LA COSTUMBRE DEL PODER: Idea de México, ¿la de la 4T o la de la Historia?

   Gregorio Ortega Molina 14 de febrero de 2022 -00:12 CE


 *Es tiempo de que definamos, de una vez por todas, la idea de México, esa que ha sido esbozada en los documentos fundacionales de la nación, en las gestas que determinaron nuestro carácter y, como diría Emilio Uranga, el ser del mexicano, que, querámoslo o no, nunca fue el de la Suave Patria de Ramón López Velarde, que es un ensueño de lo que quisimos ser
 

 
Tenemos, siempre, una imagen de la patria que fuimos y somos. Nos gozamos en las gestas históricas, o en el anecdotario de lo que hicimos solos, en grupo, en pareja. Hemos incursionado dentro del ser del mexicano, y con ello en los anhelos pretéritos.

     Los gobernantes y los aspirantes a convertirse en eso, nos refieren al presente, a lo que se exige en ese momento, para facilitar el futuro, que se escapa de entre los dedos de las manos en cuanto las aspiraciones sexenales son reemplazadas para satisfacer el ego de los que llegan a mangonear.

     Nuestra literatura, la filosofía, el ensayo, ofrecen la referencia del pasado desde el presente. La novela de la Revolución nos entrega las escenas de lo que estamos a punto de cambiar, pero se quedó, se pasmó, en ese eterno egoísmo, cultivo de la más perversa envidia, para que todo permanezca en su sitio, con otros actores, quizá escenarios modificados, pero en la intención de que todo permanezca en su lugar.

     Se sirven con audacia de la palabra, se esfuerzan por convencer a sus mascotas, a ese México bueno y sabio, de que diezmo y aportaciones no equivalen a moches y entres, porque los gobernantes de hoy se encierran en una moral que desconocen, aunque los pudra por dentro.

     Inmersos en las urgencias del presente, los subordinados de los tata mandones nunca se empeñan en construir una idea de la nación para mañana, un proyecto de futuro que los trascienda, para que se adquiera la posibilidad de edificar leyes e instituciones como las de la antigua Roma, y entonces se preocupaban por ser ciudadanos del Imperio, porque eso les daba sentido de pertenencia.

     La novela mexicana contemporánea nos remite a un mundo ajeno al nuestro, o permanece en pleito constante con el pasado y el presente. Ni Francisco Martín Moreno ni Guillermo Arriaga logran que nos imaginemos en el futuro, como tampoco lo hacen quienes aspiran a una 4T que únicamente promete un galimatías para disfrazar el modito en que se llenan las faltriqueras.

     ¿Cuál ha de ser nuestra idea de México? ¿La de Morelos, en los Sentimientos de la nación, la del Acta de la Independencia, la de Iturbide y Maximiliano, la de las nunca ejercidas a cabalidad Leyes de Reforma, la de la Constitución del 17, constantemente conculcada?

     ¿Estamos colocando los fundamentos del futuro, o en un constante “arreglo” con este presente que no acaba de cuajarnos, porque el nuevo gobernante siempre es más iluminado, más inteligente y más capaz que su antecesor?

     Es tiempo de que definamos, de una vez por todas, la idea de México, esa que ha sido esbozada en los documentos fundacionales de la nación, en las gestas que determinaron nuestro carácter y, como diría Emilio Uranga, el ser del mexicano, que, querámoslo o no, nunca fue el la Suave Patria de Ramón López Velarde, que es un ensueño de lo que quisimos ser.

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Ahora resulta que Andrés Manuel está parado de pestañas, porque a pesar de todo su esfuerzo, de la cartilla moral, del detente, de permanecer arropado por los cristianos, enseña las orejas, se muestra tal cual es: idéntico a los que combate por corruptos y boquiflojos. Se ha convertido en el Señor que dispensa inmunidad e impunidad.

     Lo ocurrido en el ámbito diplomático es para ponernos a reflexionar acerca de los cabales del señor presidente de México. ¿Qué tal que, en un arranque de respeto propio, los panameños le dan el plácet a Jesusa Rodríguez? ¿Estaría contento Andrés Manuel? ¿Es, la aprendiz de Vitola, la persona adecuada para representar diplomáticamente a los mexicanos? Pero es incapaz de ofrecer una disculpa.

     El pronto para poner en “pausa” las relaciones diplomáticas con España, como si se tratara de un matrimonio mal avenido, es una muestra de su muy personal relación con la realidad. Pidió “pausar” hasta que él deje el gobierno. Es decir, ya dejó de estar. Entonces, ¿quién manda en la 4T?

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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