LA COSTUMBRE DEL PODER: El voto de 37,435 desaparecidos

 Gregorio Ortega Molina 18 de junio de 2018 – 00:1


*Me pregunto, la cifra dada ¿fue proporcionada cerca o lejos del 1° de julio? ¿Incidirá en la conciencia del electorado? El aroma de las fosas clandestinas ¿llegará a las urnas electorales?

 

Toda vez que hay un desaparecido (a) el Estado mexicano se desdibuja, acelera su disolvencia cinematográfica, porque su gobierno omite cumplir con el mandato constitucional jurado por el Ejecutivo.

¿Cuál es el estado de ánimo de los integrantes de una familia en que empieza a haber huecos, ausencias; cuando los padres dejan de estar donde debieron permanecer, o cuando las madres dejaron de dar amor a los hijos antes de tiempo porque se ausentan contra su voluntad, o cuando la alegría proporcionada por la vida de los vástagos, su sonrisa, sus abrazos, sólo se convierten en nostalgias, huellas en sus camas y almohadas, prendas de vestir que se abrazan en busca de un aroma que los regrese, porque gracias a la ausencia del Estado dejaron de estar.

Con toda certeza Miguel Limón Rojas y Lía Limón recuerdan el “pancho” armado por el actual gobierno, cuando a la ex funcionaria de Segob se le ocurrió dar la cifra de desaparecidos durante el gobierno de Felipe Calderón. Terminamos, los mexicanos, por nunca conocer con exactitud ese número. La única certeza que nos quedó es que el gobierno de EPN había tomado la decisión de dar la espalda a la realidad, desconocerla, como si anticipara, desde su inicio, los pasos contados al drama final que coronará su fracaso, evocador de las notas y estrofas finales de la ópera de Ruggero Leoncavallo, Payasos.

Hay entidades federativas, como Veracruz, donde se vive intensamente el drama de los desaparecidos, donde los colectivos de madres desesperadas rastrillan el suelo en busca de fosas clandestinas, porque ellas tienen ese certeza irreversible: el drama concluye hasta que aparecen los despojos de los hijos, aunque por dentro sean consumidas por su propia imaginación, al pensarlos vivos aunque sometidos a maltratos sin fin, como esclavos laborales o sexuales, o como cobayas médicas, para extraerles los órganos -con destinatarios para un trasplante- uno a uno, de acuerdo a la cotización del mercado.

Segob aventó al rostro de los mexicanos, a la conciencia de los electores, a la idea de un cambio de modelo económico, la cifra de 37 mil 435 desaparecidos hasta el 31 de mayo; es decir, para cuando concluya el sexenio, el gobierno de EPN habrá roto todos los moldes estadísticos, pues como se negaron a proporcionar de manera oficial las cifras del sexenio anterior, cómo saber cuántos, efectivamente cuántos, dejaron de estar donde deben permanecer durante el regreso del PRI al poder, para cumplir un mandato constitucional que fue incumplido.

Me pregunto, ¿la cifra dada fue proporcionada cerca o lejos del 1° de julio? ¿Incidirá en la conciencia del electorado? El aroma de las fosas clandestinas, ¿llegará a las urnas electorales? ¿Cuánto pesarán en el ánimo de sus familiares al momento de votar?

Total, para una nación, una patria edificada con sangre y viva gracias al esfuerzo de sus 120 millones de habitantes, ¿qué tanto son 37 mil 435 desaparecidos?

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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