La Costumbre del Poder: Reforma judicial inútil

 Gregorio Ortega Molina 12 de noviembre de 2019 – 00:13

Reconstruir la credibilidad en los jueces, no es sinónimo de fortalecer la confianza en el modelo político. Así sólo alargan la vida artificial del paciente: la institución presidencial

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Los pagos a plazos siempre resultan comprometedores, tanto para el acreedor como para el deudor. Lo mismo ocurre con la política, la renovación nacional, el cambio de régimen, no puede hacerse en parcialidades. La retribución a la sociedad, que tanto ha esperado, debe realizarse de manera integral.

Las reformas parcializadas al modelo económico y al sistema político, sólo han alargado, de mala manera, la agonía de una institución presidencial agotada, sin respuestas efectivas a los reclamos de los electores, vaciada de su poder paso a paso, desde 1982. Deben comprender que la desincorporación de los activos del Estado, equivale a su disminución. La desestructuración del corporativismo acabó con las correas de transmisión que dieron fuerza y viabilidad al presidencialismo conceptuado por Plutarco Elías Calles.

La peor de las decisiones fue compartir esa autoridad legal con los distintos poderes fácticos. La responsabilidad recae sobre quien encabeza la Presidencia de la República, pero el cómo y el cuándo ha de actuarse para gobernar, se determina en acuerdos cupulares.

Así es como se han creado vacíos de poder, y se ha permitido que, en amplios espacios de la república, el Estado fuese sustituido por otras fuerzas sociales, económicas o delincuenciales. La presidencia vertical no existe.

La reforma al Poder Judicial de la Federación de Ernesto Zedillo, sólo contribuyó a alargar la vida del modelo político, de la misma manera que se prolonga la respiración de un paciente con muerte cerebral. Es una vida artificial.

Hoy están empeñados, otra vez, en prolongar la vida a un sistema político caduco, porque es sólo una reforma parcial la que emprenden, cuando lo que se requiere es transformar al Estado e ir hacia un presidencialismo parlamentario.

Pero escuchemos la voz de Julio Scherer Ibarra, Consejero Jurídico de la Presidencia República:

“Uno de los grandes objetivos de esta Cuarta Transformación, es el fortalecimiento del Estado de Derecho y del Sistema de Administración y Procuración de Justicia.

“Hoy, el Poder Judicial enfrenta grandes retos que evidencian la necesidad de revisar nuestro sistema de justicia y realizar cambios al interior, que tengan como resultado devolver a la sociedad la confianza en las instituciones que la integran.

“Desde la perspectiva del Estado de Derecho, un adecuado acceso a la justicia y mecanismos eficientes de solución de conflictos generan incentivos para que los derechos fundamentales se protejan y se produzcan consecuencias para quienes transgreden los derechos de otros.

“Con ellos, se reduce la impunidad y la corrupción, al igual que mejora la capacidad del Estado de impartir justicia, así como alcanzar la igualdad y la paz social.

“No será posible concretar el cambio de régimen y la transformación de México, sin reforzar la independencia, calidad y el profesionalismo del Poder Judicial”.

Hasta aquí todo bien, pero reconstruir la credibilidad en los jueces, no es sinónimo de fortalecer la confianza en el modelo político. Así sólo alargarán la vida artificial del paciente: la institución presidencial.

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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