La Costumbre del Poder: CFE vs particulares


 Gregorio Ortega Molina 20 de abril de 2021 – 00:12 CE


 *Sólo me queda formular una pregunta: ¿los miles o cientos de miles de hogares mexicanos con paneles solares, deben buscar un amparo, se respetará el convenio?



A instancias de mis nietos e hijos, decididos defensores de la naturaleza y las energías limpias, juntamos la lana suficiente para que en casa de los abuelos se instalaran paneles solares.

     El trámite no es sencillo; para fortuna de los clientes, la compañía que los vende e instala tiene un departamento jurídico que lleva a buen término el convenio entre CFE y el nuevo productor independiente y solitario de energía limpia. Se establece que los que disfrutamos de esta innovación tecnológica estamos incapacitados, por ley, para consumir lo que producimos. Hemos de venderla a la CFE, para después recomprar.

     Para asegurar un “convenio justo”, se instala un medidor de dos vías. La energía producida por los paneles solares del domicilio se envía a la red de distribución y se cuantifica; al mismo tiempo el vendedor adquiere de la CFE la luz que consume. El precio de compra y venta es establecido por la misma empresa.

     Sin embargo, el árbitro puede cambiar las reglas del juego a su arbitrio. Como los primeros bimestres y mucho antes de iniciar la pandemia, los paneles solares de una casa de dos ancianos produce más energía de la que se consume, nos impusieron multas por supuesta alteración del medidor o error en la medición, pues supuestamente el consumo era nulo. Al explicárseles o recordarles la presencia y uso de paneles solares, rectificaron.

     Al inicio de la pandemia y al quedar sin empleo mi hija y yerno, se refugiaron junto con su hijo en casa de los abuelos. El encierro, más el incremento de dos a cinco el número de consumidores de energía, obvio que el bimestre empezó a generar gasto. Poco, sí, por los paneles solares.

     Pero hete aquí que dos años después de la multa “olvidada”, en medio de la pandemia, se presentaron a cobrarla de nuevo, lo que procedimos a pagar de inmediato, pues con el nieto en clases, la hija con home office y el yerno con una manera de ganarse la vida como panadero y repostero doméstico, imposible permitir que cortaran el servicio. Se pagó una multa sin siquiera saberse si era justa, o no.

     Supongo -no soy ingeniero ni especialista en producción y distribución de energía eléctrica- que los convenios entre empresas productoras de energía y la CFE son similares. Obvio, usan de la red de distribución del monopolio estatal. Desconozco cómo cuantifica la empresa mexicana cuánto producen lo que esas compañías venden, pero de seguro hay un contrato firmado que establece las cuotas de uso de la red. ¿Por qué no revisarlos y rehacerlos, para cobrar lo que consideran ahora justo? ¿Por qué usar del combustóleo de a güevo para ensuciar el aire que los gobernados respiramos?

     Sólo me queda formular una pregunta: ¿los miles o cientos de miles de hogares mexicanos con paneles solares, deben buscar un amparo, se respetará el convenio? Con las decisiones que se toman sobre las rodillas, imposible saberlo.

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HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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