La Costumbre del Poder: No mentir, no robar, no traicionar


 Gregorio Ortega Molina 24 de febrero de 2021 – 00:12 CE


 *Seguramente mi nieto tiene razón, al presidente de México se la pelusquean porque nadie hay de su catadura moral… ¿o sí?



“Cuando sea grande quiero ser como el presidente de México”, afirma mi nieto y me ve con desafío -tiene diez años, se ha hecho de un vocabulario florido- cuando le pregunto por qué. “Ay abuelo”, me dice y continúa, “no te hagas, tú siempre me regañas cuando me cachas en mis mentiras, pero a él se la pelusquean, las dice con todo desparpajo; además, lo premian, lo aplauden, se lo agradecen”.

     No le falta razón. Proliferan los análisis, los memes y los mensajes sobre el cúmulo de mentiras presidenciales, y el hombre continúa tan campante todas las mañanas, las profiere sin siquiera despeinarse, podemos atestiguar que suben en intensidad y grado de dificultad, pero es dueño de la habilidad del lenguaje y gesticular para salir, siempre, airoso. Ni siquiera se despeina. Que luego lo exhiban, lo reten, lo emplacen a demostrar sus dichos, le vale, porque sus fanáticos ni tiempo de leer tienen y, además, para desmentir tiene las redes sociales. En ellas está el verdadero campo de batalla de la credibilidad, la suya, la de él, el peso de la Presidencia de la República, porque sus oponentes, la mafia del poder, los intelectuales, quedan mal parados con los que votaron y votarán a favor de la 4T.

     En cuanto a la corrupción, el saqueo y la impunidad, de Pío no dice ni ídem, de su cuñada se hace el tancredo y se obceca en el mutismo más férreo, tal como lo aprendió desde que sorprendieron a René Juvenal Bejarano en amena charla con Carlos Ahumada, en la repartacha de los dólares, ¿o fueron pesos? No importa, el señor Bejarano está de regreso, y por lo suyo.

     Pero resulta que el actual presidente se lleva algo más que los billetes, roba un preciado tesoro que se traduce en la tergiversación del presente y la falsificación del futuro; me refiero a los nuevos libros de texto, seguramente supervisados por Paco Ignacio Taibo II, y la obligatoriedad ideológica de los pasantes de medicina, o Cuba o te jodes, así de sencillo.

     De traiciones ya ni hablemos, los empresarios pagaron bastante cariñosos los tamales de chipilín, a pesar de que ya se las había hecho con el AICM; luego el pueblo sufragó el gasto de la rifa de un avión que no se entregó, y la “compra” de vacunas que no existen o que son insuficientes, sin contar con el hecho tangible de que nunca llegaremos a disfrutar un servicio médico como el de los países nórdicos.

     Pero las trapacerías presidenciales desaparecen detrás de su característica sonrisa de las mañaneras; es capaz de hacer olvidar que es posible, sí, muy posible y tal vez probable, que se haya visto recientemente recluido por algo más que Covid-19, lo que es alta traición a sus votantes, que lo quieren sano y fuerte por el tiempo que sea necesario tenerlo en el poder, para hacer de la 4T un proyecto irreversible.

     Seguramente mi nieto tiene razón, al presidente de México se la pelusquean porque nadie hay de su catadura moral… ¿o sí?

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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