LA COSTUMBRE DEL PODER: Seguridad interior

 Gregorio Ortega Molina  5 de diciembre de 2017 – 00:12 CE


*Si algo va a modificar la vida institucional, política y social en México es la aprobación e implementación de la Ley de Seguridad Interior. Lo cierto es que muchos poblados viven, ya, en Estado de sitio que sólo beneficia a la delincuencia organizada

Me he opuesto de manera sistemática y con argumentos válidos a la llama Ley de Seguridad Interior, pero ahora, si quisiera corregir mi postura porque de hecho muchas poblaciones viven, ya, en Estado de sitio -en condiciones jurisdiccionalmente precarias para las Fuerzas Armadas, y francamente benéficas para los sicarios de los señores del narco-, ¿cuáles pudieran ser los argumentos?
Quien haya vivido en o visitado países en los que la soldadesca anda suelta en las calles, sabe de lo que hablo. Estuve en la España del franquismo, en la Nicaragua de Violeta Chamorro, donde los escombros dejados por Daniel Ortega eran y son un obstáculo, debido a que la seguridad estuvo en manos de los sandinistas. En Perú, cuando Alberto Fujimori libraba los últimos combates contra el senderismo de presidente Gonzalo, o el terrorismo del movimiento Tupac Amaru, a Luis Gutiérrez Aguirre y a este tunde máquinas los despertó un bombazo; debimos transitar en ciudades oscuras, con retenes y vigilancia militar que arrugaba el cuero.
A Camila -la hija de mi amigo Óscar Cuéllar- que creyó en la amnistía de Augusto Pinochet y decidió abandonar México para reencontrarse en Santiago de Chile con su propia realidad, se la tragó la hipocresía de esa milicia engañosa, que la retuvo y la desapareció en el instante en que descendió del vuelo que debía entregarla en su patria.
Este sexenio, al que le falta un año para concluir, suma más muertos y desaparecidos que el de Felipe Calderón. Hay más territorio en manos de sicarios y otras variantes de delincuencia organizada, un mayor número de instituciones policiales infiltradas y, casi con certeza, más jueces aterrorizados cuyas sentencias son determinadas por el miedo a la muerta de sus esposas e hijos o la propia; otros, por la enorme cantidad de plata que no encuentran cómo ocultar al fisco y justificar en su ética.
Naturalmente hay un riesgo al “normalizar” y dar carta jurídica de legalidad, a la actuación policial de las Fuerzas Armadas, pero ¿es preferible correrlo a permanecer inermes ante la ineficacia de los gobiernos civiles, cuyos integrantes, más preocupados por su bienestar personal y la alcancía que creen tener la obligación de juntar, olvidaron el mandato constitucional, porque así les convino porque nunca tuvieron conocimiento de cuál era y es su deber?
Nuestra realidad está fuera de foco, vivimos en la distorsión de la ley y la norma constitucional, propiciada por la impunidad que envalentona a los malos funcionarios públicos, y les facilita evadir las consecuencias de sus estropicios.
Si algo va a modificar la vida institucional, política y social de México es la aprobación e implementación de la Ley de Seguridad Interior. Lo cierto es que muchas poblaciones viven ya en Estado de sitio, y éste sólo beneficia a la delincuencia organizada, debido al debilitamiento del poder civil.
A los delincuentes se les puede y debe perseguir, incluso matar, ¿podrá hacerse lo mismo con integrantes de las Fuerzas Armadas que abusen del poder? Pronto sentiremos el peso de esa diferencia. ¿Qué harán con los marinos secuestradores de un empresario en CDMX? ¿Les darán el trato de delincuentes?

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Política, crimen y fe

 Gregorio Ortega Molina  4 de diciembre de 2017 – 00:12 CE


 

*Mal asunto dejar las decisiones de seguridad del Estado sujetas a las necesidades de la salvación del alma

Me hice cruces desde diciembre de 2006 porque necesitaba saber por qué Felipe Calderón Hinojosa declaró, de manera unilateral, la guerra al narco. 11 años después, debido a una evocación fortuita de las advertencias de mi madre, a mi permanente estudio del cristianismo y de los ensayos de Michel de Montaigne, caigo en cuenta de la íntima razón que movió al entonces presidente de la República a justificar su crimen político y purificar al país en sangre.

     Cuando mi madre se enteró del triunfo electoral de Vicente Fox Quesada me lo advirtió con toda claridad: “Se acabó el ejercicio del poder, la conciencia del católico le impedirá cumplir con su responsabilidad constitucional, con su deber de jefe de Estado”.

     Obvio, pronto lo olvidé. He de aclarar que mi madre fue esposa de un enorme periodista, columnista político y reportero. Debí atesorar su opinión y tenerla presente.

     Después y durante el constante esfuerzo por comprender el poder moral del gobierno eclesiástico sobre el de las armas, recupero mi catequesis y con ella el aprendizaje de memoria de los diez mandamientos enseñado -en las primarias confesionales-; el 5° de esa norma de conducta es claro: ¡no matarás!, pero resulta que siglos después la Iglesia creó su ley reglamentaria, para decirnos que es lícito matar en una “guerra justa”. ¿Y qué la determina?

     Supongo que Felipe Calderón Hinojosa, como católico antes que como presidente de México, buscó una solución ética y moral a un conflicto entre su fe íntima, personal, y su mandato constitucional. Encontró la palabra adecuada para hacer lo que fue su obligación como jefe de Estado: GUERRA.

     Imposible para mí conocer si recibió ayuda divina, si llegó a esa decisión apoyado en el silencio o reconfortado por el auxilio intelectual y de fe de un obispo, de un confesor, de un guía espiritual. Lo que sí aseguro es que asumió, en soledad, esa responsabilidad.

     ¿Es válido conservar esta estrategia de política y crimen, vistos los resultados, o es necesario modificarla?

     Felipe Calderón Hinojosa hizo de todo para curarse en salud y purificar su alma de tanta muerte causada por su decisión. Vistió y también vistió a su hijo con la casaca militar, honró sin medida a las Fuerzas Armadas, pero tuvo buen cuidado de mantener cerrado el paso a la legalidad de su actuación política, porque lo que hacen militares y marinos no es una tarea policiaca, sino una función política para preservar, en la medida de lo posible, el Estado de Derecho.

     También desconozco si Calderón Hinojosa leyó El lado oscuro de Dios, donde Isabel Cabrera siembre esta inquietud: “Al reglamentar la vida del hombre, Dios también queda sujeto a normas y cabe esperar de Él cierta conducta. El dios de la alianza, el dios legal y equitativo, respaldado por la tradición, está obligado a recompensar al justo por una necesidad intrínseca del concepto de Ley.

     … Es terrible pensar que estamos en manos de un dios injusto, pero menos terrible es acusar al hombre por salvar a Dios”.

     Si así fue, mal asunto dejar las decisiones acerca de la seguridad interna del Estado, sujetas a las necesidades de la salvación del alma.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: Presidencialismo y gobernabilidad

 Gregorio Ortega Molina  1° de diciembre de 2017 – 00:12 CE


*En 2012 apareció la propuesta de los gobiernos de coalición para garantizar gobernabilidad. En esa época era posible, los agravios no eran tan humillantes, la soberbia panista fue menor, aunque la corrupción, el encono y la confrontación, así como la impunidad, son equiparables, casi insuperables. Conducen al desencanto y a la calentura por cambiar las papeletas electorales por las armas

Si la pereza es la madre de todos los vicios, en política la soberbia engendra los fracasos, sobre todo en aquellos proyectos conceptuados e impulsados por la idea de la inmortalidad histórica.
En su texto de El Universal del miércoles 15 de noviembre, Ignacio Morales Lechuga se pregunta a él mismo y también a los lectores si los candidatos se atreverán; creo que el cuestionamiento debe ir más allá: ¿están organizados los electores, tendrán el deseo y la audacia de atreverse a impulsar con el sufragio la reforma del Estado, e iniciar las exequias del presidencialismo?
Frente el páramo de los nombres, porque ninguno aglutina la voluntad popular más allá de los tercios augurados, debemos exigir proyecto, programa, compromiso firmado ante los Poderes Judicial y Legislativo, para que esté presente el sentido de la obligación, por parte del Ejecutivo, de cumplir con el mandato constitucional e instrumentar los cambios mínimos requeridos para recuperar la idea de nación, la honra de la República y la viabilidad de México para alimentar a sus hijos, a todos, en lo moral, lo ético, lo cultural, lo humano, y saciarlos para que recuperen la alegría de vivir.
En 2012 apareció la propuesta de los gobiernos de coalición para garantizar gobernabilidad. En esa época era posible, los agravios no eran tan humillantes, la soberbia panista fue menor, aunque la corrupción, el encono y la confrontación, así como la impunidad, son equiparables, casi insuperables. Conducen al desencanto y a la calentura por cambiar las papeletas electorales por las armas.
¿Restablecer el presidencialismo después de tanto agravio, tanta violencia, tantos desaparecidos, secuestrados y sometidos a la trata? Las posibilidades de una restauración están lejos, lo que abre la puerta a un equivocado autoritarismo, a ese fascismo disfrazado de democracia.

¿Coalición para gobernar? La abusiva práctica política impuesta por la partidocracia cerró la puerta a esa posibilidad. ¿Haría el PRI cohabitación con Morena, que se perfila como segunda fuerza, o a la inversa? ¿Sería AMLO secretario de Gobernación de Meade, o éste encargado del despacho de Hacienda con López Obrador? ¿Permitirán los ministros de la SCJN que sus salarios adquieran un nivel digno y no insultante para la mayoría de la población? ¿Diputados y senadores darían la espalda a sus bonos de despedida que agravian? Con estas majaderías y humillaciones, ¿cuál coalición es posible?
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LA COSTUMBRE DEL PODER: Desafíos 2018: sociedad y cárceles

 Gregorio Ortega Molina  30 de noviembre de 2017 – 00:12 CE


* Acá, afuera y en libertad, también se es extorsionado, desaparecido, expoliado con el derecho de piso, secuestrado, torturado, vejado, violado, desamparado de la autoridad que debiera proteger

Nunca como ahora resulta importante recuperar el trabajo periodístico de Julio Scherer García, sobre todo esas entrevistas en las que encuentra la pregunta adecuada, idónea para que el interrogado denuncie, como ocurrió en el caso del libro Cárceles.
El año que entra cumplirá 20 de su primera edición, pero lo allí expuesto parece suceder hoy, como lo muestran los acontecimientos que llenan de sangre las prisiones mexicana. Penales saturados en los que la muerte es una liberación, porque lo que dentro de ellos sucede llena de oprobio y dinero a sus administradores y celadores, pero humilla y envilece a los reos, incluso a aquellos privilegiados que pueden ser sacados a pasear, cuentan con televisión, equipo de música, comida y vinos y licores, y esclavos y esclavas sexuales.
Scherer convoca a sincerarse al doctor Carlos Tornero Díaz, pero a los lectores nos arroja al oscuro mundo de nuestro propio entorno, pues explica con claridad cómo las estructura social de los penales mexicanos es una réplica puntual de la sociedad que los creó y de los gobiernos que los administran.
En Aristegui noticias nos enteran que “Luis Alberto González, El Tatos, es el líder de una banda que se dedica a torturar a reclusos y extorsionar a sus familiares en penales del Estado de México.
“Golpes, palazos, quemaduras y hasta descargas eléctricas forman parte de las prácticas de tortura que Luis Alberto González Nieto, alias “El Tato” o “El Tatos” y su grupo criminal emplea para extorsionar a los familiares de presos que se encuentran recluidos en los penales de El Bordo de Xochiaca, Chiconautla y La Palma.
“Acompañado de al menos dos personas que le ayudan a vigilar, videograbar y contener a sus torturados, El Tatos quema, golpea, pica y hasta las electrocuta a sus víctimas, que son obligadas a pedir dinero a sus familiares para que lo depositen en cuentas de Banco Azteca y así terminar con la violencia.
“Luis Alberto González Nieto “trabaja” con terceros en otros penales y fuera de ellos para enviar los videos de las torturas a los familiares, y así poder cobrar el monto de las extorsiones que van desde mil 500 pesos, hasta automóviles o escrituras de inmuebles.
“A decir de testimonios recogidos por la agencia, en reiteradas ocasiones familiares solicitaron, a través de una carta, la intervención del director de Prevención y Readaptación Social del Gobierno del Estado de México, Luis Arias González, para frenar el <<ambiente de terror y extorsión en contra de los presos>>; sin embargo, no recibieron respuesta y por el contrario las agresiones contra reclusos fueron peores”.
Hace 20 años Carlos Tornero Díaz da la voz de alarma sobre este problema, y puntualiza que esos procedimientos y la organización interna de los penales, son una réplica de la manera en que el poder “administra” a la sociedad.
Acá, afuera y en libertad, también se es extorsionado, desaparecido, expoliado con el derecho de piso, secuestrado, torturado, vejado, violado, desamparado de la autoridad que debiera proteger.
Si eso ocurre al aire libre, qué puede esperarse de la violencia en los penales. La obra de Scherer García debe rescatarse, para ayudarnos a recuperar la dignidad.
Las propuestas, el discurso y la aspiración histórica de quienes andan tras el poder, deben indicarnos que esa realidad que nos agobia puede cambiar, cuando menos que nos permita anticipar que podremos vivir en paz.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: De Díaz Serrano a Lozoya Austin

 Gregorio Ortega Molina  29 de noviembre de 2017 – 00:12 CE

*El ingeniero Díaz Serrano, hombre de empresa, pero también conocedor de las exigencias del Estado para preservarlo, intuyó de inmediato lo que se esperaba de él, guardó silencio, dejó que lo despojaran de su colección de pintura mexicana, y fue a dar con sus huesos a la cárcel

Inmersos en el empecinado esfuerzo político y extralegal por restablecer el presidencialismo, lo primero olvidado por los gobernantes de hoy son los referentes históricos, como si el Génesis bíblico fuesen ellos.
El error es imperdonable, porque los lleva a considerar como paradigma de éxito el triunfo electoral obtenido en el Edomex. La diferencia territorial es enorme, la idiosincrasia de los electores es diversa, y el descontento de los priistas está presente: se sumarán al candidato que les impongan, pero a la hora de la verdad es posible que sufraguen en contra de su partido, pero a favor de sus intereses.
El deseo, quizá más necesidad, de preservar a Emilio Lozoya Austin fuera de la cárcel, pone en riesgo la viabilidad del restablecimiento del presidencialismo, cuyo origen en estos tiempos de neoliberalismo y globalidad que corren, lo hacen sospechoso. Abominan de la Revolución mexicana, pero necesitan como del aire de su modelo político, por cierto ajeno y distante a la reingeniería del proyecto económico. Globalización y modelo político son como el agua y el aceite.
Para sólo referirnos al caso petrolero, considero conveniente recordar que en la euforia de la renovación moral requirieron de ejemplos, y como José Andrés de Oteyza ya había intrigado lo suficiente contra del director de Pemex, y además era necesario proteger a la señora Alicia López Portillo, decidieron regresarlo de Moscú y desaforar al senador con licencia Díaz Serrano, para “encontrarlo” culpable de descalabro económico contra la empresa.
El ingeniero Díaz Serrano, hombre de negocios, pero también conocedor de las exigencias del Estado para preservarlo, intuyó de inmediato lo que se esperaba de él, guardó silencio, dejó que lo despojaran de su colección de pintura mexicana, y fue a dar con sus huesos a la cárcel.
En lo privado y por interpósita persona, José López Portillo agradeció el gesto de su amigo, ex dueño de Permargo, quien ya en otra ocasión lo había salvado, cuando descubrieron un desfalco en las Juntas de Mejoras Materiales, concretamente en la de Tijuana, y por ello fue puesto de patitas en la calle.
Jorge Díaz Serrano le sostuvo los ingresos a su amigo José López Portillo, éste creyó agradecérselo nombrándolo director de Pemex. Terminó por hundirlo.
Emilio Lozoya Austin contribuirá al descarrilamiento de los proyectos transexenales de Enrique Peña Nieto. De ese tamaño.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: … el ojo ajeno de Meade

 Gregorio Ortega Molina  28 de noviembre de 2017 – 00:12 CE

*Enrique de la Madrid dejó de razonar porque no sé de dónde sacó que justificar las decisiones presidenciales era el camino correcto al poder
 

*José Antonio Meade, mensajero con las manos atadas, sólo verá la paja…

 

Los políticos de altos vuelos y legales aspiraciones presidenciales, en algún momento de su ascenso en busca de la legitimidad que los pudiera convertir en presidentes de México, olvidan que el silencio es, muchas veces, más elocuente que el mejor de los discursos, que la más ocurrente, simpática y acertada de las declaraciones de banqueta.
Dejan de razonar porque no sé de dónde sacan que justificar las decisiones presidenciales es el camino correcto al poder. La vida se les va en encontrar las palabras idóneas que vendan las políticas públicas que ellos mismos contribuyen a implementar; necesitan justificarse porque pronto perciben que les resulta imposible explicar lo que hacen, y optan por el camino corto para llegar a la voluntad del elector, que tiene múltiples rostros: redes sociales, opinión pública, prensa, entretenimiento, líderes de todo tipo. Sin embargo, el importante resulta ser el gran elector.
Y crean confusión, porque los destinatarios son muchos y los receptores de esos confusos mensajes piensan, cada uno, de manera distinta. En política electoral no hay opiniones universales ni unívocas, incluso para el reducido círculo que determina quién sí y quiénes no serán los que mangoneen en México.
Hoy la realidad es inocultable, aunque la manera de percibirla difiera entre individuos, grupos, familias, gremios, sindicatos, partidos políticos, colegios… Quizá se encuentren coincidencias a la hora de emitir el voto, y a pesar de ello, cada uno de los electores del ganador entregó su apoyo por motivos distintos, tan diversos como la manera y las razones de profesar una religión, o militar, de verdad militar en un partido.
Todo lo anterior para dar contexto a la oportunidad de oro que Enrique de la Madrid Cordero perdió. Hizo una declaración a la prensa, cuando debió guardar silencio, pues todo lo que dijo referente al terrorismo y los crímenes absurdos cometidos por gente armada (en clara referencia a Las Vegas y Texas), sólo es la paja en el ojo ajeno.
La viga que tenemos en el propio lleva en su volumen y peso la cifra de muertes violentas desde que se combate a sangre y fuego al narco, el incremento consistente y casi geométrico de feminicidios, las desapariciones cuyo número se desconoce, la trata, el maltrato infantil, el turismo sexual que aquí se busca, la corrupción, la impunidad…
La globalización además de traer un bienestar dosificado y dirigido a las clases sociales altas, trajo en demasía lo que hoy abruma e imposibilita el mandato constitucional en materia de procuración y administración de justicia, porque todo el sistema jurisdiccional y de seguridad pública está infiltrado por la corrupción y la impunidad. Deshacer su entramado requiere de la reforma del Estado.

El mensajero de una restauración imposible
La postulación que Luis Videgaray Caso hizo en nombre de su hermano del alma, Enrique Peña Nieto -en funciones formales de presidente constitucional, con mandato obligado- a favor de José Antonio Meade, adquiere dimensión de presagio para el PRI, y anuncia la contumacia en el método para hacerse con el poder.
Sepultarán a las redes sociales, la prensa crítica, la oposición y a los partidos que le jugarán las contras, con un alud de dinero y el ruido ensordecedor de mensajes vacíos, cuyo costo va más allá de lo que signifique en pesos y centavos, porque se pospondrá, otra vez, la transición, con el consiguiente riesgo: que la molestia social se convierta en protesta, y ésta en grupos armados clandestinos, para sumarse a los ya existentes.
La delincuencia organizada ha sobre armado a este país. Los efectivos de las fuerzas armadas y las policías no exceden los 700 mil elementos, con armamento inferior e infiltrados por la corrupción.
Allí está el primero de los dilemas que deberá resolver al muy próximo candidato del PRI, tan católico como Felipe Calderón Hinojosa, necesitado de una guerra justa para aliviar su conciencia y sujetar su servicio al Estado de la salvación de su alma.
Enrique Peña Nieto, en su lógica del poder, aspira a mantener sujeto a José Antonio Meade, como Carlos Salinas de Gortari limitó a Luis Donaldo Colosio. El ex secretario de Hacienda y Crédito Público hará precampaña y campaña con las manos atadas, porque otros serán su voz y su voluntad, y los mensajes se centrarán en la denostación del contrario, en ver la paja en el ojo ajeno, ajena a la necesarísima propuesta de restauración de la República.

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LA COSTUMBRE DEL PODER: AMLO marca el paso, Woldenberg equivocado

 Gregorio Ortega Molina  27 de noviembre de 2017 – 00:12 CE


 

*Imposible dar la cara por lo indefendible. Partidocracia es causa de crisis

*MORENA con más imaginación que PRI y Frente, pero ninguno de los tres ofrece soluciones para restaurar la República

 

 

José Woldenberg, conocedor de los entresijos del comportamiento político de los mexicanos, perdió el norte, está equivocado.

Sostiene -creo haber entendido lo por él escrito el jueves 9 de noviembre último- que el exceso de crítica en medios y de viva voz hacia los partidos y sus líderes, desestructura las vías institucionales de participación electoral, pero sobre todo política, y pone en riesgo la viabilidad de esos clubes que se constituyeron en partidocracia.

Cierto, la crítica es acerva, feroz, abundante, quizá algunas veces injusta. Por eso es momento adecuado para que nos preguntemos ¿en qué han contribuido en la contención del estado de ánimo, o evitar el estallido social y el descontento y, además, cuáles son sus propuestas de soluciones de factible instrumentación, para aliviar la pobreza, acotar la inseguridad, minimizar la corrupción, evitar la impunidad y así reponer la agenda del desarrollo, a través de la reforma del Estado? Se apoltronaron en la alternancia, debido al terrible miedo que tienen a la transición.

     Si al lenguaje cibernético corresponde la mutilación de las palabras para ajustarse al número de caracteres, y esta “emasculación” puede llevar a la modificación del concepto o, de plano, al dislocamiento del trayecto racional que conduce el encuentro del término adecuado para expresar la idea, es posible que el actual discurso político, además de modificar la percepción y la imagen, conduzca a los ciudadanos en edad de votar a la anomia, al abandono del necesario rescate de los valores humanistas que proporcionan solidez y equidad a los gobiernos. Hemos transitado de una incipiente armonía social al abuso del poder, y de éste al regreso del fascismo, como lo hacen en España y Argentina.

Los sucesos demuestran que el análisis propuesto dista mucho de ser descabellado. La declaración del secretario del Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida, para desacreditar lo dicho por Justin Trudeau sobre los salarios que se pagan en México; las maneras con las que se dispuso dar por muerto y enterrado el caso de Santiago Nieto, para que Emilio Lozoya Austin no padeciera rubor alguno; el modo en que solicitaron la renuncia al titular de la PGR, a quien seguramente se le atragantó el resultado de su investigación sobre el caso Odebrecht; el silencio de Gerardo Ruiz Esparza, porque el socavón se convirtió en hoyo negro capaz de consumirlo todo y, como corolario, la simulación democrática con el “despiste” inducido por Luis Videgaray, y la convocatoria al registro de candidatos del PRI y a Convención de Delegados para apuntalar al dedo índice, guía señero de la voluntad partidista.

Si algo puede dar esperanza a México es el exceso de la palabra, porque convoca a la reflexión primero, y a actuar después; por el contrario, las alternativas para preservar la partidocracia en un país excesivamente armado, conducen a lo que a nadie conviene.

Señor Woldenberg, por favor recuerde que en términos bíblicos, históricos y políticos la palabra es todo… todo.

Del videodestape al diplodestape, el despiste y la simulación de democracia

Sorprende que el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, haya olvidado lo que ocurrió a Manlio Fabio Beltrones Rivera cuando, puesto a acatar una solicitud de Carlos Salinas de Gortari -entonces amo y señor-, contribuyó a la instrumentación del videodestape. Su destino inmediato fue el destierro interno durante un sexenio.

Allí, a la vera del señor Videgaray Caso, opera un “asesor” que estuvo muy cerca de Juan Rebolledo Gout; dicho “demonio de Sócrates” cuenta con el conocimiento suficiente para haberle advertido de cuáles pueden ser las consecuencias de lo que hizo.

En cuanto a la voz de alarma presidencial por el “despiste” y la instrumentación “adecuada” en tiempo político y en formas, ¿es muestra de fortalecimiento del presidencialismo -el principio mexicano de Weimar-, o es una salida decorosa a los peligros reales que representan AMLO y el Frente?

La convocatoria emitida por el PRI para registrar precandidatos es clara, la Convención de Delegados para elegir candidato será otra simulación: resulta que se revalúa la importancia de las precampañas, durante las cuales habrá dinero, y mucho.

El PRI y los frentistas debieron modificar su estrategia y quizá, por qué no, en imitación del juego infantil lo que hace la mano hace la tras, copiar al Peje y adelantarse, durante las precampañas, en seguimiento a la máxima de Jesús Reyes Heroles: primero el plan, luego el hombre, para culminar con la nominación del candidato en elección abierta. Pero no lo harán.

¿Tendrán la imaginación, el interés y la estatura política para presentar un verdadero proyecto de transición? Por lo pronto el día de la Virgen MORENA el peje se registra como PRECANDIDATO, entre otros comparsas.

Pero nadie, hasta el momento, aporta el cómo operar la restauración de la República.

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