La Costumbre del Poder: Justicia transicional I/III

 Gregorio Ortega Molina 12 de febrero de 2020 – 00:12 CE
Acá, lo que se ve, se siente y se palpa, es que su justicia transicional llegará con el desbaratamiento del pasado, así no habrá posibilidades de regreso. Por lo mismo decidieron asesinar a la familia del zar Nicolás

A los mexicanos parece encantarnos que nuestros gobernantes nos tomen el pelo y, además, se enriquezcan a nuestras costillas. Tenemos dos claros ejemplos antagónicos y recientes.

El primero es Vicente Fox. Confundió la justicia transicional con su matrimonio con Marta Sahagún, decide compartir con ella el poder y la responsabilidad que no entendió ni soportó, y creó la figura de la pareja presidencial. Incomprobables los latrocinios de la señora Marta, sus hijos y su primer marido, pero los hicieron. Sólo hay que constatar cómo viven hoy y cómo lo hacían antes de que el vaquero hispano asumiera el poder.

No hubo transición ni justicia por los crímenes del pasado. La oportunidad del país está en una única frase expresada en la sala de prensa de Los Pinos: ¿Y yo por qué? Nunca se asumió como presidente de México.

Hoy el caso es similar, o quizá peor, porque la oferta fue clara: combatir la corrupción y pacificar al país. Con lo ocurrido hasta ahora, se muestra que, en su equipo, de justicia transicional nada saben.

Alejandro Gertz Manero la prefiere al viejo estilo. Parece amigo de Ricardo Peralta. Las mujeres no merecen que se califique el feminicidio, y el arraigo debe regresar. Pero ningún sentenciado hasta el momento. Todo es palabrería, y se desahoga con Santiago Nieto, que aspira a más herramientas para imponer su propia visión de terror fiscal.

Creo que el señor Julio Scherer Ibarra tampoco sabe de justicia transicional, y así avanza el sexenio que ofertó una transformación total y la refundación de la República.

Conviene que nos aclaremos. En el ensayo de Tatiana Rincón-Covelli sobre justicia transicional, encontró lo siguiente: “… el inicio de lo nuevo no podría implicar la cancelación del pasado ni tampoco hegelianamente una superación integradora (y justificadora) del mismo. ¿Cómo entender, entonces, el sentido fundacional de la justicia transicional?  Tanto Teitel (2000) como DeGreif (2012) se refieren a la línea divisoria que la justicia transicional traza entre el pasado de atrocidades y el nuevo orden político y moral que nace de la transición”.

¿De veritas estamos, los mexicanos todos, ante un nuevo orden político y moral? Respóndanse con sinceridad, el engaño está perfectamente adobado para que, con aplausos, les compremos el retroceso al que quieren someternos. Nos llevan hacia un justicialismo sin Juan Domingo Perón, de allí que poco importe el desmadramiento de Morena y la liliputización jibarización de los partidos políticos tradicionales. Los que nacen ahora, para que regresen la Gordillo y los Calderón, sólo son adobo para una mayor confusión.

Acá, lo que se ve, se siente y se palpa, es que la justicia transicional llegará con el desbaratamiento del pasado, así no habrá posibilidades de regreso. Por lo mismo decidieron asesinar a la familia del zar Nicolás.

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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