La Costumbre del Poder: El mal, poder y política V/V

Gregorio Ortega Molina 11 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*La impostura de la 4T convierte a la sociedad entera en palo de gallinero, sólo los integrantes del gobierno son gallinas

Libro La Gravedad Y La Gracia, Simone Weil, ISBN 42813477. Comprar en  Buscalibre

Ser malo equivale a acostarse con el enemigo, sobre todo en asuntos de poder y de relaciones humanas. La alteridad se pervierte cuando se gobierna con dobles y hasta triples intenciones; se trastoca cuando el engaño lo pagan, siempre, los que menos tienen. El mal, en política, es un asunto de pantalones largos y mirada torva. Allí están las imágenes.

     Que la sociedad pueda siquiera concebir la duda acerca del mal en la cúspide del poder está difícil, porque “una vez hecho, al mal ya no se le conoce, porque el mal rehúye la luz”, dejó anotado Simone Weil en La gravedad y la gracia. Y va más allá.

     “¿Existe el mal, tal como se le concibe, cuando no se hace? ¿No resulta el mal que se hace algo sencillo, algo natural que se impone? ¿No es semejante a la ilusión el mal? Cuando se es víctima de una ilusión, uno no la siente como tal, sino como una realidad. De igual forma puede ser el mal. Cuando se está en el ámbito del mal, uno no lo siente como mal, sino como necesidado aun como deber.

     “Una vez hecho, el mal se presenta como una especie de deberLa mayoría de los hombres (sobre todo los concupiscentes del poder) poseen el sentimiento del deber para ciertas cosas malas y otras buenas. Un mismo hombre siente como un deber el vender tan caro como pueda y el no robar, (combatir la corrupción y tolerarla o consentirla), etc. En sus casos, el bien se halla a la altura del mal, y es un bien carente de luz.

     “El acto malvado supone un traspaso al prójimo de la degradación que uno lleva en sí mismo. Por eso se inclina uno por él como si lo hiciera por su liberación”.

     Es en este contexto que adquiere su importancia política y ética el eslogan de primero los pobres… es el mantra que resuelve, en el interior de quien lo hizo su bandera, la alteridad que nunca encontró, y supuestamente conjura su sensación de rechazo. Es el resentimiento absoluto como motivación del poder, como lo muestra la prohibición de tener cualquier contacto comercial con el grupo Nexos. Equivale al “ya perdoné a Calderón por robarme la elección” o a la afirmación de que los que nada tienen que ocultar, nada deben, tampoco tienen por qué preocuparse de las acusaciones de Emilio Lozoya, mientras la fama pública se degrada y el escarnio destruye familias enteras y es espoleta para una guerra civil larga y cruenta.

     Demos contexto y fin al tema, con un párrafo de El problema de ser eterno, artículo de Juan Arnau Navarro en torno al dolor de la eternidad en la obra de Soren Kierkegaard, publicado en El País el último tres de septiembre: “La desesperación es una pasión impotente, pues no es capaz de realizar su propia extinción (esa es la ilusión del suicida). El desesperado cabal desespera por no poder destruirse. Y es lógico, pues la desesperación prende fuego a algo ignífugo: el espíritu. La vida es desesperada si falta la posibilidad, pero tan desesperado es quien carece de posibilidades como quien no tiene ninguna necesidad. Hasta cierta edad se vive de esperanzas y posibilidades, y éstas van menguando hasta que todo es necesidad. El que se hace ilusiones no es menos desesperado que el que no se las hace. El fatalista también es un desesperado. Ignora que la personalidad es síntesis de necesidad y posibilidad. La posibilidad es como la respiración: un continuo flujo de aspiraciones y el yo fatalista no respira, la pura necesidad lo asfixia. Sólo el que comprende que todo es posible entra en contacto con lo divino. Tan desesperado es el soñador como el burgués banal y sin imaginación que vive a impulsos de lo agradable y lo desagradable y carece del coraje de ser un espíritu. Frente a esas evasivas, Kierkegaard propone vivir y profundizar en la paradoja absoluta del espíritu. Quien evita la paradoja es como el amante que teme la pasión. No sabe que la aspiración última de la pasión es su propia desaparición, y eso es imposible”.

     La impostura de la 4T convierte a la sociedad entera en palo de gallinero, en un país donde sólo los integrantes del gobierno son gallinas.

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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