LA COSTUMBRE DEL PODER: ¿A la narco-economía?

 Gregorio Ortega Molina 24 de abril de 2020 – 00:12 CE

*Todo indica que nos aproximamos a un cambio de estafeta en los poderes fácticos. Lo determinarán las exigencias económicas
¿A la narco-economía?

Si el análisis de Carlos Matute en El Universal del 5 de abril es correcto, si la caída de los precios del petróleo se alarga demasiado, y si AMLO no modifica su comportamiento ante los empresarios, los periodistas y todos los otros enemigos imaginarios, además de profundizar la división entre mexicanos, deberá buscarse otras alianzas para no declararse en bancarrota.

El dinero fiscal escaseará tanto como la confianza en el líder. La inversión, sin seguridad jurídica y sin que la palabra de las mañaneras abandone el escarnio, se reducirá tanto como crece su poder real, pues este anillo al dedo que le cayó con la pandemia, le puede ser útil para deshacerse de los poderes fácticos, de esos que crecieron con la venta de los activos del Estado, el TLC y la globalización, salvo uno, el más duro y real: el detentado por los barones de la droga, que no son los visibles, como tampoco los que están sometidos a juicio o ya purgan condena.

En 2009 Plaza & Janés editó Crimen de Estado, “una novela, basada en la realidad, que muestra los orígenes de la narcopolítica mexicana”. Su aparición me costó desempleo, segregación, animadversiones y pérdida de lo que, en ese momento, consideré amistades. En ese texto dejé claro que la actividad política y económica durante el sexenio de Miguel de la Madrid, evitó que el país se le deshiciera en las manos, a pesar de las presiones de Ronald Reagan (que le pidió la península de Baja California, según me lo narró Emilio Gamboa Patrón) y debido a la tolerancia a los trasiegos ilícitos del narcotráfico, que a cambio mantuvieron la actividad económica algo más que viva.

Hay que dejarnos de hipocresías. Todas las naciones, de una u otra manera, se benefician del dinero sucio de la delincuencia organizada, notoriamente de los dólares del narcotráfico, que siempre se recirculan en la legalidad. No se le combate para exterminarlo, sí para administrarlo y tenerlo sujeto a ciertas reglas del juego.

A Miguel de la Madrid, durante su vida como ex Presidente de México, no le ladraron en la calle, no le llamaron innombrable y, a fin de cuentas, se olvidó su pasmo ante el terremoto del 85. Actualmente el narcotráfico funciona en solitario, con sus grescas internas, sus propios acuerdos y con dominio absoluto en las amplias zonas del territorio nacional que controla; mueve con absoluta libertad sus ingresos, y tiene posibilidades de lavar e invertir donde se lo soliciten. Obvio, no lo hará gratis.

Lo cierto es que, como escribe John Connolly en Música nocturna, estamos ante “una gran erupción de muertos, centeneras de miles de ellos, todos con nombres que susurrar, todos con historias que contar, una generación de seres perdidos que desmentirían todas sus palabras de autojustificación y partirían la cáscara hueca de cada una de sus excusas”.

Todo indica que nos aproximamos a un cambio de estafeta en los poderes fácticos. Lo determinarán las exigencias económicas.

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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