Los que mandan

La Costumbre del Poder Gregorio Ortega Molina I 23/07/2013 ,12:01 am

Los políticos profesionales, los que pertenecieron a la familia revolucionaria y construyeron lo que fue México hasta 1968, los hacedores del milagro económico, tuvieron código de honor y normas de conducta. Los recién llegados al poder dejaron de respetarlas.

Hoy -a pesar del escarnio de algunos lectores cuando pregunté dónde está el verdadero poder, y comenté cómo los políticos sólo son correa de transmisión entre los poderes fácticos y la sociedad-, avalado por Manuel Vicent, de El País, ratifico mi opinión: quienes gobiernan distan mucho de ejercer el poder como antaño, porque lo detentan otros. Escribió el articulista español:

“Desayunarse con un sapo cada mañana, es la dieta que suele seguir quien aspira a dedicarse a la política. Tampoco le viene mal tener la cara de cemento, porque, si bien Maquiavelo no dijo nada sobre esto, el político es un ser que nace, crece y se presenta ante la sociedad solo para ser insultado. Cada cuatro años los votantes eligen a los que van a zaherir, despreciar y hacer objeto de sus chanzas.

Ganar unas elecciones significa ocupar el primer puesto en el barracón del pimpampum de esta feria de la democracia. Tampoco la oposición se libra de esta granizada de humor y desprecio. Detrás de los políticos de cualquier bando están los que mandan de verdad: entes económicos difusos e intocables cuyo armamento invisible desarrolla una contundente capacidad de fuego cuando las circunstancias lo requieren. En la Gran Depresión del 29 del siglo pasado los banqueros y grandes industriales se arrojaban al vacío por la ventana, porque su ruina era personal e intransferible. Hoy solo se suicidan los pobres. Puede que un obrero en paro al que han desahuciado se queme a lo bonzo en la puerta de la empresa, pero detrás de la razón social que se exhibe en la fachada no existe ningún rostro concreto, imputable. Los políticos solo son la sábana de estos fantasmas. El poder económico que gobierna el mundo desde el otro lado del espejo necesita que, en cierto modo, los políticos sean corruptos porque la corrupción política encubre la suya propia, el desprecio con que se sacia el público a los intocables les sirve de parapeto. ¿Quién es Barak Obama sino un ser que ocupa la Casa Blanca con la única misión de vender con voz de blues las órdenes que recibe? En teoría se trata del hombre más poderoso del planeta que no ha podido eliminar la cárcel de Guantánamo, que da por bueno que en nombre de la seguridad haya una red de espionaje mundial y acepta que en el Despacho Oval pueda haber un grillo detrás del retrato de George Washington. Los políticos están ahí para que la burla que volcamos en ellos dé salida franca a la frustración social. En su espejo mediocre se refleja nuestra mediocridad, por eso es tan excitante romper ese escaparate tan frágil, mientras el poder, a salvo del escarnio, se permite mover los hilos impunemente en la oscuridad”.

El escándalo de los panistas en el Senado de la República salpicó a todos, es muestra suficiente para confirmar la hipótesis: perdieron el código de honor y las normas de conducta, al mismo tiempo que fueron despojados del poder político que los vestía.

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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