LA COSTUMBRE DEL PODER: Escuelas de tiempo completo no, obras insignia, sí

  Gregorio Ortega Molina 22 de marzo de 2022 -00:12 CE

 *¿De dónde la idea de que el futuro es sacrificable en (¿?) beneficio de la vanidad que satisfacen las obras insignia? ¿Por qué es más importante la soberbia del presidente de la República, que el futuro de miles de niños? Sólo él lo sabe
 
 
Empiezo a sumarme a los grupos de opinión que consideran que el presidente de la República está aquejado por rara enfermedad, pues sólo de esa manera puede entenderse que por sobre la educación y el futuro de esos mexicanos, considere la necesidad de concluir, a fuerza, lo que él llama obras insignia y, por eso mismo, son de seguridad nacional.

     El recuento de afrentas a esa parte de la sociedad que con su sufragio lo sentó en la silla del águila, es largo y mortal: desorden absoluto (e insaculaciones perdidas) en la vacunación contra Covid-19. Excluye a los niños de 5 a 12 años sin base científica alguna; desabasto de medicinas para atender a los niños que padecen cáncer; desestructuración de los sistemas de contratación y distribución de medicamentos para cumplir los compromisos de salud pública y seguridad social. Millones de recetas no surtidas durante 2021.

     Los sistemas de protección a periodistas y defensores del medio ambiente y derechos humanos, carecen de recursos, por eso se los matan, no hay dinero que alcance para garantizar la vida de tanto amenazado.

     Desconozco si todavía existe o hace cuánto tiempo desapareció el programa de desayunos escolares, lo que sí sabemos es que en las escuelas de tiempo completo los alumnos, además de recibir conocimiento y formación, son o eran alimentados, porque en sus hogares les dan de comer lo que encuentran o pueden, debido a que carecen de recursos. De manera eufemística los comunicadores gubernamentales inventaron, hace años, el término pobreza alimentaria o alimenticia, porque les avergüenza reconocer que los gobiernos que encabezan “matan” de hambre a muchos de los gobernados que debieran estar protegidos constitucionalmente, y porque los administradores públicos incumplen, descaradamente, con su mandato constitucional.

     Para fortuna de muchos niños, hay mandatarios estatales y, notoriamente la gobernadora de la Ciudad de México, que no se plegaron a la estupidez de la orden gubernamental y, por ellos mismos, decidieron anteponer el futuro de esos niños a la vanidad de las obras materiales u otras exigencias presupuestales.

     ¿De dónde la idea de que el futuro es sacrificable en (¿?) beneficio de la vanidad que satisfacen las obras insignia? ¿Por qué es más importante la soberbia del presidente de la República, que el futuro de miles de niños? Sólo él lo sabe.

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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