¿Existe la democracia?

July 29, 2011

— 12:00 am

¿Es la democracia algo más allá de un concepto? ¿Se altera y modifica como sucede con las condiciones de vida, o de acuerdo al estado de ánimo de las sociedades donde se intenta arraigarla? ¿Es una aspiración, más cercana a la utopía que a la realidad? Quizá únicamente se reduce a una promesa de campaña.

No le demos vuelta, la democracia como concepto y propuesta de gobierno, se adecua a las necesidades de cada nación, a las exigencias culturales, a la idea de patria, a los problemas políticos coyunturales, incluso a las exigencias de campaña y a las presupuestales: sube y baja como crece y disminuye el nivel de vida, con una certeza: al florecer siembra la simiente de su destrucción, como ocurre hoy con el modelo noruego, cuya sociedad es capaz de crear profesionalmente a un abogado defensor como Geir Lippestad, dispuesto a encontrar atenuantes en el asesinato de 76 personas cometido por Anders Behring Breivik.

De acuerdo a la información proporcionada por El País, el abogado refirió algunos detalles de la conversación que había tenido con su cliente, y contó que Behring tomó drogas antes de la masacre para sentirse <<fuerte, eficiente y despierto>>. Lo describe como una persona fría, que vive en una burbuja y que se siente orgulloso de haber empezado una guerra, una nueva cruzada, que tendrá lugar en los próximos 60 años y que será continuada por dos células en Noruega y otras en el extranjero, ya preparadas para actuar.

Derechos humanos y democracia exigen que pueda defenderse a un asesino confeso, que merecería idéntico trato al que dieron y dan a los criminales de guerra, a los terroristas y a los violentos drug lords que operan en todo el mundo, pero las apariencias de la democracia como imagen, exigen otro comportamiento por parte de las autoridades.

El caso de México es paradigmático, pues tiene una democracia mala, cara y financiada con recursos fiscales; es decir, quienes cumplen con la obligación democrática de pagar puntualmente sus impuestos, aportan lo que pudiera significar parte de sus ahorros o mejores servicios, en colocarse los grilletes que le imponen el comportamiento antidemocrático de los representantes de los partidos, de los integrantes del Congreso y de los poderes Ejecutivo y Judicial. La cereza en el pastel son las cuotas sindicales, donde los liderazgos sólo se renuevan cada corpus y san Juan.

Las cifras y los hechos no mienten. En pleno ejercicio de <<su democracia>>, la Cámara de Diputados se niega a ponerse de acuerdo para nombrar a los consejeros electorales que han de sustituir a los que concluyeron el cargo, por lo que el IFE funciona con deficiencias y vacíos en el control administrativo, como se ha visto, y además, para darnos democracia amenaza con gastarse poco más de 16 mil millones de pesos durante 2012, como si garantizar las elecciones limpias y equitativas fuese el umbral de un país con un gobierno y servicios que respondan a las aspiraciones de la democracia.

¿Es democrático un gobierno que tuvo la oportunidad de trascender de la alternancia a la transición, pero que se estacionó en una guerra cruenta y sin cuartel contra la delincuencia organizada, para justificar su permanencia en el poder, porque administra pero no gobierna?

¡Vamos!, ¿es democrático el modelo político cuya gobernabilidad está sustentada en las cuotas de poder impuestas desde la cúspide de la pirámide, para satisfacer las necesidades gremiales y garantizar el clientelismo electoral exigido por el corporativismo?

No puede ser democrático un modelo político en el que la todo poderosa líder del magisterio, negocia con anticipación el destino de los sufragios de sus agremiados, como en el más clásico y antidemocrático de los corporativismos.

La democracia es una ilusión, una ingenuidad, un proyecto, una idea. Alexis de Tocqueville puntualizó, hace ya bastantes años: Pienso en que las características de la opresión que  amenaza a los pueblos democráticos no se parecen en nada a las que la precedieron en el mundo; nuestros contemporáneos no sabrían encontrar la imagen en sus recuerdos. Yo mismo busco en vano una expresión que represente exactamente la idea que me he formado y que la describe; las antiguas palabras de despotismo y tiranía son insuficientes. La actitud es nueva, hay que tratar de definirla, porque no puedo nombrarla.

Quiero imaginar bajo qué aspectos nuevos el despotismo podría regresar en el mundo: veo una muchedumbre de hombres que parecen iguales y que dan vueltas, sin descanso, sobre ellos mismos para obtener pequeños y vulgares placeres, con los que satisfacen su alma. Cada uno de ellos, puesto aparte, es ajeno al destino de todos los demás: sus amigos y sus hijos son para él toda la especie humana; en cuanto a sus conciudadanos, está a su lado, pero no los ve; los toca, pero no los siente; sólo existe él y para él mismo, y si todavía conserva una familia, puede afirmarse que ya no tiene patria.

Ni Alain Touraine lo hubiese expresado con esa claridad. Es el individualismo como producto de la globalización, del libre mercado, de la libre competencia, de la desaparición de los valores. Esto es lo que nos vende Acción Nacional y es la receta que puede intentar imponer el PRI si no procede con las propuestas de transición ofertadas por Manlio Fabio Beltrones. En cuanto a la izquierda, ¿cuál?, la del patrón de René Bejarano. No bromeen.

gregorioortega.wordpress.com

@OrtegaGregorio

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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