una, es múltiple, se ensancha y al hacerlo nos alimenta con el hálito de vida.

     Libertades de pensar, de elegir, de educarnos, de trabajo, de salud, jurídica, de inversión, económica, moral, ética, intelectual; de amar, de adoptar, de compartir, de ser digno, de ser agnóstico, creyente, ateo, de comprar y vender, de tránsito, de impugnar una decisión equívoca o errónea de la autoridad.

¿Estado de excepción para garantizar las libertades? ¡Vamos, sólo falta que la SCJN les avale su Ley de Seguridad Interior! Bien reflexiona Snyder, defender nuestras libertades exige la defensa de las instituciones.

<<Son las instituciones las que nos ayudan a conservar la decencia. Ellas también necesitan nuestra ayuda. No hables de “nuestras instituciones” a menos que las hagas tuyas por el procedimiento de actuar en su nombre. Las instituciones no se protegen a sí mismas. Caen una tras otra a menos que cada una de ellas sea defendida desde el principio…>>.

El voto debe estar orientado a la preservación de la República y al Estado que le da contenido y aliento de vida, aunque ello demanda una profunda reforma del modelo de gobierno, pero ninguno de los candidatos la ofrece, porque tampoco ninguno tiene claro qué es un Estado en medio de la globalización, y desconoce los métodos y las formas de preservarlo.

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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