La Costumbre del Poder: Israel-Palestina: conflicto eterno

  Gregorio Ortega Molina 14 de junio de 2021 -00:12 CE


 *La paz definitiva entre ambos grupos es una quimera. Implicaría la transformación total de su manera de ser, abandonar creencias que ya no observan ni respetan, pero exhiben; olvidarse de los contenidos civilizatorios de su cultura. Dejar de creer en ellos mismos



¿En qué momento Israel abandonó la teocracia por el gobierno de los hombres? ¿Cuándo inició la diáspora? ¿Tuvieron la tentación de reagruparse porque así lo quiso el Señor? ¿La ausencia de Moisés favoreció las disensiones internas y el comienzo de las disputas entre ellos?

     Lo histórico es que los judíos -no solo los israelitas- son perseguidos desde el principio. Los pogromos fueron parte de los requerimientos políticos en muchas naciones, no nada más en la madre Rusia. Isabel de Castilla los expulsó de Andalucía porque necesitaba cohesionar al reino y requería de su riqueza.

     La ferocidad, complicidad y dimensión territorial del Holocausto, propició la creación del Estado de Israel en perjuicio de los palestinos ya ahí asentados. ¿Renació la teocracia? Las guerras anteriores -la de los seis días, la del perdón- ¿fueron decididas por el Señor, por necesidades territoriales y políticas, por exigencias de Estados Unidos y Gran Bretaña, o nada más por codicia de los gobernantes y diversos grupos de poder?

     Lo ocurrido durante el mes de mayo último no es voluntad divina. La teocracia en Israel nunca ha existido, los rabinos no son tomados en cuenta al momento de asumir las decisiones políticas. Entonces, ¿Qué disparó la ola de violencia?

     Las imágenes gráficas y filmadas muestran el desbalance de las fuerzas bélicas, la ferocidad y la ausencia de todo rasgo humano entre los contendientes. Los menores de edad únicamente son culpables de ser hijos de sus padres, además de herederos de un encono milenario que debió desaparecer cuando la presencia de Yahveh dejó de considerarse necesaria para gobernar a los seres humanos y producir riqueza, y con ella lo que conlleva: expolio, trabajo esclavo, abuso, desconfianza. ¿Hay arreglo posible?

     La paz definitiva entre ambos es una quimera. Implicaría la transformación total de su manera de ser, abandonar creencias que ya no observan ni respetan, pero exhiben; olvidarse de los contenidos civilizatorios de su cultura y transformar su ser íntimo, interno. Dejar de creer en ellos mismos.

     ¿Puede restituirse la “entente” de los Acuerdos de Oslo con la actualización necesaria? Lo dudo, pues aunque Joe Biden pueda hacer suyas la voluntad y el empeño de Bill Clinton, Yaser Arafat está muerto y enterrado y no hay sucesor que se le asemeje; en cuanto a la historia reciente, así lo consignó la información: “Los ministros de exteriores del Estado de Israel y de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Shimon Peres y Mahmoud Abbas respectivamente, junto a Warren Christopher, secretario de Estado de los Estados Unidos, y Andréi Kozyrev, canciller de Rusia, firmaron el 13 de septiembre de 1993 un documento que se denominó “Acuerdos de Oslo”, en los jardines de la Casa Blanca.

     “Además, estuvieron acompañados por el primer ministro israelí, Itzjak Rabín; el líder de la OLP, Yasser Arafat; y el presidente de los Estados Unidos, William (Bill) Clinton”.

     En estos sucesos los actores nunca son los mismos, de ahí que sostenga que la historia nunca se repite.

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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