LA COSTUMBRE DEL PODER: El ángel caído

*Ayotzinapa, la Casa Blanca, la corrupción sin pudor y la impunidad, impidieron a EPN lograr los niveles de Luzbel en el favor de los dispensadores del poder. ¡Vaya chinga! ¿O no, lector? La Historia castiga a México con puro ángel caído

 

Los ex presidentes de México son ángeles caídos, distantes de los motivos por los cuales Luzbel perdió el favor del Señor, porque mientras tuvieron en sus manos la responsabilidad de mandar, se postraron y adoraron con tal de conservar unas migajitas de ese enorme poder presidencial, que ya se fue y no debe regresar.

Carlos Salinas de Gortari perdió el favor del pueblo y su lugar en la historia patria, al momento en que apareció el EZLN y enseguidita le mataron a Colosio y a José Francisco Ruiz Massieu, mientras decidía permanecer con los ojos abiertos y la razón cerrada. Terminó por convertirse en El innombrable.

El de Ernesto Zedillo Ponce de León es un caso lamentable y curioso, porque recibe el destello de Luzbel como consecuencia de un crimen político, y a las primeras de cambio comete el error de diciembre, cuya corresponsabilidad tiene origen en la soberbia de Salinas, al no devaluar en tiempo oportuno, y al imponerle a Jaime José Serra Puche, el artífice de la indiscreción que propició la corrida contra el peso.

Sí, caso curioso y lamentable, porque después se empeñó y colocó el PIB que sus sucesores jamás alcanzaron, ni lograrán, por más regeneración nacional que se propongan.

El más terrible y decepcionante es el del inicio de la alternancia -resulta prudente puntualizar que no ha habido transición-, porque Vicente Fox declinó de su oportunidad única e irrepetible, desde el instante que decidió compartir, con su pareja sentimental, el poder presidencial, del que se aprovecharon los hijos del primer matrimonio de Martita. El ex presidente guanajuatense dilapidó la confianza del electorado y la luz de la razón, a cambio de unas botas y de que lo dejaran disfrutar, a su manera, del cargo.

Las consecuencias del gobierno de Felipe Calderón, una administración bélica, no acaban de manifestarse y durarán más allá del tiempo de tres o cuatro generaciones, pues las cicatrices de la violencia, de las pérdidas físicas de familiares y amigos, tardan en sanar, pero ocurre peor con esa incertidumbre sembrada por las desapariciones. Dejan a los deudos con un dolor sordo y perenne, sin lugar a la remisión, el olvido y el descanso. Se llama recuerdo de no saber.

Ayotzinapa, la Casa Blanca, la corrupción sin pudor y la impunidad, impidieron a EPN lograr los niveles de Luzbel en el favor de los dispensadores del poder. Cayó tan pronto como ascendió.

La tragedia de Tlahuelilpan abre un impasse en la crónica del porvenir de un gobierno que ofertó una regeneración nacional, una reforma del Estado y una IV República, cuando la realidad apunta a la restauración de la presidencia imperial. ¡Vaya chinga! ¿O no, lector? La Historia castiga a México con puro ángel caído.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Traición en política y el amor

 

*¿Quedará algo de amor a México y del deseo de convertirlo en IV República? ¿Sabe el lector la respuesta?

 

Albert Camus lo puntualizó certeramente: “Sólo hay un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. En una paráfrasis destinada a los políticos y los amorosos, estoy seguro de que también lo es la traición, porque cometerla equivale a suicidarse. El traidor siempre resulta identificado, ¿o no, Brutus?

El epítome de la traición en ambos sentidos, es Judas. Este discípulo aspiró al control absoluto de la bolsa junto con el poder de la espada, y al amor perfecto del Mesías, del Maestro, del Cristo. Culminó su vida colgado de una higuera.

De lo escuchado recientemente durante conversaciones en desayunos y cafés; de las confidencias entregadas a mis oídos, de la confianza depositada en mi habilidad para hacer pública la información confiada a mi criterio, deduzco que Carlos Salinas de Gortari traicionó a Luis Donaldo Colosio, a Raúl Salinas Lozano, a Antonio Ortiz Mena y a Ernesto Zedillo Ponce de León, por no referirnos al resto de los mexicanos; Zedillo se traicionó a él mismo, a pesar de la estabilidad económica en la que dejó a México.

La alternancia resultó la madre de todas las traiciones. Fox tuvo la oportunidad histórica de hacer la reforma del Estado, pero la cambió por la codicia y la fama, por su pareja presidencial. Felipe Calderón Hinojosa traicionó a su fe y a la Constitución, al declarar una guerra que terminó por convertirse en un conflicto social y político que no tiene fin.

     Enrique Peña Nieto fue más traicionado que traidor. Su debilidad de carácter para con las mujeres y sus amigos, favoreció el sublime acto de la traición a él mismo, y así decidió llevar a fatal desenlace el deterioro de las instituciones del Estado.

Lo que hoy tenemos enfrente apenas inicia, pero este gobierno es tutelado por densas nubes de traición a los principios fundamentales señalados en la Constitución, y a las promesas de campaña que rompieron la reticencia de los dubitativos: reforma del Estado, IV República y regeneración nacional. Lo anunciado e instrumentado sin ambages es la restauración de la presidencia imperial, precisamente la que llevó al país a la situación en la que se encuentra, víctima de la corrupción y la impunidad de la mayoría de los que han gobernado desde hace seis lustros, lo que se muestra en la calificación que Ficht dio a la deuda de Pemex: B negativa.

La anterior reflexión trae como colofón el rescate que Emilio Renzi hace de Bertolt Brecht: “La postura de un hombre frente al mundo deberá ser lo más literaria posible. Cualquier hombre de una especie menos afinada se ríe, sin duda, de una raza tan corrompida en la que lo literario es considerado un vicio de carácter. Todos los grandes hombres fueron literatos”.

¿Quedará algo de amor a México y del deseo de convertirlo en IV República? ¿Sabe el lector la respuesta?

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Lealtad y poder

 
*El juicio de la historia a los hombres de poder resultará implacable. Serán medidos por su propia lealtad hacia ellos mismos y hacia los gobernados
 

 

El 9 de febrero se honró -en ceremonia oficial- la marcha de la lealtad, pero ¿qué significa hoy en política y en términos de poder, esa palabra? De inmediato es preciso señalar que corre en ambos sentidos: el que la recibe de parte de sus gobernados también ha de ser leal con el mandato constitucional y con México.

En una reunión con José Francisco Ruiz Massieu, él me indicó que lo que era apreciado como una virtud en el oficio de mandar, en 1994 ya no lo era. Y así les fue, se quebraron todos los compromisos, se dejaron de honrar las complicidades, se hicieron a un lado los afectos y campeó la traición que hizo posibles los crímenes políticos determinantes en el fin del salinato y su doctrina económica.

Habría que revisar la trayectoria de muchos de los actores políticos, de casi todos los líderes sindicales, de jueces, magistrados y ministros…, imposible confundir el servicio al Estado -que no a los gobiernos bajo los cuales se trabaja- con el ejercicio de la traición para hacerse con una o varias parcelas de poder. La lealtad deriva de la convicción, de la ética civil, del compromiso afectivo, de cierta complicidad moral, porque hermana a los que no son hermanos.

   ¿Qué nos dejó la última conmemoración de la Marcha de la Lealtad? ¿Transformó nuestra percepción sobre la 4T y garantiza el optimismo sobre el cambio? ¿Abre nuevas maneras de oficiar el poder y mandar desde el gobierno supremo? Por el momento hay más interrogantes que respuestas, la realidad sólo será percibida al momento del término legal y constitucional, porque, repito, ser leales corre en ambos sentidos: se da y se recibe eso que contiene a los traidores en los linderos del engaño. ¿Cuál engaño?, me dirán…

Curiosamente el mero día de la conmemoración de la Marcha de la Lealtad, Henning Mankell me obsequió -a través de Harriet, el personaje de Zapatos italianos- lo siguiente: “A uno le hacen promesas sin cesar. Nos hacemos promesas a nosotros mismos. Escuchamos las promesas de los demás. Los políticos nos hablan de una vida mejor para los que envejecen, de una sanidad donde nadie sufra la espera. Los bancos nos prometen mejores intereses, los alimentos nos prometen mejor línea y las cremas nos garantizan una vejez con menos arrugas. La vida consiste en navegar en nuestra pequeña embarcación, cruzando un mar de promesas siempre cambiantes pero inagotables. Olvidamos lo que queremos recordar y solemos recordar aquello de lo que más deseamos librarnos”.

El juicio de la historia a los hombres de poder resultará implacable. Serán medidos por su propia lealtad hacia ellos mismos y hacia los gobernados.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Palabra y poder

*Advierte, amonesta, sanciona, amenaza, denuncia, pero no castiga, porque es un poder cuya única munificencia posible es el perdón

 

Vivimos ya tiempos difíciles. No por la “nueva” realidad política, sino por lo que quieren que creamos que será nuestro futuro. Nada que ver con adquirir joyas o coches, sí con la posibilidad de poner la cabeza sobre la almohada y dormir en paz, ante la certeza de que tenemos un gobierno que honra el mandato constitucional recibido.

Sólo hay que escuchar el lenguaje elegido por el poder para dirigirse a los gobernados. Unas palabras sustituyen a otras y, por ensalmo, los enemigos de ayer son sustituidos por los de hoy: los narcotraficantes dejaron su lugar a los huachicoleros, pero la sociedad continúa poniendo los muertos.

Es la narrativa, la inducción por la palabra. Dejó anotado Emilio Renzi: “Entonces comprendí lo que ya sabía: lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que en un sueño”. Después entran en juego la confianza en quien manda, o la fe en la divinidad.

Imposible que haya lugar a interpretaciones equívocas, el mensaje es claro y directo. En la celebración del rito católico siempre llega puntual el momento de la verdad, cuando el oficiante afirma: “Palabra de Dios”; es decir, hay que creer.

 En política ocurre lo mismo. El dinero y el Estado de bienestar van a llegar. ¿En qué momento? ¿Quién lo sabe? La oferta desde el poder, la palabra de quien lo ejerce, está más allá del compromiso. Se va a cumplir porque él lo dice.

Es el proceso de estructuración de una narrativa política, del oficio de mandar, que equivale a una óptica precisa de la comprensión del mundo. En este ámbito nadie mejor para su descripción que Cesare Pavese: “He ignorado la palabra pensada. Mis palabras fueron sólo sensaciones. Mis retratos fueron cuadros, no dramas. Me he obsesionado con figuras y las he rumiado y contemplado tanto, que las reproduje en una transfiguración satisfecha. He simplificado el mundo a una trivial galería de gestos de fuerza o de placer. En estas páginas está el espectáculo de la vida, no la vida. Hay que recomenzarlo todo”.

Equivale a la apuesta por la purificación de una sociedad ciega y sorda, negada para escucharse a ella misma, para ver sus propios errores, porque lo que realmente desea es que no cese la presencia del Estado munificente, siempre dispuesto a quitarle un peso de encima.

La palabra que advierte, amonesta, sanciona, amenaza, denuncia, pero que no castiga, porque es un poder cuya única munificencia posible es el perdón.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Fantasía política sexenal

*¿Cuál será la narrativa de la 4T?, ¿la épica o el desengaño? Tlahuelilpan no debe ser el punto cero; puede regresarse a la reforma de Estado y la IV República. Por el momento todo es fantapolítica

 

Desconozco si fue Jorge Hernández Campos quien acuñó el término de fantapolítica, pero sí sé que fue al primero a quien se lo leí en un texto para el unomásuno. En términos estrictos, la narrativa sexenal es una fantasía política, adversa la más de las veces, positiva escasamente.

Poco importa que el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz fuese el último del milagro mexicano, o que durante su gobierno México celebrara los juegos olímpicos y una copa mundial de fútbol. Todo quedó reducido al dos de octubre.

Luis Echeverría Álvarez es recordado por el 10 de junio, La guerra en el paraíso, como la escribió y calificó Carlos Montemayor, y su devaluación; José López Portillo por la promesa fallida de la administración de la abundancia, la oferta de acuñar otra vez los pesos fuertes y una reforma política que contribuyó a transformar la vida civil y social en la nación, gracias a la amnistía, cuando los presos políticos fueron reales. Todo borrado por la estatización bancaria.

A Miguel de la Madrid Hurtado las circunstancias económicas en que recibió el gobierno, lo dejaron sin espacio, pero no perdió un milímetro de territorio ni cedió a las presiones de Estados Unidos. Sin embargo, el sello de su sexenio es la ausencia -supuesta o real- al lado de las víctimas del 19 de septiembre de 1985, lo que permitió conocer la capacidad de organización y solidaridad entre los mexicanos.

Carlos Salinas de Gortari regresó el valor de nuestra dignidad y economía al equivalente de tres pesos por dólar, pero el sello de su paso por el poder será el de los crímenes políticos y el del fortalecimiento del narcotráfico; Ernesto Zedillo asumió el poder para cometer el error de diciembre, cuyas consecuencias todavía pagamos, y nadie quiere recordar que el PIB de esta nación creció durante su gestión a niveles hoy soñados y jamás alcanzados.

 ¿Quedó claro el costo político de la presencia de un enmascarado en el Congreso de la Unión, que de todas formas no logró destrabar los Acuerdos de San Andrés? El gobierno de Vicente Fox se reduce a la pareja presidencial y al “¿Yo, por qué?, soltado en la oficina de prensa de presidencia.

El cruento gobierno de Felipe Calderón Hinojosa inicia la pérdida de territorios de la república por sus derrotas en la guerra al narco. La suma de fracasos en todos los ámbitos es incalificable: secuestro, desaparecidos, trata, extorsión, violencia imparable.

El de EPN quedó reducido a Ayotzinapa y a la Casa Blanca. Si el AICM llegara a concluirse, nadie recordará que él lo inició, a menos de que AMLO se empeñe en cederle parte de su espacio histórico. Tanto quiere destruirlo que lo engrandece.

¿Cuál será la narrativa política de la 4T?, ¿la épica o el desengaño? Tlahuelilpan no debe ser el punto cero; puede regresarse a la reforma de Estado y la IV República. Por el momento todo es fantapolítica.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Doctrina Estrada en la globalización

*Supongo, porque así proceden, que los aciertos y desaciertos de esa actividad encomendada a Marcelo Ebrard, se medirán en el incremento o decrecimiento de la inversión extranjera, que directamente incide en el bienestar de los mexicanos y en los programas sociales

¿La política exterior debe permanecer incólume, o adaptarse al momento que se vive? La no intervención en el caso mexicano, es un contrasentido. Si hay una nación intervenida y despojada en América, es México. Hagan un breve recuento de las intervenciones destacadas.

El resultado de los acuerdos McLane-Ocampo, Mon-Almonte, la visita al castillo de Miramar, el desembarco en Veracruz, pero mucho antes, la visita de las tropas de Estados Unidos al castillo de Chapultepec y el izamiento de su bandera en nuestro territorio; después, el revolucionario Obregón se plegó a los acuerdos de Bucareli… por mencionar algunas muestras de lo intervenida que ha sido y es la política interna de México. Supongo que a la luz de una reflexión similar, Genaro Estrada conceptuó y propuso la doctrina diplomática que lleva su nombre. Hemos sido tan lesionados, que le resultó preciso llamar a la no intervención como un acto reflejo de lo que desea para su propia nación.

El escenario mundial en que el diplomático Estrada hace de la no intervención la clave de las relaciones bilaterales y multilaterales de México, es muy distinto a lo que hoy tenemos enfrente, a pesar de ser similar porque vivimos, otra vez, un momento de reacomodo en el orden internacional.

Si al concluir la Gran Guerra el orden del mundo fue otro por la desaparición del Imperio Austro-Húngaro, la consolidación del Británico, el afianzamiento del colonialismo y el surgimiento de Estados Unidos como primera potencia, la Segunda Guerra mundial favoreció el equilibrio bilateral, el Estado de bienestar, el inicio de los movimientos independistas y las revoluciones en América, así como la Guerra Fría y, luego, el terrorismo, que actualmente está vivo.

Pero después, la acumulación de la riqueza reordenó las reglas del juego y sustituyó a la promesa del Estado de bienestar por el neoliberalismo. Bertolt Brecht lo define a la perfección: “Toda la moral del sistema está fundada sobre esta cuestión de los medios de vida: es culpable cualquiera que no tenga dinero”.

La globalización redefinió las esferas de influencia y los conceptos de seguridad nacional y geoseguridad a nivel regional. Si Estados Unidos pudo invadir Panamá con absoluta impunidad, o financiar la Contra nicaragüense, o acudir a Irán a rescatar a sus diplomáticos, o imponer al sucesor de Francisco Franco, hoy le resulta más difícil cualquier intervención.

Si nuestro gobierno se muestra incapaz de reconocer y asumir que el mundo está inmerso en la Tercera Guerra Mundial, y que ésta es económica y regionalmente armada, tampoco podrá medir las consecuencias y alcances de su política exterior. Supongo, porque así proceden, que los aciertos y desaciertos de esa actividad encomendada a Marcelo Ebrard, se medirán en el incremento o decrecimiento de la inversión extranjera, que directamente incide en el bienestar de los mexicanos y en los programas sociales.

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