La Costumbre del Poder: Norma laboral en TLC

 Gregorio Ortega Molina 13 de febrero de 2018 – 00:12 CE

 *¿Son incapaces de comprender que esa pobreza económica, anímica y de formación para la vida, es la que enriquece las filas de sicarios, las aspiraciones a convertirse en narcotraficante, o convocar a la formación de grupos armados?

Negar los beneficios que el TLC ha dejado a México como país sería tonto, como también resulta estúpido ocultar que sólo una minoría de mexicanos ha hecho crecer sus fortunas debido al libre comercio con EEUU y otras naciones.

Los asalariados, los burócratas de medio pelo, los informales de todo tipo, las que se ganan el estipendio como amas de casa, las empleadas domésticas, los obreros y campesinos, profesionistas, pequeños comerciantes y emprendedores, e incluso esa delincuencia organizada a la que tanto persiguen, nada han mejorado en bienestar, servicios y prestaciones gracias a ese acuerdo comercial ahora en renegociación.

En lugar de cerrarse las asimetrías económicas, sociales y políticas entre los tres países cuyo destino lógico sería conformar el bloque de América del Norte, por consideraciones geoestratégicas que Donald Trump prefirió olvidar, las diferencias son mayores. No puede haber ninguna equivalencia entre los obreros de la Ford México y los de Estados Unidos, como tampoco pueden establecerse entre los médicos del Obamacare con los del ISSSTE, IMSS y Seguro Popular, por mencionar ejemplos.

¿Por qué a los negociadores mexicanos se les hace cuesta arriba poner sobre el tapete del nuevo TLC los salarios? ¿Debe castigarse o, al menos, posponerse sine die la posibilidad de un mejoramiento en el bienestar de los que dicen gobernar y de los cuales esperan el voto? ¿Son incapaces de comprender que esa pobreza económica, anímica y de formación para la vida, es la que enriquece las filas de sicarios, las aspiraciones a convertirse en narcotraficante, o convocar a la formación de grupos armados?

¿Por qué los ingresos adicionales debidos al TLC, no sirvieron para construir refinerías, mejorar la calidad educativa, apoyar la calidad en los servicios de salud, crear programas anticorrupción eficientes, disminuir la impunidad, fortalecer la democracia?

El TLC tiene vida desde hace 23 años: ¿cuántos millones de mexicanos vieron modificada su vida, transformada sus aspiraciones y enriquecido su futuro gracias a ese instrumento comercial?

¡Vamos! No cerremos los ojos a la realidad. Sí, el TLC ha sido útil, benéfico, desafortunadamente no para todos, sino para una minoría, y ni así quieren comprometerse a revisar los salarios, que equivale a abrir las puertas de la dignificación del trabajo.

El TLC de América del Norte también es un instrumento de seguridad regional, diseñado para una geopolítica del futuro, porque China puede darse el lujo de desequilibrar la economía mundial en cualquier momento, mientras Rusia apuesta al juego de espejos de la injerencia electoral, el espionaje y el terrorismo bajo su control.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Muñoz Ledo ingrato

 Gregorio Ortega Molina 12 de febrero de 2018 – 00:12 CE


*Contribuyó a transformar el quehacer político de esta nación, creó instituciones, como palanca de Arquímedes modificó la relación entre los poderes Legislativo y Ejecutivo, pero continuó fiel a él mismo: es el centro, debe serlo, y manifiesta gratitud a su conveniencia

 

Procede mal Porfirio Muñoz Ledo al ser selectivo con su memoria, porque se daña a él mismo al intentar una tergiversación de su historia personal, y porque muestra una faceta característica de los políticos preteridos empeñados en hacerse un rinconcito de historia: la ingratitud

Contribuyó a transformar el quehacer político de esta nación, creó instituciones, como palanca de Arquímedes modificó la relación entre los poderes Legislativo y Ejecutivo, pero continuó fiel a él mismo: es el centro, debe serlo, y manifiesta gratitud a su conveniencia, no fuera a lastimarse su imagen al descubrirse que fue colaborador de Revista de América, publicación en la que abordó el tema del 68 mexicano.

Historia oral adquiere la dimensión de una mistificación de él mismo, al esforzarse en olvidar su cercana relación con Emilio Uranga, Oswaldo Díaz Ruanova y Gregorio Ortega Hernández. Puesto que para él dejaron de existir, le resulta fácil modificar la oralidad de su quehacer en la vida, que es fundamentalmente un quehacer político en su expresión clásica: servir al Estado. Ello implica someterse al poder, y así lo hizo mientras hubo de obedecer, hasta que decidió interpelar a Miguel de la Madrid Hurtado, que es la puerta que se abre al cambio logrado en la elección intermedia de 1997. El Congreso dejó de ser el juguete del presidente de México.

Pero en el aspecto esencial de la historia personal de un político, Muñoz Ledo se miente a él mismo, al deshacerse de la figura, del agradecimiento debido, a la persona que le abrió la puerta de los pasillos del poder, por el cual transitó a partir de la campaña de Luis Echeverría Álvarez. No fue Ignacio Morones Prieto, entonces director del IMSS, quien lo llevó de la mano con el candidato del PRI, y él lo sabe bien, pero parece que decidió olvidarlo.

     Por comportarse como un ingrato, han sido ingratos con él, y quitaron de entre los retratos de los presidentes del CEN del PRI el suyo, como también lo hicieron con los retratos de los secretarios de Educación Pública, y con su imagen enterraron el mejor programa educativo que se haya propuesto después de lo hecho por José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet. Le tuvieron miedo a la esencia del cambio en México, que es la educación, y por eso lo echaron a la basura.

     Como él echó a la basura de su memoria la negociación en que debió adentrarse para convertir en gobernador de Nayarit a Rogelio Flores Curiel, a pesar de haberla perdido en las urnas. ¿Por qué no la incluyó en su historia oral? La olvidó.

Porfirio Muñoz Ledo sabe que el Estado es una deidad civil exigente y celosa, y en esas condiciones lo sirvió. Retractarse de parte de lo que fue no lo hace más digno de nuestra memoria. Lástima. Por eso  no llegó a presidente, porque nunca dio el peso.
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LA COSTUMBRE DEL PODER: Linchamientos, ¿y la justicia?

 Gregorio Ortega Molina 09 de febrero de 2018 – 00:12 CE


*¿A dónde nos conduce el vacío de poder en materia de procuración y administración de justicia? ¿A dónde la corrupción y la impunidad a las que, por lo pronto, la sociedad rechaza con el linchamiento en las redes sociales y en el escarnio verbal en fiestas y tertulias, pero todavía sin consecuencias?

 

El número de linchamientos crece geométricamente en territorio nacional. Sucede en las ciudades y poblaciones que parecían ajenas al virus de la violencia; resulta que fueron dejadas de la mano de Dios… y de las autoridades de procuración de justicia.

En esta actitud de la sociedad hay matices. Linchar no siempre lleva a la muerte del sujeto castigado por enardecida muchedumbre, como todavía ocurre con las víctimas de las cabezadas rapadas y los rescoldos del KKK.

Aquí se les hace escarnio, se les exhibe en cueros, se les muestra crucificados, se les golpea con saña y… sí, en no pocas ocasiones los matan. ¿Por qué? ¿Es sólo vacío de poder?

    Lo cierto es que quienes acuden a esas horribles fiestas del desahogo, no nada más se dedican a escarmentar a quienes delinquen porque los pescan en flagrancia, tal como lo exige la nueva ley, también se solazan en el escarnio del linchado, pero sobre todo en la manera en que se exhibe la ausencia de gobierno que los preserve de los abusos de los delincuentes.

Aquí y ahora el linchamiento no es sólo para “avisar” a los permanentes y futuros delincuentes. Va más allá, adquiere otra dimensión cuando se hace justicia por propia mano, y cuando las detenciones pueden realizarse gracias a los videos de las cámaras de seguridad, porque entre los vecinos que se unen para castigar públicamente a quienes lesionan su seguridad, está viva la consigna de Fuente Ovejuna. Nadie delata, y los psiquiatras y sociólogos pueden muy bien explicarnos esa actitud y la manera en que perjudica la relación  gobierno-pueblo.

¿Qué piensan de su gobierno quienes participan en un linchamiento? ¿Muestran empatía con la autoridad, o con los que se asocian, con los que se hacen cómplices, para dar satisfacción a un mandato constitucional que las autoridades de todos los niveles se muestran incapaces de cumplir?

     ¿Puede transitarse del linchamiento a la organización vecinal para, de manera distinta a la electoral, sancionar al gobierno y/o sustituirlo? ¿Contribuye a crear las condiciones que facilitan el estado de ánimo para la asonada, la rebelión, la formación de grupos armados?

¿A dónde nos conduce el vacío de poder en materia de procuración y administración de justicia? ¿A dónde la corrupción y la impunidad a las que, por lo pronto, la sociedad rechaza con el linchamiento en las redes sociales y en el escarnio verbal en fiestas y tertulias, pero todavía sin consecuencias?

Los tres niveles de gobierno juegan con fuego, y parece no importarles quemarse las manos. La consecuencia puede ser el incendio social, y un linchamiento general llamado rebelión. Por favor, modifiquen su actitud, porque el rencor es mayor de lo que creen.
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LA COSTUMBRE DEL PODER: ¿Precandidatos sirven?

 Gregorio Ortega Molina 08 de febrero de 2018 – 00:12 CE

*Es momento de que nos preguntemos si, como electores, seremos capaces de perdonarnos a nosotros mismos, en caso de no saber elegir al idóneo para que sea el líder de la reforma del Estado, o si carecemos de la fuerza moral suficiente para rechazarlos, si ninguno reúne la capacidad profesional y los requerimientos morales e intelectuales para hacerla

 

Los electores debemos preguntarnos, ya, si los precandidatos a la vista, más los independientes que sin travesuras reúnan las firmas requeridas, son los adecuados para encabezar un gobierno de reconciliación nacional y de reforma del Estado, o nos enfrentamos al páramo en autoridad ética, moral y cívica y a la desazón con referencia al futuro inmediato.

Quien se cruce la banda presidencial al pecho el próximo 1° de diciembre, debe estar consciente del enorme cambio que debe operarse en México. Si los políticos que están en la contienda no entienden ni aceptan que el proyecto de la Revolución fue uno e integral, en el que los modelos político de gobierno y de desarrollo económico estuvieron concebidos para un país que, al momento de plasmar su idealizado futuro, tenía una población inferior a los 20 millones de habitantes, que pronto, muy pronto, debía estar alfabetizada con la cruzada de las misiones culturales de José Vasconcelos.

Insisto, si no entienden que así como al cambio proyecto económico debe corresponder la transformación del Estado, tanto para concretar el primero, como para resolver los rezagos sociales y de participación política, traicionados y preteridos en cuanto la Revolución se transformó en poder, podremos afirmar que no tenemos futuro.

     La reflexión que antecede, fue suscitada por la lectura de México, ¿contra toda esperanza?, texto de Luis Prados publicado en El País del último 22 de enero. Se pregunta, y nos pregunta:¿Será alguno de los tres candidatos a la presidencia capaz de sacar a México del círculo vicioso de las esperanzas fallidas?

Para centrar a sus lectores en esa realidad permanente, terca, siempre presente porque los humanos nos negamos a verla, Luis Prados se sirve de referencias directas al libro de memorias de Nadiezhda Mandelstam, viuda del poeta Ósip Mandelstam, muerto en el gulag en 1938, titulado precisamente Contra toda esperanza. Transcribo, para desesperación de Carlos Ferreyra Carrasco:

“Nada liga tanto a la gente como el crimen compartido. Cuanto mayor sea el número de personas comprometidas, manchadas, implicadas, cuantos más chivatos, traidores y delatores, tantos más habrá partidarios de que el régimen dure milenios.

“Un buen día tuvimos miedo del caos y todos anhelamos de pronto un poder fuerte, una mano poderosa que encauzara los revueltos torrentes humanos. Tal vez ese temor sea el más estable de nuestros sentimientos: no lo hemos superado todavía y se transmite por herencia.

“Y así vivíamos, así cultivábamos nuestra inferioridad hasta que nos convencimos en nuestra propia piel de lo frágil que era el bienestar (…) Éramos, en efecto, seres inferiores y no se nos pueden exigir responsabilidades. Y sólo nos salvan los milagros.

“La memoria humana está organizada de tal modo que conserva de los hechos una vaga reminiscencia y su leyenda, pero no el acontecimiento propiamente dicho. Para extraer los hechos, es preciso destruir con mano dura la leyenda y para ello debe precisarse ante todo en qué círculos nació.

“Mi hermano decía que no fue el miedo ni el soborno -aunque hubo bastante tanto de lo uno como de lo otro- lo que jugó un papel decisivo en la domesticación de la intelectualidad, sino la palabra revolución, a la que nadie quería renunciar.

“No se puede vivir sin esperanzas, pero pasábamos de una esperanza fallida a otra.

“En aquel entonces ya sabíamos perfectamente el valor que tenía en nuestro país la palabra -la más terrible de todas las ficciones-, pero procurábamos no pensar en ello para conservar la bendita ilusión.

“Una sola vez en la vida quisimos hacer feliz al pueblo y jamás nos lo perdonaremos.

“Pero no, no era miedo. Era un sentimiento totalmente distinto, algo que encadenaba las fuerzas y la voluntad, la conciencia de la propia impotencia que dominaba a todos sin excepción, no solo a los que mataban sino a los propios asesinos. Aplastados por un sistema, en cuya edificación habíamos participado, en una medida u otra, todos, éramos incapaces de oponer ni siquiera una resistencia pasiva. Nuestra docilidad contribuía al desenfreno de los celosos servidores del régimen y el resultado era un círculo vicioso. ¿Cómo podríamos salir de él?”.

Es momento de que nos preguntemos si, como electores, seremos capaces de perdonarnos a nosotros mismos, en caso de no saber elegir al idóneo para que sea el líder de la reforma del Estado, o si carecemos de la fuerza moral suficiente para rechazarlos, si ninguno reúne la capacidad profesional y los requerimientos morales e intelectuales para hacerla.

No encuentro proyecto, programa, líder que nos diga: aquí estoy, y lo sigamos con la certeza de que transformaremos nuestro futuro.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Venta de la intimidad

 Gregorio Ortega Molina 07 de febrero de 2018 – 00:12 CE


*La intimidad siempre ha estado amenazada desde el poder. A espías y gobernantes les interesa saber lo que se hace y dice a sus espaldas, sobre todo cuando de líderes intelectuales, políticos, sociales y empresariales se trata. Quieren, necesitan saberlo todo, para conjurar cualquier amenaza

 

Me deja perplejo la nota informativa de El País, en ella se da cuenta de que un cine director francés vende, por medio de una subasta, las cartas a él enviadas por Simone de Beauvoir durante su amasiato y después.

Poco importa lo que en ellas se aborde, porque hacerlas públicas no es delito, ni siquiera muestra de mal gusto. Lo que me deja helado es su venta. ¿Debe la intimidad ser objeto de comercio? ¿No era más elegante y mejor una donación, para que, como al fin ocurrió, quede el correo de ida de esa correspondencia como objeto de estudio para los investigadores del feminismo impulsado por la corresponsal de Claude Lanzmann, o por los interesados en profundizar más en la convivencia existencialista entre Juan Paul Sartre y la señora de Beauvoir?

     Es un asunto de “elegancia” y de valores, o ¿tan mal está económicamente el vendedor de esas cartas? ¿Qué ocurre con las respuestas? ¿Están en el archivo de correspondencia de Simone de Beauvoir? ¿Las atesoró Claude Lanzmann, con el único propósito de venderlas cuando requiriera de dinero para su fondo de retiro?

Partamos de un hecho esencial: la intimidad siempre ha estado amenazada desde el poder. A espías y gobernantes les interesa saber lo que se hace y dice a sus espaldas, sobre todo cuando de líderes intelectuales, políticos, sociales y empresariales se trata. Quieren, necesitan saberlo todo, para conjurar cualquier amenaza.

Las redes sociales lo facilitan. Las escuchas están a la orden del día, porque los “interceptores” de las conversaciones íntimas todo lo dejan al oído ajeno; en cuanto a la correspondencia, en cárceles, escuelas, monasterios, conventos, hospitales “psiquiátricos” y oficinas de gobierno, siempre fue interceptada y censurada, cuando había en ella un interés particular.

No asusta lo que Simone y Claude pudieran decirse en el papel, lo que molesta y desagrada es su comercio. Es poco elegante, repito, por decir lo menos.

Dice la nota: “Claude Lanzmann tenía 27 años cuando se convirtió en el amante de Simone de Beauvoir, de 44, en julio de 1952. Ninguno ocultó jamás una relación que se prolongó durante siete años y que la escritora y filósofa conjugó con la que mantenía y siguió manteniendo con Jean-Paul Sartre hasta la muerte de éste. Lanzmann, director de la monumental película sobre el Holocausto,Shoah, en 1985, y además uno de los documentalistas más respetados del mundo, no fue el único amante de la autora de El segundo sexo que, como Sartre, preconizaba las relaciones abiertas. Pero sí fue el único con el que Beauvoir llegó a convivir, algo que ni siquiera hizo con el impulsor del existencialismo.

     “Pasado el amor, quedó la amistad, que se prolongó hasta la muerte de Beauvoir, en 1986. Y 112 cartas de “amor loco” que la autora de Memorias de una joven formal le escribió a lo largo de los años de su relación, sobre todo durante sus viajes, y cuya existencia se desconocía hasta ahora, a pesar de la fama epistolar de Beauvoir. Las misivas, de las que apenas empiezan a conocerse algunos extractos, han sido vendidas a instancias de Lanzmann por la casa de subastas Christie’s a la biblioteca Beinecke de libros y manuscritos raros de la Universidad de Yale, por un monto no revelado”.

¿Es necesario saberlo todo? ¿Puede o debe usarse ese conocimiento de la intimidad? ¿Nos explica a los corresponsales, a nosotros en nuestra insaciable curiosidad? Me doy, no entiendo.
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La Costumbre del Poder: Obsolescencia del presidencialismo

 Gregorio Ortega Molina 06 de febrero de 2018 – 00:12 CE

 
 

* La reforma integral del Estado exige estar acompañada por un nuevo comportamiento de los políticos que la administrarán, pues no se trata del gatopardismo, sino de hacer a un lado a todos aquellos que no estén dispuestos a servir a ese Estado como los seres humanos de Fe sirven a la divinidad

El Estado adquiere la forma del agua y está a punto de que las instituciones que lo administran vacíen la pecera en la que se mueve la sociedad, porque quienes las encabezan, notoriamente el Poder Ejecutivo, se niegan a reconocer que el país que solían gobernar como padres benevolentes o encolerizados, según el caso, dejó atrás la minoría de edad. Las exigencias crecen en la medida en que se desarrollan las inquietudes por ser a través de la salud, la educación, la cultura, el empleo, la representación popular, no necesariamente a través del poder, sino como líderes sociales, a los que matan por miedo, como a Guadalupe Campanur.

Me azora que muchos de los interlocutores con los que busco alteridad para esforzarme por comprender qué ocurre en el país, insistan en que fuera de México todo es Cuautitlán, que a la mayoría de los mexicanos no les importa el destino inmediato establecido con el resultado electoral; insisten también en que los mexicanos de a pie somos incapaces de comprender y apreciar los beneficios que traerán las reformas estructurales, y en que todo lo que no es institucional es un peligro.

Me azora también que no den su verdadera dimensión al proceso de cambio en que está inmersa la sociedad toda, no nada más la que vive en los centros urbanos y tiene acceso a Internet y la telefonía celular. Olvidaron que el principio es la palabra, y es ésta la herramienta usada por los líderes sociales a los que han ido ejecutando, porque son los impulsores de un cambio que a los detentadores de los poderes fácticos no les interesa, y al que los usufructuarios del poder temen, porque la apuesta es una reforma integral del Estado.

La transformación social y política del país durante los últimos 50 años, como consecuencia inicial de lo ocurrido durante 1968, hace inoperante la anquilosada manera de gobernar que insisten en sostener y, lo más preocupante, quizá lo más triste, es que los funcionarios públicos de los tres Poderes e incluso los propietarios de los poderes fácticos, se niegan a aceptar que la modernización del proyecto económico y social exige, ya, la reforma integral del Estado. Imposible seguir gobernando a los mexicanos como si fuese 1968.

Ojo, la reforma integral del Estado exige estar acompañada por un nuevo comportamiento de los políticos que la administrarán, pues no se trata del gatopardismo, sino de hacer a un lado a todos aquellos que no estén dispuestos a servir a ese Estado como los seres humanos de Fe sirven a la divinidad.

Los errores en una y otra esfera de la vida se corresponden. Si la falta grave se sanciona con la expulsión de esa congregación que lo protege y lo guía, en política debe corresponder a la desposesión de los bienes y de los derechos que todo ciudadano amerita, mientras no haya delinquido y merezca pena carcelaria.

Pero claro, están en la fiesta electoral y no atienden a razones, en la ridícula idea de que no pasa nada y todo permanecerá igual. Allá ellos.

Sí, allá ellos, aunque me veo en la necesidad de recordarles a Michel de Montaigne: No ha de creer a un rey cuando se jacta de su constancia para soportar los embates del enemigo en aras de su gloria, si por su propio provecho y enmienda no puede sufrir la libertad de palabra de un amigo, la cual no tiene más trascendencia que pellizcarle el oído, quedando en sus manos el resto de las consecuencias…

Llevan una vida pública, y han de contentar a tantos espectadores, que, como acostumbran a callarles todo cuanto les desvía de su camino, vence, sin sentirlo, hundidos en el odio y antipatía de su pueblo, con frecuencia por motivos que habrían podido evitar… la mayoría de los oficios de auténtica amistad son, para con el soberano, una prueba difícil y peligrosa; de modo que son menester no sólo mucho afecto y mucha franqueza, sino también mucho valor.

¿Quién se atreverá a decir a los precandidatos lo que por deber han de escuchar, y no lo que nada más quieren oír? El cambio, la reforma del Estado, está muy lejos, y el camino quedará regado con sangre, como la de Guadalupe Campanur.
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LA COSTUMBRE DEL PODER: Corral tuvo razón

 Gregorio Ortega Molina 05 de febrero de 2018 – 00:12 CE

*No pudo darse el lujo de los oídos sordos al diálogo, escuchó, pero sobre todo mantuvo firme la obligación moral de llegar a la Ciudad de México a la cabeza de la marcha a la que él convocó

 

El gobernador de Chihuahua inició un camino sin regreso. Tuvo un primer tropiezo al acudir a la Ciudad de México para entrevistarse, una primera vez, con Alfonso Navarrete Prida, que carece de los alcances de Patrocinio González Blanco Garrido, pero sobre todo de Fernando Gutiérrez Barrios, porque el poder político real fue transferido a SHCP. Hace mucho la palabra del secretario de Gobernación en funciones dejó de equivaler a un compromiso efectivo de solución de conflictos, el sábado medió la entrega de 900 millones de pesos retenidos para ejercer presión en época de campañas.

   El bloqueo en Gómez Palacio, Durango, fue la más pequeña de las piedras, porque en el gobierno federal temieron, desde el principio, que la Caravana de Javier Corral adquiriera la dimensión moral y cívica de la encabezada por Salvador Nava. Para infortunio de la historia política documentada ya murió Fausto Zapata, quien pagó las consecuencias de la intolerancia gubernamental.

En esencia la postura política, ética y moral asumida por Javier Corral es correcta, aunque en su origen y señalamiento de culpables tuvo un equívoco fundamental, o quizá un espacio ciego a propósito, para abrir las puertas de la negociación, como al fin ocurrió.

A estas alturas de su vida en las grandes ligas de la política, Corral debió saber, con todo detalle, que para el uso de dinero en efectivo durante las campañas políticas, los gobiernos priistas y en ese partido se estatuyeron reglas claras y precisas: el dinero “no contable” al que pueden acceder los candidatos o los delegados del PRI en las entidades federativas, no pasa por el presidente del CEN, sino que desde la SHCP va directamente a manos del secretario de Finanzas del organismo político, en este caso quien administró y tiene conocimiento de origen y destino de esas cantidades, es Luis Vega Aguilar. Alejandro Gutiérrez nada tuvo qué ver en este desvío de recursos fiscales. Pareciera que su detención, y ahora su traslado a un penal federal, tiene otros fines de justicia política.

     Al habérsele concedido la razón el sábado, llegó el momento de que Javier Corral afine la puntería, porque convertirse en émulo de Salvador Nava requiere algo más que valor civil, exige congruencia, autoridad moral y ética, ideología y templanza, pero sobre todo esgrimir la defensa de los valores que quiere preservar, y hacer la denuncia de corrupción, con la verdad y las pruebas correctas, nunca con las sembradas que le irán dejando en el camino.

Aquí la anécdota. Una marcha de campesinos iniciada en San Pedro de las Colonias, Coahuila, fue organizada por hambre y despojo de tierras. Desde la secretaría de Gobernación comisionaron al senador Elíseo Rodríguez Ramírez para que le impidiera llegar al entonces Distrito Federal. La consigna era detenerlos a como dé lugar. Y ya sabemos lo que eso significó durante años.

Javier Corral no pudo darse el lujo de los oídos sordos al diálogo, escuchó, pero sobre todo mantuvo firme la obligación moral de llegar a la Ciudad de México a la cabeza de la marcha a la que él convocó, de lo contrario su memoria histórica hubiese terminado en la basura, y México habría perdido una buena oportunidad de exhibir los mecanismos de la corrupción.

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