La Costumbre del Poder: Cédula de identidad y padrón del INE

 Gregorio Ortega Molina 20 de febrero de 2020 – 00:12 CE

México puede cambiar de la noche a la mañana, como esa nación ficticia que tan bien sirve a Margaret Atwood en El cuento de la criada y Los testamentos. La autora sabe que “lo normal es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbrareis. Y se convertirá en algo normal”. ¿Bastará un sexenio?

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Anoche me visitó el Demonio de Sócrates, sólo para avisar que se empeñan en hacer polvo a Lorenzo Córdova Vianello, porque se negó a entregar el Padrón Electoral a alguna autoridad de la Secretaría de Gobernación, que ya tiene apalabrado jugoso contrato para la Cédula de Identidad que, a mi real saber y entender, tiene muchos asegunes.

La empresa francesa que supuestamente ganó una licitación y afirma tener el contrato en la mano, oferta una cédula de identidad limpia y exclusivamente cibernética. Sin versión impresa. Si la autoridad detiene a algún ciudadano o ciudadana para confirmar sus generales, lo único que ha de hacer es teclear su nombre en un sistema digital de comunicación, lo que en zonas urbanas y con cobertura es sencillo, pues hoy los teléfonos celulares son pequeñas computadoras que, con el programa adecuado, en efecto podrán determinar la identidad que deseen.

Pero, en este amplio territorio nacional nuestro hay muchas zonas que no tienen acceso a Internet, lo que indica que el servicio que pueda rendir a la seguridad nacional una cédula de identidad estrictamente digital, es de uso y beneficios limitados y, por ejemplo, para otros requerimientos de identificación, como los bancarios, ¿Segob compartirá su archivo? ¿Y en los hospitales?

Este es un gran agujero negro que carece de solución, porque han de partir del hecho de que México no está totalmente digitalizado, pero me cuentan que doña Olga Sánchez Cordero está más que entusiasmada con dejar como legado esa famosa cédula de identidad, y ni siquiera transparentaron la licitación y se desconoce el monto de lo que desean invertir, ¿o será gastar, por aquello de que tampoco terminarán el proyecto?

Pero además de este pingüe negocio que enmarca la titánica lucha de la 4T contra la corrupción, está pendiente resolver, por las buenas o por las malas, la elección intermedia de la Cámara de Diputados federal, porque allí se juegan el futuro transexenal del proyecto sin proyecto de AMLO, en el que todo nos indica que el camino a seguir es el justicialismo, también con sus bemoles, porque las edades entre Juan Domingo y Andrés Manuel son dispares, y el carácter de los argentinos y los mexicanos es tan distinto.

Además, la pieza clave, Eva, ¿dónde está la Eva mexicana? Es cierto, las mujeres son fundamentales en el quehacer político, y sin esa gran señora que acompañó a Perón y movió y conmovió a los descamisados, aquí sólo saldrían a las calles los anarcos, a rostro encubierto y con consignas de vandalismo, porque el México bueno y sabio sabe de elecciones, pero no de participación en las disputas por el poder, a menos que sea el de las calles.

Claro, México puede cambiar de la noche a la mañana, como esa nación ficticia de Margaret Atwood en El cuento de la criada Los testamentos. La autora sabe, como lo escribió, que “lo normal es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbrareis. Y se convertirá en algo normal”. ¿Bastará un sexenio?

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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