La Costumbre del Poder: ¡Quemarlo todo!

Gregorio Ortega Molina 14 de septiembre de 2020 – 00:12 CE

*La 4T está dispuesta a quemarlo todo en esa confrontación cotidiana entre mexicanos alentada por el tlatoani. Si así continúan, la noche de los cristales rotos palidecerá, porque los agravios, figurados o reales, son muchos, y porque el escarnio matutino hace su trabajo todos los días


Grupos feministas, durante la manifestación frente a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

La piromanía y el poder han caminado de la mano. La necesidad del fuego, la exigencia de quemarlo todo se muestra de diferente manera, no necesariamente se expresa en llamas y cenizas, sobre todo cuando el ansia, el anhelo, el sueño desorbitado es purificar al país.

     Nerón, Adolfo Hitler y Harry S. Truman necesitaron consumir su mundo en el fuego. Roma debía arder… el Reichstag convertirse en cenizas para hacerse con el poder, e Hiroshima y Nagasaki fueron necesarias para que la humanidad jamás olvidara los crímenes de la Segunda Guerra Mundial.

     Pero hay otras maneras de quemarlo todo… grotescas y perversas y peores, porque conducen a los humanos a aceptar su propia humillación como una merced que les permite sobrevivir, y así agradar al tata mandón. Fueron millones los arrasados por el hambre con la que José Stalin sacrificó a buena parte de su pueblo, para construir su utopía cimentada en el terror. El Gulag y los campos de concentración nazis son la otra vertiente de ese fuego interior que domina a los desorbitados por el poder.

     Acá, en tierra de indios, criollos y mestizos, herederos del fuego dejado por la Conquista y la Independencia, fueron incapaces de consumir los rescoldos de los pueblos originarios; tampoco sirvieron para arrasarlos los rencores de caciques y gobernantes que, por razones ignotas, fueron incapaces de despojar de todo a los gobernados que, pacientes y ladinamente agazapados, esperan la oportunidad de pasar la factura… porque siempre es el pueblo el que paga las derrotas: lo mismo la de la mutilación del territorio nacional que la de la traición al proyecto de la Revolución, que el truene de Pemex.

     El escenario de lo que hoy vivimos y padecemos los mexicanos, está puntualmente descrito por Eduardo Sacheri en su novela La noche de la usina. La cita es extensa, pero reveladora del comportamiento de estas personitas que dicen gobernar:

“Uno tiene su vida. Buena, mala, la que tiene. La viene usando desde que nació. La cuida. Se preocupa por conservarla, por ir poniéndole cosas. Todo lo que a uno le pasa, todo lo que aprende lo introduce en esa vidita que tiene. Uno no piensa en lo frágil que es. O sí, pero a veces. Tampoco uno se puede pasar la vida pensando en lo frágil que es la vida, porque la angustia sería perpetua, insoportable”.

     La vida de la Independencia fue quebrada por la invasión, la ocupación y la incapacidad de los caudillos. La retórica era de dignidad; la praxis, de claudicación y fracaso.

     La Revolución quiso abarcarlo todo y sólo logró consolidar una parte antes de la traición a su proyecto de nación. Los políticos y gobernantes fueron los artífices de su hundimiento, pero -en buena medida- el silencio de los gobernados, su vidita, contribuyó a la quema de lo que debió ser y no fue.

     Nos desentendimos ayer, como hoy. Ahí anda AMLO en pos de la restauración de una presidencia imperial que resulta inoperante, por más que acumule poder legal… cuando la autoridad real e incuestionable está en esos espacios de la república en los que la autoridad del Estado no existe.

     La 4T está dispuesta a quemarlo -lo mismo en “La Boquilla” que en las oficinas de la CNDH o que en Notimex- todo en esa confrontación cotidiana entre mexicanos y alentada por el tlatoani.

     AMLO que presume saber de historia, la olvida. El tema del agua no es nuevo. Emilio Portes Gil, en su informe de 1929, puntualizó: “Se ha realizado en esta capital un periodo de sesiones de la Comisión Internacional de Aguas entre México y los Estados Unidos de América. Los fines del trabajo de esta Comisión son los de estudiar, desde puntos de vista exclusivamente técnicos, la distribución y aprovechamiento de las aguas de los ríos fronterizos Bravo del Norte, Colorado y Tijuana, y discutir los detalles correlativos de un proyecto de tratado especial entre ambos países, el cual proyecto deberá ser después discutido y perfeccionado por los dos Gobiernos, hasta llegar a un acuerdo mutuamente aceptable”.

     Obviamente las usuras propias de la naturaleza han propiciado una revisión periódica de ese Acuerdo. Se hicieron correcciones importantes, como la devolución de El Chamizal, por las desviaciones del cauce del río. Y más que continúan en proceso. Me resulta incomprensible la prisa de AMLO por quedar bien con el gobierno de Estados Unidos y atender las sugerencias de los capitostes de Black Rock. Me recuerda esa actitud del general Álvaro Obregón en su urgencia por ser reconocido… lo convirtió en el primer traidor de la Revolución, al intentar reimplantar la reelección.

     Si así continúan, la noche de los cristales rotos palidecerá, porque los agravios, figurados o reales, son muchos, y porque el escarnio matutino hace su trabajo todos los días. Una confrontación social y armada entre 120 millones de mexicanos no es administrable, pero no lo entienden. Están poniéndole cosas a su vidita.

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About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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