LA COSTUMBRE DEL PODER: México sin Estado

 Gregorio Ortega Molina 16 de abril de 2020 – 00:12 CE
*¿Hay salida? Sí, con la reforma del Estado, con el cambio radical del modelo político para gobernar, que es lo que nadie quiere, principalmente los que se sirven de lo que queda de las instituciones de la República, para hacer como que gobiernan
México sin Estado

La nueva época en la que el mundo entra, llegó anticipadamente a México. Tiene fecha aproximada por los hechos que la consumaron: empequeñecimiento del Estado para lograr el TLC; surgimiento de los poderes fácticos con los que, literalmente, se comparte el poder, y guerra contra el narco, que rediseñó la pulverización del Estado y acrecentó su ausencia en amplios territorios de la república.

Medito en lo anterior motivado por la nota de Viridiana Ríos en El País, en la que sostiene que en México el Estado no existe… que hay más gobierno que Estado. ¿Es posible?

La violencia incontenible; la presencia incuestionable de una muy organizada delincuencia, en la que a la cabeza está el narcotráfico; la fuerza de la economía informal, que da la espalda al SAT; la disolvencia cinematográfica de las organizaciones políticas, incluida MORENA; el empeño del gobierno por regresar a un pasado irrecuperable…, sí, todo indica que las autoridades que hoy mandan tienen un gobierno sólido, fuerte, pero sin Estado, lo que significa que nadan en el aire, porque los dejaron sin agua.

¿De dónde habrá sacado su hipótesis de trabajo Viridiana Ríos? ¿De su confrontación con la realidad que nos avasalla? La manera en que el Gobierno vivió de lejos el 8 y el 9 de marzo, y las formas y el estilo con que decidió confrontarse con la realidad del Covid-19, indican que puede tener razón.

Vayamos a Carlos Mauricio Talleyrand-Périgord: “En todo Estado bien gobernado cada rama de la administración tiene un espíritu propio. Este espíritu imprime unidad, uniformidad y una cierta energía a la dirección de los asuntos, transmite la tradición de los deberes, perpetúa el sentimiento y la observación y liga la corporación y los individuos al Gobierno. No existe más que un modo de establecer y fijar en cada administración el espíritu que le es propio: un sistema de promoción sabiamente concebido e invariablemente ejecutado”.

¿Hace cuánto que lo anterior no sucede en México? Luis Echeverría Álvarez fulguró el ascenso político de un par de generaciones; su emblemático representante, Ignacio Ovalle Fernández, regresó a la tandariola. El gabinete actual, y con la pandemia enfrente, equivale al del salario del miedo. La mayoría está en esa población susceptible de contagio y muerte.

Empezamos a tener más Gobierno que Estado, cuando el primero decidió servirse del segundo, en lugar de servirlo. Hicieron de las instituciones de la República el campo de batalla de la disputa política, lo que facilitó el empoderamiento de los poderes fácticos y el crecimiento exponencial de la presencia económica y política de los barones de la droga.

¿Hay salida? Sí, con la reforma del Estado, con el cambio radical del modelo político para gobernar, que es lo que nadie quiere, principalmente los que se sirven de lo que queda de las instituciones de la República, para hacer como que gobiernan.

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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