LA COSTUMBRE DEL PODER: Sheinbaum y la violencia

 
* Hoy, en la ciudad, matan, secuestran, violan o desaparecen por quítame estas pajas o por extorsión: o pagas con dinero o rindes cuentas con tu vida. Las historias se repiten sin cesar, y sabemos o intuimos que la sociedad conoce un mínimo porcentaje de lo que realmente ocurre

El primer contacto de los mexicanos de a pie con la autoridad son los policías de crucero, los que están en el metro o en las estaciones de metrobús, en las tapos y los aeropuertos, a las puertas de las sucursales bancarias y como elementos de seguridad en los grandes almacenes; esos guardianes del orden se han empeñado en demostrar que lo mismo son héroes que ayudan, que villanos que tuercen vidas y extorsionan.

Son espejo fiel del comportamiento de los administradores del Estado. Cuando las diversas policías sean absolutamente respetables y respetadas, los gobiernos quedarán acreditados como buenos, eficientes y honrados. La hondura de la honestidad es otro asunto.

     Moverse a pie en la Ciudad de México, o ser usuario del transporte público, es acercarse a una realidad que -sólo los que se aferran a los tubos de asientos y pasamanos para no caer, o los que hacen cola y se mojan con agua de lluvia y resisten el acoso sexual a mujeres y hombres, o el robo de celulares o del dinero para el chivo de la semana, o la chamarra y los zapatos, y sienten las banquetas y el arroyo en la piel- los gobernantes desconocen, sobre todo porque el ámbito social de hoy es totalmente distinto al que disfrutaron o padecieron durante su adolescencia.

     Pronto el peatón percibe que hay colonias con mayor y mejor protección policiaca que otras, que hay estaciones del metro que son una trampa, como la Auditorio, u otras en las que si el colorido subterráneo seduce -Tacubaya-, es harto probable que pesques una infección en los ojos, la piel o de vías respiratorias, porque es tal el número de pasajeros que hacen transferencia, que el contacto humano es casi inevitable, a pesar de la amenaza de ser acusado de depredador(a) sexual o de raterillo de poca monta.

Hoy, en la ciudad, matan, secuestran, violan o desaparecen por quítame estas pajas o por extorsión: o pagas con dinero o rindes cuentas con tu vida. Las historias se repiten sin cesar, y sabemos o intuimos que la sociedad conoce un mínimo porcentaje de lo que realmente ocurre a esos mexicanos que salen a trabajar o a estudiar con el Jesús en lo boca, o a esos delincuentes que se dedican a cumplir con la tarea asignada, o a esos policías que quieren, necesitan cumplir y ser buenos, pero que a lo hora de la verdad o comparando el salario recibido con lo que les espera en casa, pues tuercen y se tuercen, para juntar para el chivo.

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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