La Costumbre del Poder: Vivimos entre machos y racistas


 Gregorio Ortega Molina 22 de marzo de 2021 – 00:12 CE

 *Terminar con el machismo requiere cambiar de modelo educativo, para así transformar esta podrida y pesada herencia civilizatoria. Los racistas y los machos son de la misma estirpe



¿Qué debió juzgarse en el caso de la muerte de George Floyd? ¿Abuso policial, asesinato, complicidad entre los integrantes de la corporación policiaca, o entre corporaciones, complacencia desde el poder?

     Si antes de llegar a un acuerdo entre las autoridades de Minneapolis y la familia de George Floyd, y a esos considerandos inculpatorios se hubieran limitado el fiscal y la defensa, si el contexto ético y moral de los miembros del jurado se ceñía estrictamente a los hechos, se hubiera logrado lo que con dinero obtuvieron: el racismo perdurará mientras esta civilización, esta cultura, tengan hálito de vida y permanencia.

     Los cuestionamientos éticos, morales y de aplicación de la ley por parte de la autoridad son otros, y a eso tuvieron miedo. El policía que lo asfixio con la rodilla, ¿procedió así por temor a una reacción violenta del detenido, o porque a los “negros” los considera inferiores, algo menos que animales? ¿Dónde y quién o quiénes le enseñaron a tratarlos con desprecio?

     Son preguntas que no admiten ni toleran respuestas, por eso el acuerdo fue pagar 27 millones de dólares a la familia de la víctima de racismo por parte de la policía.

     La historia de la civilización nos narra de cómo hubo reuniones en los salones eclesiales y de gobierno, para determinar si los habitantes originarios de esta América nuestra eran poseedores de alma, válgase de razón, de discernimiento, o simplemente “animalitos del Señor”. Hoy simplemente somos vistos como “sudacas”, así de sencillo.

     En cuanto a los negros, es posible (hipótesis a considerar) que les ocurriese lo mismo que a los judíos. A los segundos se les desposeyó de sus propiedades y ahorros por necesidades económicas que los gobiernos del momento debían satisfacer, y porque para cambiar de actitud y régimen, fue necesario encontrar un enemigo común.

     A los negros los vieron como objetos de venta para producir ganancias, pues podían -todavía se puede en ciertos lugares- verse como esclavos para el servicio doméstico, o mano de obra regalada para el trabajo en el campo, en los telares.

     Lo que debe juzgarse, para cambiarla, es la herencia de esa perniciosa actitud civilizatoria.

     En cuanto al machismo, son de azoro las reacciones de hombres y mujeres como consecuencia de la marcha del 8M. La violencia entre las que marcharon no es una enfermedad, es una reacción y un rechazo. ¿Deben permanecer calladas ante la violación física y emocional y espiritual? ¿Deben cerrar los ojos porque son familia quienes abusan de ellas? ¿Cómo responder cuando la agresión sale de entre las sotanas? ¿Y si es la autoridad civil?

     Olvidan que el abuso también es psicológico, que no se requiere de sangre y golpe para maltratarlas. Basta con cerrar las guarderías, con pagarles menos, reducirles el tiempo libre, negarles el empleo por estar embarazadas, servirse de ellas para ocultar los desvíos del erario público o satisfacer las venganzas personales por la vía judicial.

     No, las vallas no frenarían su descontento, como los inhibidores -sea de drones o del derecho a manifestar su malestar contra un gobierno que las desprecia en vez de protegerlas- o el gas pimienta, ni las mentiras en las redes sociales. La violencia de genero también se manifiesta en la mentira y en el abuso de poder.

     Terminar con el machismo requiere cambiar de modelo educativo, para así transformar esta podrida y pesada herencia civilizatoria. Los racistas y los machos son de la misma estirpe.

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Lo único cierto y verificable es que la violencia llama a la puerta. Dispuesta a adueñarse de los hogares por angas o mangas, puede tener su origen en otras causas, como lo puede ser el hambre o la insatisfacción profesional.

     Por el Consejo Nacional de Fabricantes de Alimentos nos enteramos que “La industria avícola de México está frenando la inversión de unos mil 200 millones de dólares en la construcción de granjas, las cuales elevarían en casi una quinta parte la plataforma de producción nacional de pollo. La razón: el incumplimiento de la Secretaría de Economía para aplicar las cuotas dumping del 130 por ciento a las importaciones de pierna y muslo de pollo estadounidenses, que desde el 2013 no han operado aún y que desde entonces se demostró que ingresan en competencia desleal, explicó la Unión Nacional de Avicultores”.

     La carestía produce hambre, y ésta es mala consejera.
 
De todas formas, Juan te llamas. Si Donald Trump amenazó con los aranceles, Joe Biden controla las vacunas anti Covid-19. Lo que sucede nos muestra la enorme fuerza y verticalidad de este gobierno para “agacharse” ante el poder, y regresar a su función de perro guardián, sin considerar que la frontera sur de Estados Unidos, para este caso de los migrantes, se corrió hasta el Usumacinta y el Suchiate.

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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