LA COSTUMBRE DEL PODER: Malas costumbres

 

Gregorio Ortega Molina/

gom210115El comportamiento y las actitudes de la vida cotidiana se modifican, conforme los integrantes de una sociedad aceptan vivir con el Jesús en la boca, a la espera de una llamada que indique la cantidad del rescate, o el anuncio de que el familiar está en el Torito.

Pero cuando las víctimas también son niños o adolescentes, cuando el pago de derecho de piso merma el futuro, cuando la ostentación adopta el estatus de símbolo de corrupción y garantía de impunidad, o peor, cuando las autoridades financieras cierran los ojos a fraudes institucionalizados, como el de Ficrea, los mexicanos empiezan a modificar sus hábitos, a convertirlos en malas costumbres, a pensar en la manera de cambiar un modelo político de gobierno que no le responde, y estarían dispuestos a hacerlo por las buenas, o a las malas.

Hipótesis que se desprenden tras la lectura de una encuesta del Inegi: siete de cada 10 mexicanos consideran que la vida en la ciudad que habitan es insegura; han visto o conocido, en los últimos tres meses, algún acto delictivo en los alrededores de su hogar.

Empieza a aceptarse todo lo malo, pues 70 de cada cien ciudadanos, tropezaron, escucharon o vieron en los alrededores de su vivienda que personas consumían alcohol en las calles, y seis de cada 10 atestiguaron o supieron de actos de vandalismo. ¿Dónde estaban las policías?

Dicha encuesta es formulada cada tres meses, y se diseña para determinar la sensación de inseguridad por temor al delito; la expectativa social sobre la tendencia del delito; el conocimiento o el hecho de haber presenciado conductas delictivas o antisociales, lo que motiva cambio de rutinas por temor a ser víctima del delito, y modifica la percepción del desempeño de la policía estatal y municipal, como autoridades responsables de su posibilidad de vivir seguros.

El problema para la autoridad, para el gobierno, iniciará cuando los mexicanos decidan que, para conservar su futuro y vivir en seguridad, habrán de hacerlo con sus propios recursos y ajustados a sus niveles de inteligencia y operatividad, distintos a aquellos de los que disponen quienes pueden pagar los servicios de guardaespaldas para ellos y sus familias y, a pesar de ello, recordemos lo que ocurrió en el caso de Fernando Martí.

Como advierte mi gurú en asuntos de política y seguridad interna y pública: “El poder es siempre poder de hacer el bien y el mal. En una relación de fuerzas muy desigual, el superior puede ser justo respecto al inferior ya sea haciéndole el bien con justicia, ya sea haciéndole el mal con justicia. En el primer caso hay limosna; en el segundo, castigo”.

Así están las malas costumbres.

www.almomentonoticias.mx

AMN.MX/gom/pp

About gregorioortega

HUMBERTO MUSACCHIO Gregorio Ortega es de los pocos escritores mexicanos que han optado por la edición de internet. Primero publicó o subió la novela Febronio y sus fantasmas que en edición Kindle (https://goo.gl/q0mJyj) tiene un precio de 129 pesos con 98 centavos. Ahora acaba de poner en el espacio virtual, al mismo precio de la anterior, otras dos novelas: Sísifo, santo patrono de los periodistas. Narco, guerrilla y poder (https://goo.gl/QNo1aX) y La rebelión del obispo. Ni los vio ni los oyó (https://goo.glMmYZMv). La primera trata del sexenio de José López Portillo y la relación entre el gobierno y los orígenes del narcotráfico, en tanto que la última versa en torno al obispo Samuel Ruiz García, el subcomandante Marcos y Carlos Salinas de Gortari.
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