LA COSTUMBRE DEL PODER: ¿Fiscal agradecido o independiente?

 Gregorio Ortega Molina 23 de julio de 2018 – 00:12 CE


*Se conducen como las élites políticas que surgieron después del fracaso de la República de Weimar. El presidencialismo alumbrado del caletre de Calles, como Atenea del cerebro de Zeus, es insoportable

La participación política de la sociedad está amenazada. La experiencia reciente lo demuestra. Los partidos políticos sirven más a los intereses del grupo que los administran que a los de los militantes, simpatizantes y ciudadanos en general. De allí que se buscara la alternativa de las organizaciones no gubernamentales.

Tiene razón AMLO, no todo lo que procede de la sociedad civil es bueno para lo que dice representar, como tampoco toda política pública es en beneficio de los gobernados. Hay organizaciones no gubernamentales financiadas por grupos que representan intereses ajenos a los de la sociedad, como también existen legisladores y jueces sobornables y sobornados por los grupos que dicen combatir para honrar su mandato constitucional.

En política nada es perfecto, exactamente como en la vida. La perfección no existe, pero el arte del gobierno, el oficio del poder es artesanal, y así como una guitarra de Paracho se acerca al ideal de instrumento musical, o un alebrije a las manifestaciones ocultas del alma, una buena legislación, un nombramiento acertado, una negociación transparente entre la sociedad y su gobierno, es lo más próximo a la trascendencia histórica sin menoscabo de la voluntad del príncipe.

Pretender que transitar del Fiscal Carnal al Fiscal que Sirva es una evolución, es negarse a ver la realidad y cerrar los cauces de la participación social en la toma de decisiones políticas, como lo es anunciar el cierre o clausura o anulación del CNS. Equivale a decir a los académicos, a los profesionistas, a los mexicanos que se esfuerzan por construir un país digno para sus hijos, una patria con futuro, que regresen a sus quehaceres y en su tiempo libre permanezcan en sus casas, por más amenazadas que estén por la corrupción o la inseguridad y la violencia.

     Si juntos quieren hacer historia, si unidos desean impulsar la regeneración nacional, no pueden limitarse a hacernos creer que la voluntad popular sólo está representada por los integrantes del Congreso de la Unión y los de las entidades federativas, porque muy bien saben los mexicanos cómo se eligen, y qué tan ajenos son a ellos los que llegan por la vía plurinominal. El sufragio en su favor es un indicativo, de que pesan más 30 millones de votos que todo el gobierno federal junto con los de las entidades federativas.

Ahora se comportan como esas élites políticas que surgieron después del fracaso de la República de Weimar. El presidencialismo nacido del caletre de Calles, como Atenea del cerebro de Zeus, es insoportable.

Atento a todas las propuestas recuerdo mi lectura de El último encuentro, que es el ocaso del imperio Austro-húngaro: “Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia. Cuando eso sucede se produce una de las maravillas más raras de la vida… Quiero decir que la gente acaba aprendiendo la verdad, adquiere experiencia, pero todo ello no sirve de nada, puesto que nadie puede cambiar de carácter… Quizá no se pueda hacer nada más que esto en la vida: adaptar a la realidad, con inteligencia y con atención, esa otra realidad irrevocable, el carácter personal”.

En febrero de 2019 podrá hacerse un balance del movimiento de regeneración nacional.

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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